2 de septiembre de 2010

Sindicato, partidos y política

Entre sindicato y partido siempre ha existido una relación cercana, a veces sencilla y fácil otras veces tensa y complicada. La izquierda ha sido el principal y a veces único sujeto político que ha tratado de acercarse, organizar, escuchar y a veces hasta dirigir el mundo del trabajo. De esta manera, el pensamiento de izquierda es algo así como un horizonte cultural para los sindicalistas. En el caso peruano, desde los anarcosindicalistas y luego Mariátegui, las ideas de cambio y revolución han sido parte del imaginario sindical.

Las ideas, discursos, símbolos con que se comunican e identifican los trabajadores no caen del cielo. Se forman en eso que la sociología llama "relaciones sociales". Entonces, el sujeto social (los trabajadores) es el punto de partida para entender los cambios en el sindicalismo y sus relaciones partidarias. Durante la guerra fría -que venía desde antes-, existía una tendencia entre algunos compañeros que compartían la doble militancia (sindical y partidaria), de establecer una jerarquía mediante la cual el partido manda y el sindicato obedece. El sindicato así no es autónomo sino dependiente de la razón partidaria.

Sin embargo, en las últimas décadas, el sujeto social ha cambiado drásticamente. Este es un proceso general que se registra en todo el mundo capitalista e implica el paso del modelo de acumulación fordista a otro donde la flexibilidad es un concepto fundamental. En el Perú, sociedad a medio hacer, hemos pasado de manera parcial, fragmentada, intempestiva del medioevo a la postmodernidad flexible, dejando en el camino al desarrollismo fordista. En nuestro mercado laboral podemos encontrar grandes empresas trasnacionales de mucha tecnología, ISOs y new management, junto con relaciones prácticamente feudales entre patrones y trabajadores. La constitución peruana que garantiza las libertades básicas fundamentales deja de tener validez una vez que pasas el cerco de una empresa privada o una dependencia pública. Pero esto, que es materia de constante protesta y lucha no es todo. 

Hay un conjunto de cambios en el sujeto social que merecen nuestra atención. Por un lado, el desfase entre el sujeto laboral y el sujeto sindical. La edad promedio de un trabajador peruano es 25 años, el de un sindicalista es de 45 años. Esta es la brecha generacional que provoca tantas tensiones. En el mercado laboral, la mitad de los trabajadores son mujeres, en el sindicato no llegan al 20%. Esto sólo para empezar. 

La idea que quiero dejar en claro es simple: la generación de sindicalistas de los años 70 y 80 ya ha concluido su etapa o periodo de vigencia. Debería ser obvio. 

Entrando ahora si en materia. Las viejas ideas del sindicato como "correa de trasmisión" del partido son desde hace buen tiempo algo obsoleto y sin utilidad alguna. El sindicato en su desarrollo, aquí y en todo el mundo moderno, ha asumido una función institucional central en el orden democrático. Tanto así que ya algunos cientistas sociales señalan que no puede haber democracia sin sindicatos autónomos. 







Giuseppe Di Vitorio. Comunista, sindicalista e internacionalista. La autonomía sindical y el frente único son parte de su legado. 






Básicamente, la subordinación del sindicato al partido tiene un origen coyuntural en la tradición marxista. Durante la revolución rusa, Lenin, en medio de una guerra civil, entiende la necesidad de centralizar alrededor del partido al conjunto de organizaciones sociales y utiliza la frase de "correa de trasmisión". Sin embargo, como nos recuerda Martha Harnecker, Lenin una vez pasados los primeros años de la revolución y ante la consolidación de la NEP, registra el nuevo rol de los sindicatos, afirmando su autonomía para poder denunciar cualquier desviación burocrática del naciente estado obrero. Lamentablemente, ya Stalin aparecía y dejaba en suspenso la prédica leninista. 

Durante la guerra fría, los partidos comunistas trataron con diferente éxito de subordinar a los sindicatos. En la práctica se trataba de una profunda desconfianza en los trabajadores. La política era el ámbito de los partidos dejando al sindicato el reclamo económico. Sin embargo, instrumentalizar a los sindicatos no fue una práctica exclusiva de los comunistas, sino un reflejo de las tensiones de la guerra fría. Por ejemplo, la AFL-CIO tuvo un papel lamentable en este periodo, articulada casi de manera orgánica a los intereses de estado, a la política anticomunista del gobierno de EEUU en los 50s. En el caso peruano, la CTP se convirtió en una herramienta de los apristas para acallar cualquier reclamo laboral. Hasta la fecha, es común hablar de la CTP como la "CTP aprista". Cualquier trabajador mas o menos informado sabe que en esa central no se decide nada, sino simplemente se obedece lo que se dictamina en el partido aprista. 

Entonces, decir que un sindicato es correa de trasmisión del partido, representa dos cosas: negar la posibilidad del sindicato para actuar autónomamente  y a la vez, desaloja del ámbito político al sindicato dejándole el terreno del reclamo económico. 

Pero los trabajadores, la clase, va construyendo su autonomía, va conquistando su libertad. 

Como decía Bruno Trentín, los sindicatos "debían de pensar con cabeza propia".  Desde la CGIL por ejemplo, con el ejemplo de líderes sindicales como Di Vittorio, se fue revalorizando la idea de autonomía sindical. No fue un proceso sencillo, sino de debate y discusión.En el Perú, José Carlos Mariategui había separado claramente la lógica partidaria de la razón sindical. Reconoce la necesidad de los trabajadores de hacer política con ambos instrumentos, los cuales deben respetarse mutuamente. No hay en su pensamiento nada que pueda justificar la subordinación del sindicato por el partido. 

El sujeto social cambia en el tiempo. Actualmente, los jóvenes sindicalistas asumen compromisos por la justicia social, la democracia, el respeto a los derechos laborales y humanos en general, pero mantienen una profunda desconfianza por la acción partidaria. Resulta claro, que los sindicatos se están renovando más rápidamente que los partidos que tienen afiliados en el mundo del trabajo. 

Actualmente, queda claro que tanto los partidos como los sindicatos son instituciones fundamentales en la política democrática. El sindicato es cada vez más un sujeto político, en el sentido que sus intereses y reclamos no se agotan en lo económico sino implican la construcción de propuestas políticas de cambio y reforma. El gran mérito del sindicato es precisamente articular la economía con la política. El reclamo puntual con la propuesta de cambio. 

El sindicato mantiene un diálogo permanente, que muchas veces implica una acción conjunta con los partidos de izquierda (pues la izquierda sigue siendo el horizonte cultural del sindicalismo), y si bien son pocos, existen trabajadores que pueden articular tanto una militancia sindical y partidaria (como trata de hacer cotidianamente el autor de estas lineas). No se trata simplemente de influir o persuadir sino de dialogar con respeto, reconociendo las particularidades de cada institución. 

En resumen, el concepto fundamental aquí es la "autonomía sindical". Esto implica que cualquier decisión que tome el sindicato responde a los que todos sus afiliados decidan de acuerdo a los métodos democráticos establecidos en sus estatutos y reglamentos. Es un sujeto soberano que no rinde cuentas ni obligaciones a patrones, gobiernos o partido alguno. En buena cuenta, el tema de la autonomía sindical es uno de los retos y problemas fundamentales del sindicalismo peruano en la presente coyuntura.