4 de marzo de 2011

La representación política y las elecciones desde la izquierda

La izquierda nuevamente enfrenta un proceso electoral de manera dividida y dispersa. Esta situación de la que somos todos responsables, va a definir una representación parlamentaria donde muy probablemente no se disponga de una bancada institucional y orgánicamente de izquierda.

En esta situación se desarrolla una campaña electoral que tiene una sobreoferta de candidatos en la derecha. Así, la derecha ha modelado las últimas campañas electorales según sus criterios y valores.

Una campaña electoral no es solamente la repetición del nombre y el número de un candidato o candidata. Para la izquierda, se trata principalmente de difundir ideas y propuestas que cuestionen o desarmen las ideas y propuestas de nuestros contrarios.


La propaganda de la derecha alude
a la popularidad y nada más. No hay mensaje.

Como sabemos, en este proceso se está presentando la c. Carmela Sifuentes presidenta de la CGTP y militante del PCP con el número 10. Es una candidatura que tiene que enfrentar retos muy fuertes para poder prevalecer. La crisis de la credibilidad política hace que las candidaturas parlamentarias se tornen en concursos de popularidad, dejando atrás la importancia del mensaje.

La publicidad electoral recoge solamente el rostro, el nombre y el número de lista del candidato. Se supone que así el elector podrá reconocerse en dicho rostro. Para los publicistas de derechas el ciudadano peruano promedio es poco menos que incapaz de votar por ideas o propuestas y más bien debe encontrar un lazo emocional con el candidato. La representación política reducida a empatía.

Los candidatos ahora asumen abiertamente que no representan a los ciudadanos. Por eso realizan “visitas” a mercados, barrios, donde simplemente transitan, caminan o corren. Los medios nos hacen creer que eso es hacer campaña política. Ir por la calle saludando a ciudadanos desconocidos. No. Esa es la manera que la derecha aristocrática ha hecho política a lo largo de la historia. Pero no es la manera que la izquierda entiende su relación con la ciudadanía.

Una candidatura de izquierdas no puede caer en la misma lógica de popularidad o de empatía mediática. Desde razones pragmáticas relacionadas con los recursos económicos hasta criterios más de fondo acerca de cómo entendemos la representación política podemos cuestionar y desechar esta visión instrumental de las campañas electorales.

Para la izquierda no existen ciudadanos aislados, dispersos, sino en organizaciones sociales. Lo colectivo sobre lo individual. Para ser más precisos, la política es entendida como un ejercicio de intereses colectivos y no simplemente la suma de aspiraciones individuales. Por esta razón, esos paseos de campaña son tan extraños para una verdadera tradición socialista o comunista.

Todo es similar: una cara, un nombre y un número.
¿Ideas? No, gracias. 
Un candidato izquierdista no aparece caminando y saludando a ciudadanos desconocidos, sino se reúne con organizaciones, visita asambleas sindicales, de comités de barrio, de vaso de leche, asociaciones de vecinos, clubs deportivos, colectivos de consumidores, etc. En esas reuniones escucha y propone. No se trata simplemente de la foto y el saludo, mucho menos de bailar o comer. Se trata de articular cada vez más intereses.

La campaña electoral es el proceso de construir una “cadena” de intereses y cada colectivo es un eslabón más, ya sea grande o pequeño. Obviamente esto es más complicado y trabajoso que hacer un desfile de carros alegóricos por un barrio popular. Expone al candidato a las críticas y a las opiniones de los líderes sociales, pero a la vez, crea lazos de representación política más sólidos que ir cargando bebés o besando ancianitas.

Ahora bien, es muy probable que los representantes de la izquierda no alcancen una curul. Un análisis desapasionado nos indica que efectivamente hay muchas candidaturas de izquierda que serán derrotadas en su camino al parlamento. En este caso, insistir en tratar de vender la imagen del candidato es un sinsentido.

Lo que podemos aprovechar es simplemente trasmitir ideas. Que por lo menos, la opinión pública escuche un discurso diferente al de la derecha. La gente tiene que saber que va a votar por medidas concretas que pueden significar un cambio en su cotidiano.

Vota por más sindicatos. Sindicatos para todos y todas. 
Vota por estabilidad laboral. Basta de despidos y de contratos temporales. 
Vota por aumento del salario mínimo. Mejores salarios para los trabajadores. 

Estos menajes, están dirigidos al nicho electoral que corresponde al movimiento sindical. Es un espacio pequeño probablemente, pero si queremos que la izquierda vuelva a ser nuevamente una opción real de gobierno, debemos empezar por que los trabajadores voten pensando como trabajadores, que identifiquen sus intereses económicos y de clase por encima de otros intereses e identidades.