7 de diciembre de 2016

Las relaciones laborales en el Perú: 2016

Nuestro recordado Ever Rodriguez. Buen dirigente de la CGTP
Las relaciones laborales en el Perú atraviesan uno de sus peores momentos. Es el resultado de un proceso que se inició en 1992 con la reforma laboral desreguladora de la dictadura fujimorista. Desde entonces, hemos tenido un marco normativo completamente parcializado a favor de los intereses empresariales. Como sabemos, las relaciones laborales comprenden a los trabajadores, empresarios y el estado. En cualquier sociedad más o menos democrática, estas relaciones se basan en respeto mínimo y el rol arbitral del Estado que vigila los intereses generales del capitalismo antes que intereses particulares de uno u otro grupo empresarial.

En general, los últimos gobiernos no han logrado restablecer un equilibrio mínimo en las relaciones laborales, predominando el modelo individualista y desregulador. Algunos cambios secundarios se lograron en el anterior gobierno en materia normativa, destacando la Ley de salud y seguridad impulsada por la CGTP, pero que ha sido rápidamente desvirtuada por los intereses empresariales.

En materia de afiliación sindical, no hay mucho que destacar. La norma es restrictiva e intervencionista en materia de afiliación y organización sindical. La tasa de afiliación está por debajo del 10% de la PEA asalariada urbana desde hace más de una década y es una de las más bajas de américa del sur. La norma exige un mínimo de 20 trabajadores y en el país, sólo el 10% de las empresas tiene más de 20 trabajadores en planilla. Los trabajadores sindicalizados son una minoría en el país y están asentados en los sectores más tradicionales: minería, construcción, manufactura y administración pública. Los sectores de comercio, servicios, tecnologías tienen una afiliación ínfima cuando no existente. Esto parece muy difícil de cambiar desde las propias fuerzas del sindicalismo.

En materia de negociación colectiva, los datos son igualmente preocupantes. Una sola negociación por rama (construcción civil) y luego numerosos convenios colectivos a nivel de empresa, con un promedio de menos de 100 afiliados por sindicato. La cobertura de la negociación colectiva se encuentra estancada en poco menos del 10% de la PEA asalariada que es más complicado, porque las huelgas exitosas no son muchas, tanto por su dificultad de convocatoria y por las trabas que pone el Ministerio de trabajo. 

Sin embargo, debemos señalar que hay un espíritu de lucha que va creciendo. Indeco realizó una huelga de 32 días y Papelera Nacional otra de 90 días, ambas exitosas. En la actualidad acaba de terminar la huelga de Molitalia y tiene más de diez días. A nivel individual, la legislación flexibilizó los contratos, trastocando la relación entre estables y temporales. Desde los 90s, el empleo temporal es la norma antes que la excepción. Ahora, la mayoría de los trabajadores es temporal y los estables son cada vez menos. A esto se suma la tercerización y subcontratación. El despido también se ha flexibilizado.

Este es el escenario general que con matices hemos vivido en los tres últimos gobiernos. Este modelo ha significado mayor desigualdad en las relaciones laborales y la precarización del empleo. En el Perú, el trabajo cada vez es más precario, a pesar del crecimiento económico y de algunas mejoras en ingresos en algunos sectores.

El actual gobierno, en materia laboral ha continuado con la misma política desreguladora. Más allá de algunos compromisos firmados en campaña, el actual gobierno no tiene una propuesta alternativa en materia laboral. Desde el 28 de julio se ha limitado a repetir el guion de la derecha empresarial: nombrar a personajes vinculados a los empresarios en el ministerio de trabajo; utilizar el Consejo Nacional de Trabajo para dilatar y torpedear cualquier cambio; debilitar la fiscalización laboral; reducir las normas laborales y facilitar el ingreso y salida de los trabajadores.

Ahora, ya tenemos claro que el gobierno tiene la intención de desregular aún más, bajo el pretexto de la simplificación administrativa. Una norma señala que ya no es obligatorio registrar los contratos en el Ministerio de trabajo, lo cual tiene como consecuencia que los trabajadores no podrán disponer de su contrato, en tanto, quedará a criterio del empleador si lo entrega o no.

En materia laboral, el actual gobierno no representa nada más que continuismo neoliberal. Y esto es así porque es un gobierno que representa los intereses de la derecha empresarial. De manera tal que sus objetivos siguen siendo simplemente la búsqueda de utilidades de corto plazo, la exportación de materias primas sobre la base de la articulación económica del país a una globalización neoliberal.

En este escenario, la pugna entre empresarios y trabajadores va a seguir creciendo. Hay un conjunto muy amplio de demandas y conflictos laborales que están gestándose en diferentes sectores económicos. La CGTP acaba de renovar su dirección sindical y en el XIV Congreso se han discutido las estrategias para enfrentar al modelo neoliberal. El sindicalismo esta convencido que ya es tiempo de luchar decididamente para revertir el marco normativo actual. Esto supone una lucha coordinada en los espacios laborales y políticos. El próximo año veremos entonces, muchas más movilizaciones y protestas laborales, huelgas más largas y violentas. La limitación de esto, es que se trata de luchas dispersas, y el reto es centralizar, unificar, converger las luchas sindicales en un proceso que debe tener como hito, el próximo Paro Nacional. Un Paro Nacional que sea a la vez, la articulación de luchas laborales, regionales, sociales, medioambientales y ciudadanas. Los trabajadores tienen el reto de ser el eje articulador de la lucha política y social del país.

17 de octubre de 2016

Diferencias en SEMBRAR: los dos comunicados

Como muchos deben saber, hay diferencias y/o problemas en el Movimiento Sembrar, agrupación a la que pertenece la c. Verónika Mendoza. En los últimos días, han circulado dos comunicados que expresan las posiciones divergentes en dicha agrupación.

El Movimiento Sembrar es una agrupación joven que ha tomado reconocimiento por la presencia precisamente de la c. Verónika Mendoza, ex candidata presidencial del Frente Amplio en las últimas elecciones generales, en donde obtuvo un importante tercer lugar.

Estos comunicados han venido circulando por correo electrónico y algunas redes sociales. He consultado con ambas partes y están de acuerdo en hacerlos públicos. Me parece lo más sano, pues de lo que se trata es precisamente de discutir con argumentos, antes que repetir rumores, alusiones o impresiones sin base.

Tengo buenas amistades, compañeros y compañeras en ambos lados de la discusión. Lo cual no me impide tener una opinión, desde afuera, claro y con ánimos de ayudar, pero por ahora, basta con poner los textos en mesa. Algunos por redes sociales se alegran de los problemas ajenos. Creo que nadie, realmente comprometido con la izquierda, puede congratularse de los problemas que enfrenta Sembrar ahora.

Primer Comunicado





Comunicado de Respuesta



14 de octubre de 2016

XIV Congreso de la CGTP y las tareas del movimiento sindical (Parte 1)

"Muchacha en la ventana" Dalí. 

En noviembre la CGTP realiza su XIV Congreso Nacional Ordinario. Es decir, cerca de 500 delegados y delegadas sindicales de todo el país van a reunirse en Lima para hacer un balance y discutir el camino de la principal organización sindical clasista del país. 

Apunto aquí algunas ideas para animar el debate previo al congreso. El post sería muy largo así que lo he dividido en dos partes. En la primera planteo una suerte de balance del sindicalismo realmente existente en el país (es decir, sin la CUT, CTP o CATP). En la segunda, se encuentra un esquema de estrategia que articula temas, sectores, actores y aliados del sindicalismo. es decir, el infaltable ¿qué hacer? Todas las opiniones, críticas y comentarios son bienvenidas. Sugiero que lean antes de criticar, pues, tal vez alguna de sus críticas habituales ya estén incorporadas.

Por mi sesgo profesional, mis apuntes subrayan los aspectos orgánicos antes que la mirada que podría hacer un abogado. Digamos que la estrategia es acercarnos a la política del gremio desde la estructura sindical. 

Entrada

Mi hipótesis inicial es que la CGTP y el movimiento sindical se encuentran en un periodo de transición que cierra un ciclo histórico de cambios. Este ciclo empieza con el gobierno de Velasco y se cierra con el gobierno de Fujimori. Entre 1968 y el año 2000, el país ha cambiado sustancialmente su matriz productiva, su estructura demográfica, social económica y política. 

El sindicalismo se ha desarrollado en dos momentos de dicho periodo. Durante un primer momento, que va desde Velasco hasta mediados de los años 80s. Este periodo es de crecimiento, amparados en un modelo económico desarrollista y de mercado interno. Luego el segundo periodo va desde los años 90s hasta la actualidad y supone un periodo de decrecimiento del sindicalismo, producto de las políticas neoliberales. En el periodo de expansión y crecimiento, se establecieron determinadas pautas y características del sindicalismo clasista, como los paros nacionales, la presencia del sindicalismo de manufactura, una mayor ideologización y formas confrontacionales de negociación. 

En el segundo periodo lo predominante es la reducción y caída de los indicadores sindicales. Supone la crisis del sindicalismo clasista, la ineficacia de los paros nacionales, el predominio del sindicalismo estatal, una menor ideologización casi antipolítica y lo que se denominó el sindicalismo de propuestas y la autoreforma sindical. 

Es decir, el sindicalismo se encuentra en un periodo de transición que supone la coexistencia de las tradiciones, conductas, contenidos de ambos periodos. La síntesis de los dos periodos debe darnos el sindicalismo clasista del próximo periodo. 

Situación del movimiento sindical peruano 

El sindicalismo en el país es un actor social que ha atravesado diferentes etapas desde su aparición a fines del siglo XIX. En la actualidad, estamos en el fin de un ciclo sindical que se inicia a mediados de los 80s. Este ciclo de conflictos sociales supuso un conjunto de cambios para el sujeto sindical. En la actualidad, tenemos una de las tasas de afiliación más bajas de nuestra historia. Alrededor del 5% de afiliación en el sector asalariado privado y cerca de 8% en asalariado público. 

El sindicalismo peruano comprende de manera principal a la CGTP que reúne cerca al 80% de la afiliación sindical, mientras la CUT ha venido reduciendo su afiliación y actualmente debe estar en 15% dejando el 5% restante para la CATP y la CTP. 

Las dos últimas décadas lejos de consolidar corrientes sindicales, lo que ha hecho es debilitar a todas por igual. Lo cual perjudica en mayor medida a las más pequeñas. Mención aparte merece la crisis de descomposición que viene registrando la CUT. En dicha central se ha bloqueado todo intento de renovación, se ha debilitado la representación legítima con expulsiones de bases y liderazgos y finalmente, no cuenta con una dirección clara. En verdad, no cuenta con dirección.  

Logros y avances del presente periodo

En el último periodo podemos señalar algunos avances en materia de crecimiento organizativo y fortalecimiento institucional. 

En primer lugar, la CGTP ha crecido en su inserción en la estructura económica del país. Ahora tenemos una presencia marginal pero real, en los sectores de agroexportación, servicios, finanzas y comercio. Estos sectores, durante los años 90s y primera década del presente siglo no tenían ninguna representación sindical. Hay un trabajo organizativo que en el próximo periodo debe consolidarse.

Luego, aunque probablemente los laboralistas no estén muy de acuerdo, pero por aquí hay algunos avances. A fines de los 80s, la negociación colectiva enfrentaba serios problemas que se hicieron mayores con la reforma laboral de la dictadura fujimorista. En términos generales, los convenios colectivos se habían monetarizado, es decir, muchas cláusulas con beneficios no económicos fueron convertidas en cláusulas económicas. Asimismo, se reduce el número de convenios vigente y la cobertura del mismo. Esta situación empieza a cambiar lentamente desde los últimos años. En algunos sectores se ha recuperado un conjunto de cláusulas no económicas relacionadas con condiciones de trabajo, organización de la producción o licencias sindicales. Asimismo, se han registrado cláusulas de género y de juventud en un porcentaje aún reducido, de convenios colectivos.

En tercer lugar, los cambios en el modelo de organización de la producción han obligado al sindicalismo a adaptarse a nuevos escenarios. En los últimos años hemos visto formas más novedosas de organización sindical. Se han realizado campañas de afiliación con promotores sindicales, se ha incorporado la "afiliación directa" en algunas federaciones y la confederal. En el sector minero se han desarrollado acuerdos y convenios entre empresas contratistas, matriz y los trabajadores de ambas. Esto es un triunfo del poder gremial y del principio de realidad. 

En cuarto lugar, se ha hecho importantes avances en la construcción de una propuesta mediática. Durante un tiempo se tuvo un enfoque erróneo basado en un sistema controlista, desconfiado y con una mirada conservadora y tradicional. Sin embargo, en los últimos tres años se ha renovado la presencia mediática de la CGTP, se ha definido un perfil y se ha articulado un discurso sindical con mayor claridad. La CGTP mantiene una actividad constante en las redes sociales en donde en varias oportunidades ha sido un referente para virales y tendencias a nivel nacional. 

Luego tenemos que mencionar la presencia más constante de mujeres y jóvenes. Los departamentos de juventud y mujer están funcionando a pesar de muchas dificultades, y logran ocupar un espacio importante en el debate sindical como en las calles. Sin embargo, estos son los primeros avances en un largo proceso, pues el número de jóvenes y mujeres aún no es el suficiente. Tenemos que seguir consolidando la participación de más trabajadores jóvenes y trabajadoras. El proceso de renovación es un elemento fundamental. Esto supone una articulación de la capacitación, con la organización, con los departamentos de mujer y juventud. La CGTP también ha hecho avances importantes en la condena explícita a toda forma de machismo. Aún falta desarrollar una línea en contra de la homofobia en el movimiento sindical.  

Desde que asumió la dirección el c. Mario Huamán se han tomado decisiones importantes para ordenar el funcionamiento de la CGTP. Se resolvió el problema de los abogados que usufructuaban el local de la CGTP, así como la ausencia de normas de uso de los diferentes ambientes. Se cerró el doble ingreso al local institucional que permitía la existencia de irregularidades en el acceso de las personas. Asimismo, se estableció el principio de “caja única” eliminando los cobros por fuera de la misma. Hay ahora una mayor conciencia acerca del cuidado de las instalaciones y de la importancia de los bienes comunes. 

Principales problemas 

Los problemas del sindicalismo peruano son muchos. Buena parte de los avances, suponen brechas por cerrar. Allí entonces, ya tenemos una lista inicial de áreas que nos falta desarrollar. Más jóvenes, más mujeres en los sindicatos. Más negociación colectiva (por rama), más licencias sindicales y más federaciones fuertes. Eso ya está claro.

De todos los problemas y dificultades queremos sin embargo, precisar algunos. En primer lugar, la debilidad institucional. Es decir, somos una institución que no siempre logra funcionar bajo normas claras y una jerarquía institucional. El sindicalismo mantiene una cultura caudillista que privilegia los liderazgos masculinos, limeños y blancos. El proceso para constituir nuevos liderazgos sectoriales debe ser considerado con urgencia. Esto significa que tenemos que fortalecer a las federaciones sectoriales. La propuesta de la CGTP de grandes federaciones de rama sigue siendo válida y pertinente.  

Lo que predomina son los acuerdos establecidos a partir de una correlación de fuerzas. Esto responde a una exigencia de democracia en un contexto cambiante, pero también supone una débil cultura organizativa que se expresa en los problemas que tenemos para desarrollar una línea de trabajo cultural desde la CGTP, por ejemplo. 

Un segundo e importante problema es la precariedad económica. El sindicalismo en el país se desarrolla con escasos recursos por diversas razones. Las remuneraciones son bajas, por lo que la cuota es baja, pero además, no tenemos un sistema de cotización centralizado, automático, bancarizado que permita un flujo regular de recursos. Los trabajadores cotizan al sindicato de empresa, pero de allí, ya no sube la cuota ni a las federaciones y menos a la Confederal.

Esto que podría resolverse con una norma que obligue a las empresas a distribuir la cuota en esas tres instancias -como ocurre en otros países- resolvería este problema sin mayor costo para empresarios o trabajadores.

Otro problema, es de la renovación. La actual generación de dirigentes sindicales que asumió funciones a fines de los años 80 está culminando su ciclo vital. Esto supone un proceso de recambio imprescindible. Lamentablemente, los problemas externos impiden contar con los cuadros sindicales necesarios para completar los puestos de dirección en las federaciones y en la propia Confederal. 

Todas las federaciones enfrentan problemas de renovación. Si uno compara la edad promedio de los dirigentes de federaciones de hace 30 años con la actual, verá que hemos pasado de una media de 35 años a otra de 60. Es un problema serio.

Esta situación no se puede resolver con organizaciones “fantasma”, es decir, con sindicatos que no tienen afiliación real y sin capacidad de movilización. Hay una crisis de representación en el sindicalismo peruano que se expresa precisamente en el desfase entre los liderazgos sindicales nacionales y su escasa representación en la estructura laboral nacional.

Necesitamos dirigentes sindicales en las federaciones y en la confederal que tengan representatividad, es decir que pertenezcan a un sindicato realmente existente, con afiliados, pero también con capacidad de movilización. Y finalmente, con licencias sindicales. Pues de lo que se trata es de completar los cuadros directivos con personas que dispongan de experiencia, tiempo y respaldo social. Más claro aún: un dirigente sin respaldo no tiene autoridad para dirigir el movimiento sindical.

Continuará...












11 de octubre de 2016

UNI suspende a representante sindical Orhan Akman

Foto de archivo

El día de ayer fue cesado en sus responsabilidades el c. Orhan Akman, que venía desempeñándose como representante de Union Network International (UNI) en el Perú. UNI es una federación internacional sindical muy importante. Una de las más grandes que existe con fuerte presencia en el sector de servicios, comercio, vigilancia, pero también en comunicaciones, gráficos, banca y finanzas, entre otros.

Orhan es un compañero de origen turco y nacionalidad alemana que venía apoyando la labor de afiliación y organización de los sindicatos en los sectores de vigilancia y comercio. Hace unos meses recibió bastante notoriedad porque fue expulsado del país por presiones de la transnacional CENCOSUD, que hicieron que las autoridades peruanas lo saquen del país. Su delito fue básicamente participar en los plantones y reparto de volantes de los trabajadores de Wong y Metro.  La CGTP animó a nivel nacional una campaña de denuncia de este atropello. Entiendo que UNI a nivel internacional también apoyó a su representante.

Lo absurdo de la expulsión fue tal que en unos meses, Orhan regresa al Perú a continuar su labor. No ha pasado ni dos meses y ahora, nuevamente debe irse, pero por indicación de UNI que lo ha removido intempestivamente de sus responsabilidades. 

¿Por qué ha sido intempestivamente cesado el c. Orhan? Como siempre, hay dos versiones de todo. Y entiendo que los ánimos están caldeados, así que solamente diré que Orham no es mi amigo, ni una persona muy cercana. Sin embargo, he visto su trabajo y puedo dar testimonio de su compromiso sindical.

A lo largo del tiempo he conocido a muchos funcionarios del sindicalismo internacional. No es una exageración señalar que mayormente los europeos encarnan con bastante entusiasmo eso llamado “aristocracia sindical” (con algunas excepcionales excepciones como Isidor Boix, que es un ejemplo de lo que debe ser un sindicalista internacional); sin embargo, con Orhan, los trabajadores de comercio y vigilancia han encontrado un activista convencido, que no tiene reparos en asistir a asambleas, plantones, marchas y reuniones en cualquier lugar del país y a cualquier hora del día. No es de los que prefiere “dirigir” el movimiento mediante correos electrónicos o mediante oficios y cartas. Tampoco es el que se contenta con tomarse una foto cuando nos visita para decir que ya cumplió con la actividad proyectada.

No sería exagerado señalar que con su aporte se ha logrado consolidar el trabajo organizativo en ambos sectores. Por eso, cuando fue expulsado por las autoridades, inmediatamente los sindicatos de estos sectores se movilizaron en solidaridad. Un organizador sindical generalmente tiene los problemas que enfrenta hoy el c. Orhan.

Es lamentable que Union Network International haya optado por resolver de manera expedita el problema de un compañero que merecía un mejor tratamiento. Más aún cuando no se trata de un burócrata de larga data, ni un advenedizo, ni un buscavidas. Un compañero que definitivamente no está haciendo carrera en el sindicalismo internacional, ni que busca acomodarse o quedar bien con las alturas de la burocracia sindical internacional.

Me queda claro, que como es habitual en las relaciones laborales, la soga se rompe por el lado más débil. Sin embargo, me sorprende que esta vez, aquellos llamados a defender a los más débiles, hayan sido quienes corten la soga.


7 de octubre de 2016

¿Unidad con Patria Roja? Ahora no, joven.


Desde hace un par de meses algunos líderes del Partido Comunista Peruano y del Partido Patria Roja han venido declarando acerca de un proceso de "unidad". En ese marco, se ha realizado un evento conjunto que ha reunido a los partidos comunistas de América latina y el Caribe en Lima. Ahora, se va a realizar una ceremonia conjunta recordando la fecha en la cual José Carlos Mariátegui establece el original Partido Comunista (que en ese entonces se denominó Partido Socialista). Un buen número de militantes del PCP me escriben y preguntan acerca de estos hechos y declaraciones, en tanto soy dirigente del Partido Comunista. Por esa razón escribo estas líneas a manera de reflexión y propuesta.

Lo primero es señalar que en el último periodo he logrado conocer a muy buenos camaradas de Patria Roja. Especialmente de la nueva generación, donde puedo mencionar a Arturo, Lucho, Romina y Oliva, entre otros. Es una generación de jóvenes que no carga la pesada mochila de los viejos enfrentamientos de la época de la guerra fría que oponía a "moscovitas" y "pekineses". Muy comprometidos, con un espíritu militante inusual y entusiastas de verdad. Esto me sirve, para dejar en claro, que mi opinión en este tema, no es un asunto de antipatías o tirrias personales.

Lo segundo, es que desde un punto de vista institucional, es decir, de acuerdo a los procedimientos establecidos estatutariamente para discutir y tomar acuerdos en un colectivo político como el PCP, NO EXISTE ningún acuerdo de algún proceso de unidad con nuestros amigos de Patria Roja. No hay acuerdo, ni se ha discutido en instancia alguna. Eso no impide, claro está, realizar actividades conjuntas como la del próximo aniversario.

Ahora bien ¿debemos ir a un proceso de unidad orgánica entre el PC y Patria Roja? Es decir, ¿debemos conformar un único partido? Mi opinión particular es que NO es conveniente. No es conveniente, ni para el PC, ni para Patria Roja y tampoco para el objetivo más importante que es la unidad de la izquierda peruana.


La relación partido-sindicato


No procede una unidad orgánica cuando tenemos diferencias ideológicas sustanciales en temas bastante concretos como la relación con los movimientos sociales y específicamente, el movimiento sindical.

Probablemente pocos sepan, pero durante la primera década del presente siglo, la CGTP desarrolló un complejo y audaz proceso de reestructuración organizativa. Este proceso fue animado por los activistas y militantes del PC convencidos de la necesidad de repensar el diagnóstico y posibilidades del sindicalismo peruano. En este proceso, los amigos de Patria Roja, defendieron posiciones contrarias a los cambios propuestos. Temas como la afiliación directa, las cuotas de género, la autonomía de clase, la cotización sindical fueron tema de debate interno y en todos ellos, Patria Roja se opuso tenazmente, llegando incluso a elaborar un documento cuyo pomposo objetivo era "reorientar clasistamente a la CGTP". Ahora, una década después, el tiempo ha demostrado que los cambios propuestos por el PC no sólo eran necesarios sino imprescindibles.

Podríamos pensar que son problemas pasados y que actualmente se han superado. Pero ahora tenemos diferencias acerca del diagnóstico de la actual crisis del SUTEP y de lo que es necesario hacer para superarlas. Para nosotros es claro que se trata de un serio problema de legitimidad que tiene relación con la manera que Patria Roja ha entendido la autonomía del movimiento sindical respecto al partido. Mi impresión es que detrás de estas posiciones se encuentra una manera particular de entender la relación entre partido y sindicato, donde se mantiene la visión de "correas de transmisión". Es decir, ese modelo donde el partido manda y el sindicato obedece.  

La unidad que importa es la de toda la izquierda


También tenemos diferencias sustanciales en cuanto a cómo se entiende la unidad de la izquierda. El tema para las fuerzas progresistas es resolver el problema del referente nacional de izquierda. La unidad de la izquierda más amplia es el principal problema que debemos afrontar. Y en este proceso, el movimiento social y político ya ha dado algunos pasos que establecen un escenario completamente diferente al de experiencias anteriores como la de Izquierda Unida. 

Un primer elemento es el rol de los "independientes de izquierda". Este oxímoron ha venido para quedarse. Es lo nuevo y no es un accidente. La militancia pura y dura, tan necesaria será por un buen tiempo, inusual sino marginal.  Entonces, los frentes tipo UNIR o MAS, donde la real autonomía de los independientes está fuertemente condicionada a las decisiones del partido, no ayudan. No son frentes reales, sino el simple cambio de nombre con las mismas personas. Esta táctica era útil durante la Guerra Fría, ahora no.  Y esto es así, en parte, porque la sociedad peruana registra un proceso de individuación gestado desde el gran ciclo histórico entre Velasco y Fujimori. Una mayor consciencia de la individualidad que se manifiesta desde hábitos de consumo diferenciados, hasta la idea de "un militante, un voto". 

Mi hipótesis es que esta última consigna expresa algo más que un estado de ánimo. Expresa una manera diferente de entender a la izquierda y al compromiso político. Está en el ADN de la nueva generación de activistas y simpatizantes de izquierda. Es la expresión de un cambio estructural de la sociedad peruana. No reconocer estos cambios nos condena a repetir los mismos errores de décadas pasadas. 

Los compañeros de Patria Roja consideran que esta nueva lógica no es ni necesaria ni relevante. En cambio, para nosotros resulta una reivindicación fundamental de mayor democracia en los mecanismos de representación y toma de decisiones dentro de la izquierda. El reto para los comunistas es imaginar un escenario donde "Un militante, un voto"  conversa con "Todo el poder para los soviets", porque ambas consignas son un reclamo de libertad.  


Aliens, aliens, everywhere 


No se trata de construir una capilla más grande. No se trata de repartir entre dos agrupaciones la pesada mochila de prejuicios y malafama que cada uno ha acumulado a lo largo del tiempo. No se trata tampoco de reordenar cupos y cuotas en los supuestos "frentes de masas" como si fueran la dote de un matrimonio interesado.  

La unidad orgánica entre el PCP y Patria Roja (más allá de la discusión sobre el legado histórico legítimo), no es una tarea prioritaria para el movimiento popular, ni para las fuerzas progresistas ni para el proletariado en lucha. Tal vez resuelva algunos problemas para un limitado grupo de personas pero no más. Al PCP en particular, nos aísla y limita. Nos enajena en términos reales de un conjunto de espacios sociales donde también podemos crecer.   

La tarea no pasa por centralizar entre los conocidos, sino en llevar a la izquierda, a donde no ha llegado aún. Tenemos que ser más más Capitán Kirk y menos trekkies. Unidad y construcción de una izquierda en las nuevas clases medias populares que oscilan entre el consumismo a crédito y el empleo precario. Entre los jóvenes de las universidades privadas de los conos urbanos, en las nuevas formas de asociacionismo que aparecen en las ciudades y el campo. Y más precisamente, para todos los que nos reclamamos de una tradición comunista, nuestra tarea es colocar el trabajo en el centro de la identidad y la acción política. Pero todo esto, lo iremos discutiendo. Lo real, hoy es que la propuesta prioritaria aprobada por nuestros eventos orgánicos es insistir en la unidad más amplia de todas las fuerzas de izquierda. Ahora, más que nunca. La construcción de una herramienta de poder popular de todos y todas. Para ser gobierno y poder.


24 de agosto de 2016

Sobre la vigencia del marxismo y la construcción de una nueva hegemonía de izquierda



"En la medida en que el sistema prosiga condenando a segmentos crecientes de las sociedades contemporáneas a la explotación y todas las formas de opresión –con sus secuelas de pobreza, marginalidad y exclusión social–, y agrediendo sin pausa a la naturaleza mediante la brutal mercantilización del agua, el aire y la tierra, las condiciones de base que exigen una visión alternativa de la sociedad y una metodología práctica para poner fin a este orden de cosas seguirán estando presentes, todo lo cual no hace sino ratificar la renovada vigencia del marxismo." 

Atilio Borón 

Atilio Borón es uno de los más destacados pensadores marxistas en la actualidad. Desde hace más de una década viene trabajando en lo que Mariátegui llamaba la "defensa del marxismo", que no es sino, la crítica radical a la realidad existente.

En el marco del Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y revolucionarios de América Latina que se va a realizar en la ciudad de Lima del 26 al 28 de agosto podremos escucharlo en una ponencia central sobre la vigencia del marxismo en América latina. Y esa es una excelente oportunidad para ordenar algunas ideas e iniciar el debate.

El próximo año se cumplirán 100 años de la revolución bolchevique y aunque para los grandes medios de comunicación la fecha pasará desapercibida, estamos seguros que, para importantes sectores sociales, no será así. En 1917, los obreros, soldados y campesinos que iniciaron el experimento bolchevique estaban seguros de inaugurar una nueva era y de empezar la construcción de una nueva sociedad que iba a consolidarse en los siglos venideros. Para ello, tenían en el marxismo, un cuerpo teórico que parecía indestructible; llevado adelante por una vanguardia política ilustrada que representaba a la clase obrera junto con los sectores más pobres de la sociedad rusa. La hora final del capitalismo había llegado.

Un marxismo que crítica

Hoy, 100 años después, el capitalismo domina y reina en el Kremlin y en casi todo el mundo. La clase obrera mundial sufre las consecuencias de esa y otras derrotas políticas. Los herederos políticos del bolchevismo nos hemos dividido en múltiples membresías, peleándonos muchas veces entre sí, con mayor entusiasmo que contra la burguesía.

Efectivamente, desde un poco antes de la derrota de la experiencia soviética se viene planteando la misma pregunta: ¿tiene sentido el marxismo como teoría y práctica política?

Desde entonces, y hasta hoy, los comunistas venimos ensayando diferentes respuestas a dicha pregunta. Algunos -más de los que quisiéramos- han respondido negativamente abandonando las filas del marxismo y la revolución. Otros, disfrazan su desencanto con narrativas postmodernas, que aluden a la estética, los estudios post coloniales en clave cultural, y todo lo que conocemos como post marxismo.

Pero también estamos nosotros. Los que seguimos afirmando el marxismo como dialéctica revolucionaria y aspiramos a una práctica política transformadora de la realidad.

Efectivamente, el marxismo ha sufrido una serie de repliegues en los últimos 50 años producto de la resolución de debates políticos y teóricos en el proceso de la construcción del socialismo.

La misma revolución bolchevique significó un tema de debate entre los marxistas que esperaban el inicio del cambio en alguno de los países de mayor desarrollo capitalista como Alemania o Inglaterra y no en la atrasada Rusia. Luego de resuelta la guerra civil y derrotados los ejércitos restauradores, la revolución enfrentó nuevas disyuntivas, acerca del ámbito y las vías de construcción del proyecto socialista. El "socialismo en un sólo país" fue más una respuesta política que teórica y la industrialización forzada a costa del campesinado ruso significó más que una discusión teórica.

Ciertamente, en ninguna parte el viejo de Tréveris señaló que el tránsito al comunismo iba a ser un camino ligero, continuo y ascendente. Todo lo contrario. La dialéctica en la historia nos enseña que el avance se desarrolla a partir de conflictos alrededor de intereses en contradicción.

El principal legado de la revolución bolchevique, probablemente haya sido construir las condiciones sociales para la derrota del fascismo y así, salvar dialécticamente a la democracia burguesa. A la vez, la posibilidad real de una revolución social encabezada por los obreros asustó tanto a las burguesías europeas que, derrotado el fascismo, permitieron a regañadientes, el establecimiento de Estados de Bienestar liderados por una socialdemocracia domesticada que cambio la promesa socialista por contratos de empleo y seguridad social.

Desde entonces, crecía una burguesía financiera representada por grandes corporaciones trasnacionales bajo la sombra del imperialismo estadounidense. Finalmente, en los 80s, Thatcher y Reagan inician la ofensiva del capital contra las posiciones progresistas.

Desde entonces, esta ofensiva no termina. Se enfrentó y derrotó al socialismo soviético, mientras en China la alianza entre mercado y Estado funciona con éxito y partido único.

Todo el proceso histórico representa un conjunto de retos intelectuales y políticos para el marxismo. La globalización neoliberal nos ha traído el desencanto postmoderno, la desafección en la política y el aparente fin de las utopías de cambio social. La derecha religiosa y política crece y se consolida desde EEUU, pasando por los países nórdicos, acampa en Francia, España e Italia y crece en América latina.

El conjunto de cambios y transformaciones operados en el escenario mundial en las últimas décadas es tan profundo y complejo, que ha mantenido en vilo a buena parte de los pensadores y revolucionarios del mundo. El discurso del "fin de la historia" o el "choque de civilizaciones" se propalan desde la derecha, mientras que, en la izquierda, el análisis dialéctico y de clase, es reemplazado por los estudios culturales, la política de las identidades, la radicalización de la democracia representativa o el Imperio sin imperialismo.

Un marxismo que afirma

Nuestro planteamiento es que la izquierda en América latina enfrenta una crisis del sujeto revolucionario. Es decir, en los años 50s y 60s, la estructura oligárquica de dominación configuraba un escenario donde la alianza obrero campesina era el enemigo principal de la casta oligárquica y por tanto, el sujeto de cambio social. Esta centralidad se ha perdido. En la medida que la dominación capitalista esta disgregada en diversos sujetos de la gran burguesía internacional, no es claro construir un único enemigo del sistema y agente de cambio social.

Para algunas corrientes, el movimiento laboral dejó de ser el sujeto de cambio. En su reemplazo colocan a los estudiantes, a los informales, a los emprendedores, a los microempresarios, a los intelectuales, etc. Otras corrientes han abandonado la pregunta por el sujeto de cambio y lo han reemplazado con conceptos como la democracia o la ampliación de las libertades democráticas.

Para nosotros como comunistas, en tanto, que la principal contradicción general en la estructura de dominación sigue siendo la que opone a las fuerzas del capital contra las fuerzas del trabajo asalariado, consideramos que son los trabajadores asalariados de ambos sexos constituidos en clase, los que encarnan el sujeto de cambio revolucionario en nuestro continente.

Esto no supone descartar o prescindir de los demás sujetos de cambio, sino simplemente de establecer la centralidad del mundo del trabajo en la construcción de un discurso y una práctica de izquierda revolucionaria en el país. Y desde allí, definir una nueva hegemonía política en la izquierda que tenga como centro al mundo del trabajo y que integre de manera dialéctica las demandas, discursos, símbolos y prácticas de las demás fuerzas de transformación.

Una nueva hegemonía política centrada en el mundo del trabajo supone reconstruir y fortalecer los lazos con los trabajadores, recuperar una cultura política, símbolos, prácticas y lenguajes que construyan una nueva identidad de izquierda popular, desde abajo y radical.

Hay que superar el modelo de izquierda basada en la ampliación de derechos liberales. Esa izquierda que la derecha denomina “caviar” y que ya no es ni siquiera reformista, ha construido una hegemonía política que limita la capacidad de propuesta y crítica al sistema capitalista y a su democracia burguesa. La izquierda no puede limitarse a la lucha por libertades democráticas y la defensa de una institucionalidad que solamente funciona para los de arriba.

Se trata entonces un doble movimiento que implique construir el sujeto revolucionario desde el mundo del trabajo y simultáneamente articularlo a los diferentes sujetos de cambio en la sociedad como son el feminismo, el indigenismo, el ecologismo, los derechos humanos, las demandas LGTBI y todas las demás fuerzas anticapitalistas y progresistas.

Se trata de reconstruir una izquierda clasista pero no obrerista, democrática sin ser asamblearia, institucional pero no burocrática y moderna sin ser superficial. Es una izquierda que construya poder popular desde la identidad del trabajo, en todos los espacios donde hay trabajo asalariado. Y desde allí a toda la sociedad, un poder popular que será socialista, feminista, democrático, ecologista y diverso.

25 de julio de 2016

Sobre el VIII Congreso de la ALAST y la centralidad del trabajo


La Asociación Latinoamericana de Estudios del Trabajo es una de las redes más grandes e importantes que de manera interdisciplinaria investiga y discute sobre el mundo del trabajo. Publica -no con pocas dificultades- la Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo y articula uno de los espacios más grandes de investigadores de diferentes disciplinas (sociólogos, economistas, psicólogos, antropólogos y politólogos) alrededor de los temas laborales. 

Del 3 al 5 de agosto va a realizar su VIII Congreso en la ciudad de Buenos Aires donde se han presentado alrededor de 500 ponencias en 39 mesas de trabajo. Hay un programa muy interesante bajo el tema: "La recuperación de la centralidad del trabajo en América Latina. Actores, perspectivas y desafíos". Una preocupación que viene siendo discutida con rigurosidad y entusiasmo en los espacios académicos, sociales y políticos. Un tema que además no es extraño para los lectores de este modesto blog.

Recuperar la centralidad del trabajo no supone obviar los otros ejes y ámbitos de la vida social. Se trata de volver a entender el papel que cumplen las relaciones laborales en la construcción de la vida social. Ahora bien, es cierto que eso denominado "mundo del trabajo" ha cambiado sustancialmente en las últimas décadas. Probablemente, uno de los cambios más fáciles de observar sea el paso del modelo fordista a las formas de flexibilización organizativa del proceso productivo que se llaman de manera genérica "postfordismo" pero que encierran diferentes matices. 

Otro cambio ha sido el del sujeto trabajador. El tránsito de la clase proletaria homogénea en lo social, económico y a veces también en lo ideológico, a un amplio abanico de asalariados con diferentes relaciones jurídicas, niveles de ingresos y subjetividades. Una estructura económica que produce niveles inimaginables de riqueza material junto con un "precariato" conformado por millones de trabajadores asalariados con reducidas remuneraciones dentro de un sistema de relaciones laborales más duro que el capitalismo salvaje del siglo XIX.  

Pero hay transformaciones más sutiles en la estructura social que afectan las conductas de las personas, sus aspiraciones y problemas. Soy un convencido de la necesidad de mirar con mayor atención al mundo del trabajo. Sus cambios y permanencias, para desde allí -pero no exclusivamente- construir las explicaciones a muchos de los problemas que enfrentamos como sociedad. Hay una agenda de temas y problemas que de ser articulados a una reflexión desde el mundo del trabajo podrían disponer de una mayor rigurosidad e integralidad. 

PD: El autor de este blog se va a la hermosa ciudad de Buenos Aires para asistir al VIII Congreso del ALAST, desde donde piensa compartir con sus lectores las principales discusiones, aportes y debates de dicho evento. 






22 de julio de 2016

¿Si la CGTP hace una marcha y la CONFIEP dice que "irán vestidos de obreros para saber cómo sufren los trabajadores"?


Punto uno

Si la CGTP hace una marcha y la CONFIEP dice que "irán vestidos de obreros para saber cómo sufren los trabajadores" ¿Eso es joda o simple ingenuidad? 

Algo de eso hay en la iniciativa de algunos congéneres de ir "en falda" a la marcha #Niunamenos en contra de la violencia de género y los feminicidios del próximo 13 de agosto en todo el Perú. 

A ver, los hombres somos parte del problema. Vaya, somos la parte principal del problema de violencia contra la mujer. Somos los beneficiarios directos de un sistema patriarcal. Somos tan responsables como un empresario es culpable de quitarle la plusvalía a un obrero. Para empezar.

Como dicen en La Tuerka, los hombres que queremos apoyar a las mujeres en la lucha feminista debemos empezar callándonos y escuchando. Y en la marcha, quienes deben tener la voz y la atención de eso llamado "prensa y medios" deben ser las mujeres. 

Punto dos

Con el facebook y eso llamado cyberactivismo la frontera entre la protesta ciudadana y una performance artística que busca, en otro registro, llamar la atención se vuelve cada vez más compleja. 

Los movimientos sociales tradicionales como el sindical por ejemplo, no tenían este problema. En parte porque la acción de protesta era la consecuencia de una praxis anterior. La organización establece una plataforma y desde allí se realiza una movilización. 

Es la diferencia entre marchar "en contra de los abusos laborales" que marchar "por el derecho a formar sindicatos". Cuando propones, delimitas la cancha y evitas que advenedizos y figuretis aparezcan. 

Pero a la vez, es cierto, esto limita. Cotler, hace muchos años, nos decía que "la política era el arte de sumar intereses en contra de otros intereses". No deberíamos olvidar eso. Toda acción política debe aspirar a sumar más fuerzas en contra de los intereses de nuestros adversarios. Encerrarnos en el plantón testimonial de nuestros principios incólumes no es política. 

Es complejo y no hay recetas. En todo caso, son las mujeres quienes deben decidir cómo, porqué y quiénes deben participar en la Marcha #NiUnaMenos. Los hombres que vamos a ir, haremos lo que ellas digan.   

18 de julio de 2016

San Marcos ha cambiado y nosotros no lo entendemos


En la izquierda tenemos un problema, bueno varios, pero ahora nos fijamos en uno. Para entenderlo, debemos partir de que la sociedad peruana ha atravesado un proceso de cambios que tienen como hitos a Velasco y Fujimori. Dos dictaduras de diferente signo que abren y cierran un ciclo de transformaciones estructurales. 

Este ciclo de cambios estructurales ha reconfigurado la sociedad peruana, especialmente en la base de la pirámide social. Los sectores populares son los que más han cambiado. 

No se trata simplemente de que hay menos pobres o que la pobreza extrema este reduciéndose sustancialmente. En general esto es cierto, pero lo interesante está en los cambios sociales y culturales de este proceso. Seguimos siendo una sociedad desigual y estructuralmente discriminadora e injusta. Aún hay pobres, pero hay nuevas y diferentes maneras de vivir la pobreza. 

Una parte de esos cambios implica que hay sectores populares completamente ajenos a cualquier visión, sensibilidad, imaginario, mentalidad o identidad (para no hablar de ideología) de izquierda. 

No significa que sean insensibles a las injusticias o que les guste la desigualdad. Simplemente, no les interesan las recetas, los discursos o las soluciones que ha venido dando la izquierda para las injusticias y la desigualdad. 

Lo menciono a la luz de los resultados electorales en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En el imaginario de izquierda, es la universidad "contestataria y progresista" por default y las redes sociales ayudan a mantener esa bienintencionada ilusión. 

Pero San Marcos ha cambiado social y culturalmente desde los años 80s en adelante. Sin duda, frente a una dictadura o un abuso descomunal un porcentaje de sus estudiantes saldrá a las calles a protestar, y eso está bien. Y lo harán detrás de las agrupaciones de izquierda que usualmente se movilizan por estas causas. 

Pero al parecer, cuando se trata de elegir autoridades internas, ya no siguen a dichas personalidades o agrupaciones, y votan por las opciones que les garantizan los resultados más pragmáticos: estabilidad en un puesto o culminar los estudios lo más pronto. Esta puede ser una variante del viejo salto fallido de la representación social a la política en el movimiento sindical.  

Y claro, una izquierda desubicada que encima se divide, esta condenada a ver la política desde Facebook.

11 de julio de 2016

¿Manuela García viceministra de Trabajo?

Susana de la Puente: siempre cerca al poder


En las dos últimas décadas y especialmente durante el segundo gobierno de Alan García, el Ministerio de Trabajo ha visto reducidas sus competencias, presupuesto y voz dentro del Poder Ejecutivo.

Los gobiernos neoliberales consideran que el mercado laboral es como un mercado de papas, que puede regularse en automático, así el mérito de los Ministros de Trabajo es hacer el menor ruido político, especialmente con los asustadizos empresarios. En esto, el actual ministro Daniel Maurate es casi insuperable. Podría renunciar el día de hoy y probablemente nos daríamos cuenta el próximo 28 de julio cuando no aparezca en el cambio de gobierno.

En la actual Comisión de Transferencia, nos informan que han asumido vocerías importantes dos profesionales del derecho laboral empresarial: Jorge Toyama y Manuela García. Incluso se señala que Manuela García sería la viceministra de trabajo.

La CGTP señala que durante su gestión aumentaron los conflictos laborales, se estancaron las negociaciones colectivas y se incrementó el número de falsos sindicatos dedicados a la extorsión y la delincuencia. Como señala críticamente Enrique Fernández Maldonado, Manuela García tiene “un estilo duro y autoritario”. 

Por otro lado, Jorge Toyama es abogado socio del famoso Estudio Miranda & Amado. Los sindicatos lo conocen bien de las negociaciones colectivas, pues siempre se ubica al otro lado de la mesa.

La estrategia empresarial en el Ministerio de Trabajo es bastante clara. Se trata de retroceder en los pocos aspectos que se han registrado avances durante los últimos cinco años. Para lo cual, el objetivo es recomponer una red de funcionarios pro empresariales. En los últimos años, varios funcionarios del MTPE fueron investigados por casos de corrupción y separados o amonestados. Al parecer hubo un conciliador que simultáneamente recibía regalos de una empresa trasnacional mientras participaba en la negociación colectiva de dicha empresa. Muchos de estos malos funcionarios esperan su regreso, aprovechando el cambio de gobierno.

Otro objetivo es desarticular el Área de Asesoría Jurídica, reduciendo los márgenes de neutralidad profesional que tiene y que ha significado algunas resoluciones a favor de los sindicatos. Los empresarios creen que dicha área tiene abogados pro-trabajador. La estrategia empresarial es inteligente, pues en las actuales circunstancias, una nueva reforma laboral desreguladora desde el Congreso, es muy difícil políticamente, visto lo ocurrido con la Ley de Promoción del Empleo Juvenil (Ley Pulpin); por otro lado, es fácil de prever que la conflictividad laboral se va a incrementar muy rápidamente. 

Así, el sector Trabajo recibirá muchas presiones. Los empresarios quieren asegurarse que van a controlar completamente el Ministerio de Trabajo. La reforma que pretenden impulsar los empresarios, difícilmente será a través del Congreso; así que la intención es copar el Ministerio de Trabajo con sus operadores y aplicar sus criterios a partir de la propia Autoridad Administrativa. 

Los sindicatos y especialmente la CGTP ya han señalado sus críticas a la presencia de Manuela García en la Comisión de Transferencia y en algún puesto decisivo en el nuevo gobierno. Asimismo, la presencia de Toyama es vista con desconfianza por los gremios sindicales.