30 de octubre de 2017

Algunas preguntas sobre la Revolución Rusa


En unas semanas se conmemora los 100 años de la Revolución Rusa o más específicamente, del momento bolchevique de dicha revolución. Como sabemos, en febrero de 1917, una serie de huelgas y movilizaciones pone en jaque al gobierno de Nicolás II, Zar de todas las rusias. En medio de la Gran Guerra (Primer guerra mundial) y con Rusia a punto de ser derrotada, el Zar abdica y asume el gobierno una junta de partidos. 

De febrero a noviembre de 1917, se van construyendo las condiciones para la insurrección de los seguidores de Lenin agrupados en el partido bolchevique. De esta manera se establece un modelo de gobierno que va a durar de 1917 al 26 de diciembre de 1991 cuando la URSS es disuelta.  

Pero no se trata aquí de hacer una historia de este proceso. Quien quiera saber más puede ver los siguientes enlaces:



Lo que queremos es pensar de manera crítica lo que representa para la izquierda la experiencia histórica de la revolución bolchevique. Entiendo, que esta semana hay una serie de debates y homenajes en los espacios de izquierda local. Me parece bien, pues efectivamente para aquellos que criticamos la manera que el capitalismo ha construido su orden social, lo ocurrido en noviembre de 1917 en Rusia representa un extraordinario logro político y social. 

Mi aporte en todo caso, espera ser útil y básicamente se trata de plantear preguntas. Cada uno, ya sea de manera personal o mejor si es colectivamente, deberá construir sus respuestas. Si quieren, claro. También es posible, hacer lo de siempre, es decir repetir algo sin cuestionar nada.  

a.- ¿Golpe o insurrección? 
La mañana del 7 de noviembre diferentes grupos de soldados y obreros armados asumen el control de los puentes en la ciudad de Petrogrado, así como la estación de trenes, la casa de correos, la estación de teléfonos y telégrafos para finalmente asaltar el Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional.

Fue una operación que involucró a algunos cientos de personas. Técnicamente podría decirse que fue un putsch, es decir, un golpe de Estado. Por otro lado, la teoría marxista entiende una insurrección proletaria como un amplio movimiento de trabajadores que asumen un nivel superior de conciencia política y de forma masiva derriban el poder burgués. Ahora bien, ¿cuánto apoyo tenían los bolcheviques al momento de tomar el poder? ¿Por qué el comité central bolchevique no estaba tan convencido con asumir el gobierno? 

b.- ¿Disolver la Asamblea Constituyente? 
Una de las principales demandas de los bolcheviques y de las fuerzas de izquierda en Rusia en 1917 era la convocatoria de una Asamblea Constituyente que establezca un nuevo Estado y Gobierno a través de una república democrática representativa. 

Sin embargo, una vez conquistado el poder, Lenin y los bolcheviques -y me parece que con el visto bueno de los eseristas de izquierda- deciden cerrar la Asamblea Constituyente. En la práctica duró algunas horas. ¿Fue necesario disolver la Asamblea Constituyente? ¿Por qué eliminar la vía de una democracia representativa? 

Como sabemos, la disolución de dicha Asamblea fue uno de los puntos que molestaron a Rosa Luxemburgo, la revolucionaria alemana, que estando en prisión en enero de 1918 escribe un folleto donde reúne sus principales críticas a la revolución bolchevique. El folleto de Rosa Luxemburgo esta aquí

Quien escribe una respuesta desde el lado más leninista es György Lukács.  En su famoso libro "Historia y conciencia de clase" incorpora un ensayo donde responde a las críticas de Luxemburgo. Realmente, vale la pena leer ambos artículos. Aquí está el texto de Lukács.

c- ¿Soviets sólo de comunistas?
El argumento principal de los bolcheviques para eliminar el camino hacia una república democrático representativa era que el "modelo soviético" de democracia era superior. Los soviets eran asambleas/consejos que aparecen espontáneamente en la revolución rusa de 1905, para luego regresar en 1917. 

El carácter novedoso del soviet es que reune en sí las funciones legislativas y ejecutivas. Era elegido en distritos territoriales en el campo y barrios en la ciudad, pero también en fábricas, talleres y centros de trabajo; así como en cuarteles y unidades del ejército. Habían soviets de campesinos, obreros y soldados. Cada soviet estableció un "comité ejecutivo" de delegados para coordinar con otros soviets. Obviamente en 1917, en los soviets habían delegados de todas las tendencias de izquierda existentes en Rusia: mencheviques, eseristas, bolcheviques, anarquistas, y las facciones de izquierda de dichos grupos. 

Sin embargo, en unos pocos años, los soviets empezaron a perder su componente plural. Para 1922, los soviets quedan controlados solamente por los bolcheviques. 


d.- ¿Hacia un Estado-Partido?
Con la estructura de soviets controlada por el partido bolchevique, se acelera un proceso mucho más complejo por el cual la naciente estructura del Estado soviético va a construirse en paralelo a la estructura del Partido Comunista de la Unión Soviética, (PCUS). 

De esta manera, algunas oficinas e instituciones del Partido tenía un espejo en la estructura estatal y comprendían las mismas funciones y por ende, a las mismas personas. Esto ocurre como lo señala E. H. Carr en el libro citado líneas arriba, casi como un proceso natural que puede entenderse como la simple ampliación de funciones del Partido obrero hacia el Estado obrero. ¿Es posible establecer la autonomía del Estado en una revolución que entiende al Partido como la representación directa de los trabajadores/ciudadanos? 

Si asumimos que la forma "partido comunista" es la vanguardia esclarecida del proletariado, y que el Estado construido por la revolución es un Estado obrero, resulta inevitable que se traslapen los roles entre Estado y Partido. ¿Cómo superar este problema?

e.- ¿El Partido único es democracia?
Este es uno de los problemas que se deriva de lo anterior. Si la forma "partido comunista" representa per se la voluntad de la clase obrera, entonces obviamente no es necesario un sistema competitivo de partidos. El sistema de "partido único" deriva en parte del carácter omnisapiente que le atribuímos al partido como vanguardia. 

El sistema de partido único tiene problemas. A nivel estructural, todas las sociedades son complejas y resulta imposible representar intereses diversos desde una sola institución política. Para lograrlo se requiere de un aparato ideológico muy poderoso que logre imponer un pensamiento hegemónico y reducir a la periferia toda disonancia. La democracia capitalista logra esto pero con dificultad. La pregunta aquí es si entendemos el socialismo como univocidad o no. 

f.- ¿Cuándo termina una revolución?
Y finalmente, la pregunta que de alguna manera marca el destino de la revolución bolchevique. La oposición entre Stalin y Trotski como sabemos se puede resumir en algunos puntos. Los dos principales me parece que son: revolución permanente versus socialismo en un sólo país. y industrialización forzada versus el camino lento al socialismo. 

En general, el derrotero tomado por la Unión Soviética es mucho más amplio y complejo que el proceso de revolución social que se origina entre febrero y noviembre de 1917. Y los historiadores no logran ponerse de acuerdo acerca del momento en que el contenido revolucionario, subversivo, cuestionador y emancipador que la revuelta bolchevique encarna cede paso a la construcción de un orden institucional que brinda estabilidad.

La pregunta por el fin de la revolución es pertinente porque en la izquierda solemos dividirnos alrededor de este momento. La ultra izquierda defiende una revolución interminable que no concede ni pide pausa. El momento constituyente eterno. En el otro extremo, tenemos el reformismo izquierdista de la revolución que nunca empieza. La búsqueda eterna del cambio que no incomoda. Entre ambos extremos debemos movernos. Con seguridad, las próximas revoluciones lo harán mejor. 





7 de octubre de 2017

De la militancia y nuestra izquierda


Hace unos años, cuando le preguntaron al escritor Manuel Vázquez Montalbán por qué seguía militando en el Partido Comunista cuando ya casi todos los compas de su generación habían renunciado y el eurocomunismo había pasado como una tormenta fría por toda Europa; el respondía “por el militante de a pie”.

Durante muchos años, asumí la misma razón para continuar en mi organización. Cada año sin embargo son menos los militantes de base y los que estamos allí nos hacemos más y más viejos.

Luego de asumir responsabilidades en el Comité Central y en la Comisión Política y no haber logrado ningún cambio sustantivo, en parte por mis propias limitaciones y en parte por la precariedad institucional y las inercias de un partido que no desea cambiar ni pensar radicalmente, (juzgue el lector, el peso de cada parte), y siendo de nuevo un militante de base, sigo aún en el Partido.

¿Por qué seguir militando en el partido comunista?

Ciertamente, no lo sé. O en todo caso, ya no tengo una respuesta genial y clara como la de Manuel Vázquez Montalbán, porque cada vez somos menos y más viejos. Y si bien, ahora parece estar de moda en la izquierda, que los mayores de 60 asuman responsabilidades principales, sigo pensando que no es lo más adecuado en un país con un promedio de edad de menos de 35 años, con una clase trabajadora joven; pero más allá de las consideraciones demográficas; creo que la edad determina también la manera de entender la realidad y tu capacidad de actuar sobre ella. Los jóvenes se equivocan, me dicen. Pero los viejos también lo hacemos. Casi tanto como los jóvenes. Y generalmente es peor porque no tenemos la coartada de la juventud. 

Ahora bien, la mayor parte de los problemas de mi partido, son también los problemas de toda la izquierda. No existe ninguna organización de izquierda realmente diferente y grande en el país. Ni cuantitativa ni cualitativamente. No hay punto de comparación con las izquierdas del cono sur, incluso con Brasil o el mismo México. Lo real es que estamos dejando de ser partidos nacionales para convertirnos todos en tenues alianzas de colectivos regionales o sectoriales.

Y nuestra capacidad de representación está seriamente cuestionada. Los partidos de izquierda perdimos hace más de dos décadas un conjunto de vínculos formales y reales con la sociedad peruana. Con una tasa de afiliación sindical del 7% uno puede tener una idea de que las redes y articulaciones de representación social y política corren por otros lados. Todo lo demás que existe en la sociedad civil o no goza de autonomía por depender económica y por lo tanto políticamente de una ONG, iglesia, empresa o un caudillo; o está limitada a un ámbito local que no incide en la política nacional.

Los sectores populares pueden ser contestatarios y cada cinco años entender quién es el peligro mayor. Pero eso no basta para construir una propuesta de cambio social y político.

El problema se complica aún más porque somos también una izquierda bastante floja. O más precisamente, una izquierda de momentos y “personalidades”. Hay momentos que la izquierda aparece y logra “surfear” sobre una protesta, una huelga, una movilización, un reclamo o un tema. Nuestra capacidad para encauzar, dirigir, prolongar y sobre todo articular esos momentos locales o regionales con otros momentos de mayor amplitud es muy limitada.

Pero están las personalidades. Lamentablemente, las personalidades son eso, personas con popularidad real o ficticia. No hay relaciones orgánicas con referentes sociales. No tenemos ni un solo congresista que defina su agenda, desarrolle su trabajo y rinda cuentas a un colectivo formal de la sociedad civil. Hay compas congresistas que conversan, escuchan y trabajan cerca, pero al final, cada uno mantiene una agenda propia que responde a sus propios y validos intereses y creencias.

Tenemos una bancada sumisa a un caudillo incuestionable en donde solo una cabeza define o tenemos una bancada donde las diferencias programáticas y de prioridades son tan grandes que un día apoyan un determinado enfoque en un tema, para luego afirmar lo contrario, según el sector que se imponga en cada coyuntura. Cuando las diferencias son muy grandes, la búsqueda del consenso paraliza el trabajo colectivo. Y todos en nuestra izquierda tendemos a cierto “nacionalismo metodológico” por el cual, no leemos más allá de algunos autores, ni leemos aquello que sea muy diferente ni discutimos seriamente. Y creemos que lo que pasa en el Perú o nuestra izquierda es algo reducido a nuestras fronteras políticas y a nuestras particularidades históricas. 

Y eso nos permite dejar de pensar y discutir. Temas como Venezuela, la huelga magisterial, la participación de las mujeres en el poder de nuestros partidos y sindicatos, la unidad política para las elecciones son temas claves, pero preferimos bordearlos y no ponerlos en la mesa de manera crítica.

Discutir es definir un tema, articular argumentos basados en hechos factuales y contrastar los argumentos del contrario, que también están basados en hechos y datos. De esa discusión debe surgir una nueva verdad, contingente pero rigurosa.

Discutir no es escuchar una sola versión, que no pueda ser contrastada. No hay proceso de aprendizaje científico sin alguna dialéctica del conocimiento. Hace unas semanas, mi partido realizó una mesa sobre la situación de Corea del Norte. El expositor era el embajador de Corea del Norte. Nadie más. No es un ejemplo aislado. Cosas muy similares ocurren en todos los partidos. Pero si es un buen ejemplo de cómo la práctica política se puede convertir en ritual religioso.

No tenemos el más mínimo interés por conocer la realidad por encima de la propaganda política. No queremos ver nuestros errores y limitaciones. Queremos una fe. Queremos respuestas sencillas que podamos gritar en una marcha. Que nos digan quienes son los malos y listo. Es cierto, que esto es parte de la pobre cultura política de todo el país. El embajador mencionado fue expulsado por el gobierno a los días de su charla. Que mejor prueba de las limitaciones intelectuales y políticas de la derecha en general y del actual gobierno en particular.

Y sin embargo..

La izquierda peruana puede volverse intrascendente, minúscula y frívola. Pero esto no es un país nórdico. Aquí, una trabajadora sigue siendo despedida por quedar embarazada. La misma trabajadora que no puede abortar porque una iglesia medieval se lo impide. La misma que debe criar a su hijo con menos de 250 dólares mensuales y pasar cerca de cuatro horas al día en un onmibús atiborrado de gente que la toquetea impunemente. Y enviar a su hijo a una escuela que no le enseña nada salvo a discriminar, maltratar mujeres y resolver todo con oraciones y desfiles.

Lo que la izquierda no puede olvidar, disimular, o frivolizar es que este país es una mierda para millones de personas. Más que un país, es un sistema de explotación, humillación y maltrato para esos millones. Ciertamente, muchos de ellos aceptan lo mal que lo pasan, pues han naturalizado la explotación y la humillación. Muchos de ellos incluso están dispuestos a votar por su verdugo. También pueden olvidarse de todo y refugiarse en la televisión, el fútbol, el alcohol o el maltrato sistemático de su pareja e hijos. 

Tengo la esperanza que esta situación cambie pronto y en todo caso, tengo la certeza que no va a durar para siempre. Las fuerzas materiales del cambio avanzan y al final, el viejo topo de la revolución asomará su cabeza por donde menos lo esperemos.

Mientras tanto, la izquierda es como esa famosa pintura, La balsa de la Medusa de Gericault. Y a nosotros, a veces nos toca ser el optimista que agita el pañuelo esperando ver un barco salvador y otras como ahora, ser el viejo resignado que espera sin esperar.


25 de agosto de 2017

Libertad para Constantino Tucunan Solano


El día de ayer, en la ciudad de Huancayo, en la zona central del Perú, un grupo de trabajadores sale a marchar. Hay maestros en huelga, trabajadores estatales y obreros de construcción. Llevan las banderas de sus respectivos sindicatos y de la CGTP. Están desfilando de manera pacífica por las calles principales de Huancayo. Uno de los trabajadores lleva la bandera de su agrupación política. Él es comunista, afiliado al Partido Comunista Peruano, una organización legal, que tiene locales públicos, una prensa regular y que publica sus comunicados por los medios legales y las redes virtuales. La bandera es roja, tiene la hoz y el martillo y las siglas PCP. 

La policía observa esto y lo detiene. Ahora Constantino Tucunan Solano va a pasar 15 días en prisión mientras es "investigado". No podrá trabajar para mantener a su familia. 

Este es el ambiente político que se esta gestando en nuestro país. El pretexto del "terrorismo" -que fue derrotado militarmente hace más de 20 años- sirve para que policías que saben perfectamente que no se trata de subversivos, detengan a trabajadores que protestan contra el gobierno. 

Se trata de un clima que simplemente busca consolidar un orden político excluyente, autoritario y antidemocrático. ¿A quién se le puede ocurrir que un "terrorista" va a pasear tranquilamente por la calle con su bandera delante de los policías? 

No hay justificación para un abuso de este tipo. Seguir invocando el temor de Sendero Luminoso es simplemente un chantaje político. La derecha política y empresarial insisten en catalogar de "terrorista" a cualquier manifestación de izquierda o contestataria. Su intolerancia es cada vez mayor. Ya sea contra maestros en huelga, sindicalistas protestando e incluso contra artistas que exhiben su arte que denuncia al fujimorismo. 

La derecha quiere eliminar a la izquierda del escenario político. Quiere regresar al tiempo del silencio y del miedo. Quiere quitarnos nuestros símbolos. No pasarán. seguiremos saliendo a las calles a protestar, seguiremos haciendo huelgas, seguiremos reclamando en voz alta nuestros derechos. Y sobre todo, seguiremos saliendo con nuestras banderas rojas y los puños en alto. 

8 de agosto de 2017

La crisis de representación gremial en el magisterio peruano

Este texto, es un primer apunte -muy inicial- de lo que luego aspira a ser un artículo académico. De allí sus limitaciones y espero que algunas ventajas.

Introducción

El sindicalismo magisterial es un actor importante en las luchas sociales de América latina en los últimos 30 años. Desde los años 90, se impulsaron importantes reformas educativas en casi todos los países de América latina, promovidas por instituciones internacionales, como el BID y el Banco Mundial. El sentido de estas reformas en términos generales, buscaba cambiar la relación entre Estado y sociedad mediada por la educación como un servicio público. Se trataba de un enfoque que individualiza las relaciones educativas y establece un mercado de libre competencia como principio redistribuidor (Gindin, 2008). Estas reformas fueron aplicadas en constante tensión con las organizaciones de los profesores, ya sean sus asociaciones profesionales o los sindicatos magisteriales (Gentili, Suárez et al., 2004). 

En el Perú, el sindicato de profesores es el SUTEP. Se trata de un sindicato público, de rama y ámbito nacional, formado en los años 70s a partir de un fuerte debate entre organizaciones previas. Antes existían sindicato de profesores de primaria, otro de secundaria y una federación nacional. La debilidad de esta estructura, junto con diferencias políticas en sus principales liderazgos permitió que se constituya el SUTEP como una alternativa más eficaz para la representación de los intereses gremiales de los profesores del sector público.

Desde sus inicios, el SUTEP estuvo influenciado por la labor de activistas del partido maoista "Patria Roja", que en los 70s desarrollaban una línea confrontacional con el gobierno de Velasco y con la central sindical CGTP, donde habían presencia de militantes del PC. Ahora bien, en general, los sindicatos de maestros han sido en buena parte de América latina, movimientos radicalizados hasta los años 90s (Gindin, 2008).

Reforma educativa y cambios en el magisterio

En los 90s, el gobierno de Fujimori se encargó de implementar esta reforma educativa. A diferencia de otros países, como México, Argentina o Brasil, el sindicato magisterial fue excluido del proceso. Al igual que la reforma laboral; los trabajadores de la educación fueron invisibilizados o denostados (Santibañez, 2008). Entonces un primer elemento a considerar, es que la reforma educativa, en líneas generales, se realizó sin la participación del sindicato de profesores. Este hecho va a tener un impacto hasta el día de hoy.

Con la reforma, se instaura una manera de entender el tema educativo que va a priorizar una mirada estandarizada de los resultados individuales, la responsabilidad de los profesores de aula y la discriminación positiva de los mejores alumnos (modelo de Colegio Mayor). Asimismo, va a darse un impulso al desarrollo de la infraestructura educativa que ya tenía más de una década de retraso.

Los resultados de esta reforma son aún materia de discusión y escapan a este post. Lo importante aquí, es que desde los 90s se inicia un proceso de cambios estructurales en la composición social de los maestros del sector público. La carrera, al mantener un claro estancamiento salarial y condiciones precarizadas de trabajo, dejo de ser un objetivo de formación y empleo (Torres, R.M. 2000). 

A la vez, los cambios sociales operados en la sociedad peruana han transformado a los docentes que ha dejado de ser un grupo más o menos homogéneo, a constituirse en una diversidad de grupos con intereses diferenciados. Los maestros de Lima frente a los de provincias, los de rural frente a urbano, los de intercultural, los maestros de escuelas unidocente; y si agregamos las diferencias de género, de edad y finalmente de tipo de contrato; tenemos un panorama realmente muy complejo. 

Y mi hipótesis es que por aquí va una de las principales causas del problema actual. La representación gremial constituida en los años 70s, es decir, el SUTEP no ha logrado entender los cambios operados en el sujeto social que representa y por lo tanto, no logra representar eficazmente los actuales y diversos intereses de los profesores. 

Crisis de representación

Hace 5 años, en un post sobre la huelga magisterial del 2012, señalaba que el SUTEP atravesaba una "crisis de dirección", en la medida que el grupo dirigente de la organización sindical no lograba articular una orientación más eficaz del conjunto de representados. 

La situación ahora es diferente. Lo que tenemos es la existencia de estructuras sindicales construidas fuera del sindicato nacional (que es denominado significativamente "CEN SUTEP") que logran construir demandas particulares y luego generales,  articular acciones alrededor de estas demandas y finalmente interpelar a la sociedad y el Estado. 

Se trata de una "crisis de representación" gremial. Es decir, un proceso por el cual la estructura gremial y el sujeto sindical se han separado. Los primeros no logran recoger los intereses y necesidades de los segundos; mientras que el sujeto sindical no reconoce como su portavoz a la estructura gremial. 

Este proceso de ruptura, podemos explicarlo en primer lugar, por los cambios ya descritos en la composición social del magisterio peruano, pero también por el impacto de la reforma educativa entre los profesores. Pero estos elementos son más o menos externos. Es pertinente preguntarse por los factores internos determinantes en esta crisis de representación.

Como sabemos, la representación gremial tiene dos roles fundamentales que cumplir. Por un lado, recoger las demandas de los representados. Esto supone conocer, informar y comunicar los diferentes problemas de los profesores y convertirlos en demandas que puedan ser resueltas por el empleador, en este caso, por el Estado peruano. 

En segundo lugar, debe de "ordenar" dichas demandas. es decir, establecer criterios de jerarquía para priorizar las diferentes demandas. No es lo mismo un reclamo de aumento remunerativo que facilidades para la capacitación profesional, o la defensa del puesto de trabajo. Establecer estos criterios es lo más complicado de la labor gremial, pues de su éxito depende el respaldo de los representados. Para establecer prioridades se debe resolver la tensión entre los criterios técnicos y los democráticos. Hay demandas que son difíciles de atender pero una amplia mayoría es sensible a ellas. O al revés. 

Para lograr este equilibrio, la organización sindical establece mecanismos de representación democrática, de manera tal que la diversidad de inquietudes sea debidamente escuchada y procesada. 

Y aquí empiezan los problemas. Mi hipótesis es que la dirección sindical donde predomina un sector de Patria Roja, forzó los criterios democráticos para garantizar su permanencia en la estructura sindical. Muchos profesores son testigos de elecciones sindicales donde la lista de PR es derrotada, pero el CEN SUTEP desconoce el triunfo de la otra lista. Este conflicto terminaba algunas veces, con dos juntas directivas en paralelo y otras veces con una sola pero con menor legitimidad, credibilidad y respaldo. 

Muy probablemente, los sectores de PR que promovieron esta práctica tenían diferentes razones para trastocar los criterios de funcionamiento democrático de un organismo gremial. Sabemos de la presencia de sectores altamente radicalizados en el magisterio que podían significar una amenaza al normal desenvolvimiento de la estructura sindical. Pero, a lo largo de las dos últimas décadas, la estrategia de Patria Roja al intercambiar "unidad" por "democracia", resulto un mal negocio. La autonomía se vio trastocada y resto legitimidad a la estructura sindical predominante. 

Conclusiones tentativas

En resumen, se trata de un proceso donde el sujeto social sufre transformaciones mucho más rápido que la estructura sindical. Este desencuentro es resuelto por la estructura mediante formas anti democráticas de gestión. En un primer momento, esta solución es viable porque garantiza una conducción homogénea del gremio, pero a la vez, va creando excedentes de malestar en la periferia del sindicato. Un contexto de crecimiento económico sin redistribución permite que esos excedentes se radicalicen y articulen acciones primero al  margen y luego en oposición a la estructura sindical.

En este contexto, la actual huelga nacional del magisterio (2017) es antes que un problema, una manera de resolver la crisis de representación en dicho sector. Como ya han señalado otros, más allá de los reclamos salariales y de carrera profesional, lo que tenemos es la construcción de una nueva representación gremial frente a los maestros y frente al Estado.

Ciertamente, la presencia de grupos radicales en las nuevas representaciones gremiales luego de un par de décadas de moderación por parte del CEN SUTEP es una novedad. Sin embargo, el radicalismo no es ajeno a la tradición del sindicalismo magisterial en nuestro país ni a la de otros países de América Latina (Gentili, Suárez et al., 2004).

Más allá del alarmismo de cierta prensa macartista, la evidencia empírica en el sindicalismo es que los liderazgos maximalistas y radicales son solo momentos -a veces cíclicos- en la vida de las organizaciones sindicales. Una representación gremial legitima y legitimada tiende a moderar su discurso en función de resultados concretos.

Finalmente, los hechos ocurridos el presente año, son también expresión de la crisis -esperemos que final- de una vieja manera de entender la relación partido-sindicato. El modelo de "correas de trasmisión" que a estas alturas es inviable. Como sabemos, la subordinación de la lógica gremial a la lógica político-partidaria ha dado siempre pésimos resultados tanto para los partidos como para los sindicatos. 

Bibliografía

Gentili, Suárez et al. (2004) Reforma educativa y luchas docentes en América Latina. En: Educ. Soc., Campinas, vol. 25, n. 89, p. 1251-1274, Set./Dez. 2004

Gindin, Julian (2008) Sindicalismo docente en México, Brasil y Argentina. Una hipótesis explicativa de su estructuración diferenciada. En: Revista Mexicana de Investigación Educativa. Número 37, Volumen XIII ABRIL-JUNIO de 2008

Santibañez, Lucrecia (2008) Reforma educativa: el papel del SNTE. En: Revista Mexicana de Investigación Educativa. Número 37, Volumen XIII ABRIL-JUNIO de 2008

Torres, R.M. (2000). Reformas educativas, docentes y organizaciones docentes en América Latina y el Caribe. En Los docentes protagonistas del cambio educativo. Bogotá: CAB/Editorial Magisterio Nacional.

4 de julio de 2017

El fundamentalismo liberal de El Comercio


El día domingo 2 de julio, el principal periódico del país, "El Comercio" publica un editorial que resume la posición de los liberales ante la muerte de los jóvenes trabajadores en el incendio de la Galería Nicolini en Lima. Tengo una copia del mismo gracias a la gentileza de Ricardo Parodi quien me sugirió además, escribir éste post. 

El editorial se queja del supuesto uso "político" que algunos sectores de izquierda le dan a los hechos ocurridos. Al igual que en otros casos, como el incendio de las Torres Grenfell en Inglaterra hay un sector de derecha que no desea "politizar" el tema. A pesar que tanto allí como aquí, se trata de un tema eminentemente político. 

Para el editorialista de El Comercio "las rigideces laborales explican en parte las altas tasas de informalidad en el Perú y también que la mayor proporción del empleo se dé en empresas al margen de la ley, poco productivas, y que no tienen que cumplir con ningún estándar laboral de salud ni seguridad". Esta afirmación esta reñida con toda la evidencia empírica producida por innumerables estudios e investigaciones. 

En primer lugar, hace bastante tiempo que se ha dejado de entender el tema de la informalidad como un problema dual, que opone a una economía formal frente a otra economía informal. Hay más bien una amplia zona gris, donde muchas empresas mantienen áreas, líneas, proveedores y trabajadores indistintamente de manera formal e informal. 

La empresa JPEG SAC donde laboraban Jovi Herrera y Jorge Luis Humán es una empresa formal, debidamente registrada en la SUNAT que tiene registrado en el sistema de planilla electrónica a un trabajador y además tenía trabajando sin registro, a los jóvenes ya mencionados. 

En segundo lugar, no es veraz insistir en las "rigideces del mercado laboral" a estas alturas, cuando cerca al 70% de los empleos formales están regulados por contratos temporales que en promedio no exceden de los tres meses. El principal problema del mercado laboral no es la rigidez sino la precariedad, como incluso lo ha señalado el último informe sobre empleo de la OIT. 

En el Perú actual, un empresario tiene la más amplia libertad para contratar y despedir a un trabajador. Es más, puede despedirlo el mismo día que lo contrata. Claro, mediante un contrato temporal, lo que esta diciendo es "vas atrabajar desde hoy y hasta los próximos 90s días que es cuando te despediré, es decir, no renovaré tu contrato".

Pero más aún, un mal empresario puede incluso evitar este formulismo del contrato y emplear sin contrato alguno a un trabajador, que es precisamente, lo que hacia la empresa formal JPEG SAC. ¿Y por qué puede prescindir del contrato laboral? Pues, porque el Estado y sus voceros en la derecha económica consideran que no es necesario fiscalizar a las empresas formales como JPEG SAC. 

Efectivamente, el editorialista de El Comercio señala que "no se trata, pues, ni de asomo de falta de fiscalización a empresas formales..."

Otra vez una frase que solamente se sustenta en la fe ciega del neoliberalismo. Hay una investigación que realizó la OIT que señala la relación existente entre el número de inspectores que tiene un país y la tasa de informalidad. De ese documento, Pedro Llanos me ha alcanzado el siguiente cuadro:



Lo que se ve es bastante claro y lógico. Podemos señalar que hay una fuerte relación entre esas variables. Mientras más inspectores tiene un país, es menor el nivel de informalidad.  ¿Qué dirá ahora el editorialista de El Comercio?. ¿Va a insistir que no hay relación entre informalidad e inspecciones laborales? 

El incendio de la Galería Nicolini y la muerte de los jóvenes trabajadores encerrados con un candado en un contenedor de metal, debe quedar como un símbolo claro de la precariedad laboral y los abusos que se comenten bajo su amparo. Y por eso, este tema, es político, porque tiene que ver con las diferencias de poder que existen en las relaciones laborales en el país. 

27 de junio de 2017

¿De quién es la responsabilidad de las muertes en Galería Nicolini?


Actualmente es obligatorio el uso del cinturón de seguridad en los automóviles. Si alguien quiere ser taxista, debe ponerle cinturón de seguridad a su automóvil. Esto es un costo extra. La policía chequea regularmente la existencia y uso del cinturón de seguridad. Si no lo haces, te ponen una multa. Así, todos los taxis tienen cinturón de seguridad.

Imaginemos que el gobierno decide promover la actividad económica de los taxistas. Y para eso, se le ocurre eliminar el uso del cinturón de seguridad. Ya no será obligatorio sino opcional. La policía deja de revisar la existencia y uso del cinturón de seguridad. 

Eventualmente, el número de taxistas se incrementa, pues ahora hay un costo menos. Al parecer la medida dictada cumple con su objetivo que es promover la actividad de los taxistas.

Pero ahora, los pasajeros viajan sin cinturón de seguridad. Y cuando hay un accidente, el pasajero sale disparado por el parabrisas. Y se muere.

Cuando esto pasa ¿de quién es la culpa?

Unos dirán que de la mala suerte. O la voluntad de algún dios. Otros dirán que es de la informalidad que es como algo que está en todas partes. Otros dirán que es una pena y punto. O que hay otros temas más importantes. O que es una cortina de humo. O peor aún, que es culpa del pasajero por subirse a un taxi sin cinturón, cómo si uno, cuando esta apurado pudiera elegir. 

Pero, más allá de eso, ¿no es también responsabilidad de la autoridad que cambio la ley?

Y si hubiera un lobby de taxistas que presionó en el gobierno para que se cambiara la ley del cinturón de seguridad ¿no tendrían también algo de responsabilidad?

Bueno, eso es lo que pasa en las relaciones laborales. Los gobiernos desde fines de los 80s han "desregulado" las normas laborales. Todas. Han eliminado en la práctica la responsabilidad penal de la Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo. Han eliminado la estabilidad laboral. Han debilitado la seguridad social. Han hostilizado a los sindicatos hasta reducirlos al 6% de la PEA asalariada. Han impedido la negociación colectiva. 

Y el lobby empresarial -que existe y opera- ha presionado a todos los gobiernos. Al poder ejecutivo, a los ministros, a los congresistas para desregular las leyes laborales, para reducir los estándares laborales, para eliminar los "sobrecostos laborales", para mantener la inestabilidad laboral y los contratos temporales, para impedir cualquier norma que restablezca algún tipo de autoridad laboral y para modificar el sentido de la fiscalización laboral. 

En resumen, han quitado el "cinturón de seguridad" que -más o menos- existía en las relaciones laborales del país. Y ahora los trabajadores van como los pasajeros en un taxi sin cinturón. Y cuando hay accidentes, los trabajadores mueren. 

En noviembre del 2016 cuatro trabajadores murieron en el incendio del centro comercial LarcoMar. En junio del 2017, tres trabajadores mueren en la Galería comercial Nicolini. Ambos en Lima. Dos extremos sociales y la causa es la misma: la ausencia de normas laborales mínimas. Trabajadores sin contratos. 

Entonces, finalmente ¿de quién es la responsabilidad de estas muertes?


24 de junio de 2017

El incendio de Galeria Nicolini y la muerte de cuatro jóvenes trabajadores


El pasado 22 de junio se registró un incendio en la Galería Nicolini en la zona de Las Malvinas, en el centro de Lima. Hasta este momento están desaparecidos cuatro trabajadores de dicha galería comercial. Entre ellos están identificados Jovi Herrera Alania de 20 años y Jorge Luis Huamán Villalobos de 19 años y Luis Guzmán Taipe de tan solo 15 años. Hay un cuarto trabajador que aún no ha sido identificado.

Todos ellos se desempeñaban como trabajadores de la empresa JPEG SAC laborando en un contenedor metálico acondicionado de manera irregular como taller, en donde remarcaban tubos de neón para ser vendidos en dicha Galería. Ellos laboraban sin contratos de trabajo, de lunes a sábado en jornadas de más de 11 horas pues ingresaban a las 7.00 am. y terminaban aproximadamente a las 6.30 de la tarde, cuando anochecía pues el contenedor no contaba con luz propia. Por una semana de trabajo recibían 100 soles, que equivalen a poco más de 30 dólares.

No disponían de baños, y solamente unos tragaluces superiores iluminaban algo el reducido espacio. Lo más trágico, es que el empleador habitualmente cerraba el contenedor  con un candado para impedir que los trabajadores salgan antes de tiempo. Los cuatro trabajadores mueren pues cuando se inicia el incendio, el empleador desaparece dejándolos encerrados.

El rol del Estado y la fiscalización laboral

En el Perú la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral cuenta a nivel nacional con 18 supervisores inspectores, 98 inspectores de trabajo y 275 inspectores auxiliares. No existe ni un solo inspector de trabajo en Loreto, Tumbes, Tacna, Ayacucho, Ica, Lambayeque, Apurímac, Puno, Moquegua, Amazonas, Pasco, Huancavelica, Madre de Dios y San Martín.

Mediante la Resolución de Superintendencia N° 131-2015-SUNAFIL se establece el Plan del Cuadrante Inspectivo que se basa en la sectorización por manzanas del ámbito distrital, sobre la base de la información suministrada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática. En mayo del 2015, SUNAFIL inicia un plan piloto en el distrito de La Victoria para fiscalizar puerta por puerta los centros informales. De esta manera, se inspeccionaba galería por galería, piso por piso. Para fines del 2015 ya estaba aprobada la implementación de este plan de fiscalización laboral.

Sin embargo, en febrero del 2016, asume Sylvia Cáceres como superintendenta, (a pesar de la oposición de la CGTP) y una de sus primeras acciones fue desactivar el Plan del Cuadrante Inspectivo. El Sindicato Nacional de Inspectores Laborales señala que con esta decisión se ha desarticulado el grupo de inspectores encargado exclusivamente de fiscalizar la informalidad y se ha despedido a la persona que estaba a cargo.

Por su parte, el  Gobierno ha dictado el DS N° 007-2017-TR del 31 de mayo del presente año que modifica el Reglamento de la Ley General de Inspección de Trabajo en tres aspectos importantes: limita a una inspección al año respecto de una misma empresa por un mismo caso. Es decir, ya no se puede hacer seguimiento de las infracciones. En segundo lugar; cuando una empresa comete varias infracciones, solamente se aplicará la multa más alta de manera que las otras infracciones menores no serán multadas. En tercer lugar, se reducen los montos de las multas en general.

Para rematar el actual gobierno plantea un Proyecto de Ley N° 1437/2016-PE que impide las inspecciones laborales cuando existen procesos judiciales sobre el caso denunciado. Es decir, si una empresa es enjuiciada por una infracción laboral, mientras dure el proceso (que puede ser varios años), no recibirá multas ni inspecciones.


Ahora bien, debe recordarse que legalmente el Ministerio de Trabajo y SUNAFIL tienen la “obligación” de fiscalizar de oficio los centros que se presume están infringiendo las normas laborales.

Por otro lado, descargar la responsabilidad en los trabajadores por no denunciar su situación, es absurdo. ¿Trabajadores que por su precariedad económica se ven obligados a aceptar condiciones inhumanas de trato van a estar en condiciones de ir al Ministerio de Trabajo y poner una denuncia laboral arriesgándose a perder el trabajo y ser marcados por todas las empresas de ese conglomerado?

¿Quiénes son responsables?

Hay muchos responsables, ciertamente. La muerte de los cuatro trabajadores es consecuencia del proceso de desregulación laboral que se viene implementado en el país desde fines de los años 80s y con mayor fuerza durante la dictadura de Alberto Fujimori.

Actualmente las relaciones laborales en el Perú se caracterizan por su precariedad. Predominan los contratos temporales, cuando existen. Se trata de un mercado laboral ampliamente desregulado, con varios regímenes laborales que en diversos sectores y por diferentes razones han eliminado derechos laborales importantes. Los trabajadores textiles y de agroexportación por ejemplo, pueden estar con contratos temporales a lo largo de toda su vida productiva. Los trabajadores de PYMES sólo gozan de 15 días de vacaciones y de media gratificación.

En general, la desregulación desincentiva la afiliación sindical que actualmente se encuentra en alrededor del 6% de la PEA Asalariada. La fórmula del crecimiento económico en el país tiene entre sus ingredientes un Estado que no desea fiscalizar a las empresas y más bien promueve el debilitamiento de los sindicatos. Sin sindicatos fuertes, los pocos que logran desarrollarse enfrentan una dura oposición por parte de los empresarios, que dilatan los procesos de negociación colectiva o persiguen a los activistas sindicales.  Al final del anterior gobierno, la CGTP señalaba que había más de 500 dirigentes sindicales despedidos ilegalmente.

Los gremios de empresarios, como la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP), junto con la Cámara de Comercio de Lima y la Sociedad Nacional de Industrias han defendido públicamente el modelo de libre mercado y desregulación laboral. Se habla de lobbys pro-empresa que inciden en las altas esferas del gobierno para mantener la actual legislación laboral y para impedir que se cambien por leyes a favor de los trabajadores que restablezcan por ejemplo la estabilidad laboral o impongan mayores niveles de regulación laboral.

En julio del 2014, el lobby logró que el gobierno modifique sustancialmente la Ley 29783 de Seguridad y Salud en el trabajo mediante la Ley 30222. Entre otras cosas se cambió el Articulo 168-A incluyendo nuevas condiciones para la responsabilidad penal del empleador en caso de accidente con lesiones graves o muerte del trabajador. Con la modificación debe demostrarse que la falta sea deliberada, reiterada, que la autoridad haya notificado de la misma y que el empleador pudo prever las mismas.

También el Alcalde de Lima tiene responsabilidad al permitir que se instalen contenedores como lugares de trabajo y si bien el edificio fue administrativamente clausurado, no se dio el seguimiento respectivo y los dueños del mismo seguían operando tranquilamente.

Esto es así, porque todos los actores tienen la certeza de su impunidad. Los empresarios pueden operar en edificios clausurados y encerrar con candados a los trabajadores porque saben que la autoridad municipal y ministerial no los va a molestar.

La desregulación laboral precariza el empleo, debilita los sindicatos y reduce la fiscalización laboral. El incendio y muerte de los trabajadores en la Galería Nicolini no fue un hecho fortuito o azaroso. Hay una responsabilidad directa de los empresarios que explotan y encierran trabajadores, pero también el Estado a través del Ministro de Trabajo y la Superintendenta de Fiscalización, así como el alcalde de Lima son responsables indirectos. También los gremios empresariales que siguen considerando que no deben existir obstáculos, -es decir, derechos laborales-, para acceder a mayores utilidades.

21 de junio de 2017

Lecciones desde el Reino Unido


Ha pasado un par de semanas, pero los resultados de la campaña electoral y de la propuesta de Jeremy Corbyn en el Partido Laborista es pertinente de mirar con detalle y ver que podemos sacar para iluminar nuestros problemas. 

Base social, clara y real

La política se construye desde sujetos sociales reales, con problemas, reivindicaciones e intereses concretos. Para el movimiento socialista del siglo pasado, el sujeto era la inmensa clase obrera y los asalariados del campo. Luego, la socialdemocracia y el progresismo se fue desdibujando y deslizando hacia una "tercera via" que en verdad era la misma vía del mercado y el capital. Hubo una época que Giddens era leído con admiración por jóvenes wannabes mientras Tony Blair era respetado como la "izquierda moderna" que habla desde y a "toda la sociedad" (big society).

La socialdemocracia abandono la representación de intereses de clase y convirtió algunos contenidos de la democracia representativa en "valores universales" como el individualismo, la democracia competitiva, la igualdad de oportunidades, el mercado eficiente y desde allí, se desdibujo el conflicto social y se priorizó una estructura de partido "atrápalo-todo", es decir, se buscaba incorporar TODAS las demandas sociales, sin diferenciar ni priorizar alguna. Esto desdibuja la política, diluye la acción colectiva y trastoca la organización.

La izquierda europea está reencontrándose con los trabajadores. Luego del "adios al proletariado" (¿Se acuerdan de André Groz?), la mancha obrera regresa y el mundo del trabajo no se ha disuelto.

En el Perú, pasa algo similar. Durante casi 30 años, el neoliberalismo viene golpeando duramente a los más pobres, a las izquierdas y a toda forma de resistencia. Los sindicatos se reducen pero no desaparecen. Y la única ley neoliberal que ha sido desmontada por presión de la lucha callejera ha sido la del empleo juvenil.

La izquierda peruana debe recuperar su vinculo con el mundo del trabajo, con los asalariados y autónomos, del campo y la ciudad. Representar los intereses del trabajo en contra de los intereses de los grandes empresarios.

La socialdemocracia no ha muerto

La propuesta de Corbyn es socialdemócrata. Pura socialdemocracia, no como "Pura Vida" (ésta es una referencia que sólo entenderán los peruanos) sino, verdadera doctrina socialdemócrata. Y resulta interesante, pues los cambios operados por Guiddens, Blair y afines, partían de la certeza que el Estado benefactor, el keynesianismo, lo público sobre lo privado, el mercado regulado y políticas redistribucionistas eran parte del pasado. Ya no eran operativas, no eran eficaces y lo peor, ya no servían como movilizadores sociales. "La gente quiere otra cosa" decían los blairites del nuevo laborismo en Inglaterra y toda Europa.

Pero parece que no es así. El programa de Corbyn es socialdemócrata. Básicamente, se trata de una defensa clara de lo público, de los servicios públicos y un énfasis en los ciudadanos, en la microeconomía antes que los grandes indicadores.

Pero el punto más importante, viene por el lado del mundo del trabajo. Las propuestas de Corbyn golpean a la flexibilización productiva en temas como los contratos de cero horas, a la brecha salarial y reclama un mayor poder para los sindicatos.

For the many, not the few (Para muchos, no para pocos)

Otro dato interesante, es la construcción de un discurso que asume al adversario, al contrario, al otro. Y la socialdemocracia había invisibilizado eso. hablar de los ricos, de los empresarios, de los intereses del capital dejó de estar de moda. Igual, aquí, se ha hecho común pasar por agua tibia, a los representantes del empresariado que utilizan sus ventajas económicas para obtener beneficios políticos.

Y en verdad, un discurso de izquierda necesita construir enemigos claros. La derecha europea lo tiene claro y ha dispuesto que sean los inmigrantes, la razón de todos los males. La izquierda opto por asumir valores universales y probablemente lo más sólido en esto ha sido el discurso de los derechos humanos. Pero, el marco teórico en que se construyen los derechos humanos es el liberalismo y el individualismo.

Al final, la izquierda europea se desdibujó al tratar de asumir la representación de TODA la sociedad en nombre de lo políticamente correcto. Ahora, Corbyn señala con claridad a los pocos que salen ganando en el modelo neoliberal. Desde hace unos años, con el movimiento Occupy Wall Street, los indignados, la campaña del 99% se ha ido retomando al adversario en el conflicto social.

En el Perú, también es necesario un discurso de izquierda que señale efectivamente quienes son cada vez más ricos, quienes se benefician de la desregulación laboral, de los contratos temporales, de los despidos arbitrarios, de las remuneraciones por los suelos. Porque realmente existen personas, grupos, empresas, corporaciones, toda una clase social que cada vez esta mejor en este modelo. La CONFIEP para empezar, junto a los demás gremios empresariales y los grupos económicos como Benavides, Miro Quesada, Añaños, Brescia, entre otros.  

La lección entonces, es tener claro que intereses sociales se defienden y contra quienes los defendemos. La sociedad es una red de intereses contrapuestos y hacer política es organizar intereses en contra de otros intereses.

Dar espacio a los jóvenes

Finalmente, un elemento nuevo en la campaña de Corbyn ha sido la presencia de los jóvenes. No solamente han representado el sector social que mayor apoyo ha dado, sino que un porcentaje importante se ha inscrito en el Partido Laborista.  Esto choca con la idea neoliberal de que los jóvenes están completamente despolitizados. No necesariamente es así. 

Ahora bien, la participación juvenil no cae del cielo. Se construye a partir de propuestas concretas que van en función de sus intereses. La crítica a la precariedad laboral es importante y también a los préstamos para educación que terminan creando jóvenes profesionales completamente endeudados y por lo tanto, débiles frente al mercado laboral. 

La presencia de gente joven en nuestras organizaciones es necesaria pues nos permite construir un horizonte de futuro mucho más grande que entre nosotros, los que pasamos los 50s años. Es cierto que también hay un discurso muy "revolucionario" que rechaza toda mención a la renovación generacional señalando que el problema no es de edades, sino de clase. Lo mismo con el feminismo: "el problema no es de sexo, sino de clases".  

En verdad, el problema es de clase, de edades, de sexo, género y de raza (etnia).  El "problema" tiene todas esas dimensiones, toda esa "interseccionalidad" y no podemos reducirlo a un solo eje. 

En concreto, necesitamos liderazgos jóvenes, es decir, necesitamos que personas menores de 35 años asuman posiciones de poder en las estructuras políticas, sindicales, sociales del movimiento popular. Hombres y mujeres y de preferencia en una proporción igualitaria. 

Probablemente, los jóvenes o las mujeres cometerán errores, ya sea por inexperiencia o torpeza simple. Pero, también los adultos varones y mayores cometemos errores. Tal vez, la esperanza con los  y las jóvenes es que aprendan de sus errores, cosa que mi generación no lo hizo muy bien. 








7 de junio de 2017

Comentarios a los artículos de Rolando Rojas y Omar Cavero



Me interesa conversar con dos artículos publicados recientemente sobre la situación de la izquierda. A diferencia de algunos otros, se trata de textos que buscan revisar los temas de fondo y no detenerse en el relato de disputas y diferencias personales que atraviesa a nuestra izquierda local. Tampoco buscan ser un sesudo y teórico análisis del momento político, que a fuerza de profundidad, deja de ser entendible.


Ambos autores son personas comprometidas con la investigación académica y el compromiso político en la izquierda. Ambos son reconocidos por la rigurosidad de sus trabajos y los artículos son un buen ejemplo de esto.

Los textos buscan presentar un diagnóstico de la situación de la izquierda local. Y en eso, hay puntos en común y algunos matices. La diferencia principal, probablemente venga del tono en que están escritos. Mientras que el texto de Rolando se acerca más a una mirada académica, el de Omar, está escrito desde la militancia activa. Esta diferencia no implica sin embargo, que ambos textos sean reflexiones pertinentes y agudas.

El diagnóstico de la izquierda realizado no puede dejar de ser negativo. Para Rolando se trata de una izquierda desubicada, en parte por los cambios en la estructura socio-económica del país y el abandono del discurso marxista. Señala que estamos ante una izquierda “en transición” y allí concluye su texto. Entiendo que es una primera parte y que lo mejor está por venir. Hubiera sido útil sin embargo, que señale de donde a dónde es esta transición. ¿Qué es lo que se deja y hacia dónde se dirige esta izquierda? Pues, si bien no es imposible, puede resultar un lugar común hablar de una izquierda en “transición permanente”.

Cavero, crítica con razón la superficialidad de muchas discusiones en la izquierda y la carga emocional de las mismas antes que su sustento político. Efectivamente, se trata muchas veces de peleas entre manchas de amigos, antes que debates políticos serios. Lo cual no le impide a la vez, hacer su propio ajuste de cuentas emocional con los desaciertos de nuestra izquierda.

Es pertinente al señalar el peso de la dinámica electoral (la necesidad de un registro, los recursos económicos y el candidato/a ganador/a) y la manera que esto influye y condiciona el resto de la acción política. Pero no va más allá de denotar el fenómeno.

Ambos textos me parecen necesarios y agudos, pero incompletos. Hace ya bastante tiempo, que desde diferentes lugares estamos haciendo balances de la izquierda. El texto de Omar Cavero trata de salir del diagnóstico y avanza algunas líneas, pero he aquí su mayor debilidad.  Señalar que las elecciones “son un medio y no un fin” es, a estas alturas, insuficiente, pues reduce probablemente el principal tema de discusión en las fuerzas progresistas a una respuesta de los años 20.

La izquierda radical en EEUU e UK ha venido discutiendo eso y las campañas de Sanders y Corbyn, dentro de los partidos Demócrata y Laborista srespectivamente, son en parte una respuesta bastante clara. Hace más de una década, el PC chileno, la izquierda brasileña y uruguaya tuvo la misma discusión. Entiendo que en los casos la respuesta ha sido bastante clara: para las izquierdas, las elecciones son medio y fin a la vez. Así es. Debemos superar la disyuntiva que nos regresa al viejo debate de “reforma o revolución” como opciones antagónicas.

El texto de Omar promete pero no propone. Señala el resultado final, pero no el camino y esa es su principal debilidad. Acierta Omar señalando que la izquierda requiere de una mejor comprensión del país, una “narrativa” convincente para los nuevos sujetos sociales. Dicha propuesta es de largo plazo, es decir, debe pensarse como un proceso que va más allá de las elecciones del 2018 o 2021. Finalmente, Cavero señala la necesidad de una fuerte identidad de izquierdas, que imaginamos debe ser más contestataria y radical que los discursos actualmente existentes. Todo esto es lo que muchos en la izquierda podemos compartir. Pero ¿cómo llegar a ello?

Aquí viene mi aporte.

La sociedad peruana requiere de una “izquierda del trabajo”. Una identidad política construida desde y para los trabajadores y trabajadoras asalariados pobres, ya sea que estén empleados o sean desempleados o lo más probable es que estén obligados a ser autoempleados.

El sujeto social del cambio progresista es el conjunto de asalariados y autoempleados pobres, lo que ahora se conoce como “precariado”. Y no se trata de una figura retórica. Nos referimos a sectores sociales reales y concretos: al obrero de una empresa peruana en cualquier industria; a la obrera de un municipio o gobierno regional en cualquier lugar del país; al empleado de un restaurante o una tienda comercial o una oficina; a la empleada de un grifo o un taller de confecciones o una imprenta o una tienda de fotocopias; al ex empleado que ahora es taxista en su auto o alquilando uno; el ex obrero que ahora es chofer de microbús; a la ex obrera ahora vendedora de comida al paso; a la ex empleada ahora vendedora por catálogo; o a aquellos que sin haber sido dependientes han iniciado su vida laboral como autoempleados, es decir, los que trabajan sin patrón y sin empleados.

Se trata de un universo inmenso de personas. Para el 2009, los asalariados y autoempleados sumaban cerca de 11 millones y medio de personas en el país.  

Actualmente, en el orden capitalista y neoliberal, el precariado peruano no tiene futuro.  No tiene salida. No tiene esperanza. Más de 25 años y sus remuneraciones son menores o sus condiciones de trabajo dan pena.

No hay “emprendimiento” que logre sacarlos de su situación de inestabilidad, incertidumbre, ingresos irregulares y temporalidad absoluta. Y el Estado es demasiado débil y desinteresado para proteger a los asalariados y  a los autoempleados. El neoliberalismo para ellos es una falsa promesa. El neoliberalismo los condena a sobrellevar una media vida.

Por eso, para el precariado, la única salida en nuestro país, es tomar el gobierno y el poder. No tienen otra opción. Y la izquierda del trabajo debe ser la herramienta para lograr eso.

Debemos de reconstruir la identidad de la izquierda desde el trabajo. Esto supone reordenar nuestra agenda poniendo al centro, el mundo del trabajo y desde allí, sin descartar absolutamente nada; reconstruir nuestras demandas. Todas. Las demandas feministas, ecológicas, culturales, étnicas identitarias, LGTBI, sociales.

La izquierda del trabajo es por tanto, también feminista, ecológica, diversa, ciudadana y radical. Una izquierda del trabajo parte del derecho de toda persona a ganarse la vida mediante un trabajo con una remuneración adecuada, con el derecho a formar un sindicato para defenderse, con acceso a la estabilidad laboral a los tres meses, con el derecho a negociar colectivamente sus condiciones de trabajo.

Cuando el sistema condena al subempleo a más de la mitad de la fuerza laboral en el país, realmente está negando la ciudadanía de estas personas. Los convierte en no-ciudadanos y por tanto, todas las demás reivindicaciones quedan fuera de escena.

¿De qué sirve la licencia parental para un trabajador precario? ¿De qué sirven cuatro días de licencia cuando nace tu hijo o hija, si el modelo te impide la estabilidad laboral? La idea es simple. La izquierda del trabajo debe devolverle a la gente, el orgullo de lo que hace, el orgullo del trabajo que desempeña. Para tener orgullo de ser trabajador, ya seas empleado, obrero o autoempleado, tu trabajo debe permitirte una vida digna. Y esa vida digna supone y permite, a la vez el ejercicio de todas las demás demandas y reivindicaciones humanas.

5 de junio de 2017

TEST ¿Soy un trabajador precario?

No es el Test Voight-Kampff pero igual ayuda. 

En el Perú, el principal problema del trabajo es la precariedad laboral. 

Pero muchos trabajadores y trabajadoras no saben que es la "precariedad laboral" por lo que tenemos aquí un sencillo test, para saber si eres un trabajador precario.

INSTRUCCIONES
Simplemente responde cada pregunta con un SI o un NO, según sea el caso.   

  1. ¿Tienes una copia de tu contrato escrito?
  2. ¿Te han pagado el periodo de prueba?
  3. ¿Se respeta tu hora de salida?
  4. ¿Las horas extras que realizas son pagadas?
  5. ¿Te pagan en la fecha que corresponde (ya sea semanal, quincenal o mensual)?
  6. ¿Tienes 30 días de vacaciones al año?
  7. ¿Tu empleador te entrega tu boleta de pago?
  8. ¿Tu remuneración es igual o mayor al salario mínimo (850.00 soles)?
  9. ¿Solamente laboras 48 horas a la semana?
  10. ¿Tu empleador te paga a tiempo y de forma completa la gratificación de Julio y diciembre?
  11. ¿Tu empleador abona a tiempo el pago de la CTS?
  12. Si eres mujer ¿ganas igual que un hombre que realiza tu misma labor?
  13. ¿Consideras que tu empleador permitiría la formación de un sindicato? 
  14. ¿Consideras que tu patrón esta dispuesto a negociar colectivamente con todos los trabajadores aumentos y mejores condiciones laborales?
  15. ¿Se ha realizado en los últimos tres meses una inspección laboral en tu centro de trabajo?

RESPUESTAS:
Si respondes NO a más de tres preguntas, eres un trabajador precario. Debes de conocer tus derechos, organizarte y exigir que se respeten.