20 de marzo de 2012

Sigue la conversa con Isidor Boix y Pepe López Bulla


Esta conversación con Isidor Boix y José López Bulla resulta la mar de interesante y muy educativa. Me ayuda a ordenar ideas y contrastar preocupaciones y dudas. Es la ventaja de conversar con compañeros de larga trayectoria. En esta oportunidad, me he tomado algo de tiempo para que mi intervención pueda dar más tema de discusión. Esta de más señalar que se hace con mucho respeto y que si alguna expresión resulta muy fuerte, es sólo entusiasmo y no mala intención.  

Quiero responder primero a Isidor señalando estos tres puntos: sobre el problema principal en el sindicalismo latinoamericano, luego sobre la relación sindicato-partido y finalmente sobre la conciencia de clase 

Después anoto algunas cosas sobre la intervención del compañero José López Bulla

Empecemos

La postura inicial de Isidor era reduccionista. Mi argumento en el articulo anterior apunta a evidenciar que en el caso del sindicalismo latinoamericano señalar que la dependencia de la política es su problema principal, resulta desproporcionado y erróneo. Veo con alegría que ahora ya no se habla de “depedencia” sino de “interdepdencia” y que la afirmación inicial ha sido matizada. Bien. 

La referencia que hice a los casos de Argentina, México y Brasil, no buscaba subrayar lo exitoso o no de dicha relación, sino hacer evidente las diferencias de forma, fondo y resultado de la complicada relación entre partido y sindicato. Es una manera de señalar que la hipótesis de Isidor resulta endeble. Entonces, ni ese es el problema principal, ni esa es la relación que existe por acá. 

La relación partido-sindicato. 

 La discusión sobre partido y sindicato en términos de correa de trasmisión es parte del pasado. Tanto en España como en América Latina. En este continente no existen partidos “de la clase obrera” que subordinen la acción de un sindicato nacional. Existen obviamente caudillos locales aquí y en todas partes, pero las fuentes de legitimidad de dichos caciquismos no son las de una membresía partidaria. Las viejas correas de trasmisión se rompieron por estas tierras en los 90s en gran parte por la crisis de los partidos de izquierda y también por los procesos de cambio en el mundo del trabajo que definen un nuevo rostro a las masas asalariadas. 

Pero, no debemos olvidar que las “correas” fueron un intento de respuesta a una pregunta que sigue pendiente: es decir, ¿qué tipo de relación existe entre un partido de izquierda y un sindicato de clase? Para mi resulta claro que se trata de una relación de “complementariedad”. 

No me parece que el nuevo término de Isidor sea más claro que el anterior. No se trata de interdependencia. Es más, resulta curioso que se elija ese término puesto que implica una dependencia mutua. Mientras, lo complementario alude a dos autonomías que se articulan en función de intereses comunes. 

Isidor señala que la acción sindical no transforma al mundo desde una utopia, es decir, desde un horizonte de valores. Pero los cambios que opera el sindicato en la realidad de los asalariados transforman el mundo. En este sentido, lo que señala Isidor si entiendo bien, es que la acción conjunta transformadora desde el sindicato seria un efecto inconsciente o no deseado. 

La conciencia de clase

Para Isidor, el sindicato, en su acción cotidiana, de manera azarosa va transformando el mundo. En cada huelga y en cada negociación va cambiando el mundo, casi sin darse cuenta. Al carecer de un horizonte utópico no tiene una direccionalidad a este proceso. Las consecuencias prácticas de esta lógica pueden verse hoy en la Europa sindical. 

Entonces, el sujeto colectivo sindical de Isidor resulta no sólo despartidarizado sino también es inconsciente. No necesita de eso que los antiguos llamaban “conciencia de clase”. Ya Lenin habia sido muy audaz al asumir que la conciencia llegaba a la clase obrera desde afuera. Isidor da un paso más y señala que ya ni es necesario que llegue. 

Por el contrario mi posición señala que ambos colectivos siendo diferentes en sus representaciones pueden ser complementarios cuando comparten los mismos horizontes de valores, cuando hay un punto de encuentro en la conciencia de clase. Es decir, en la acción razonada que colectivamente desarrolla un partido o un sindicato. 

En este sentido, no se puede entender la relación sindicato-partido sin el concepto previo de “conciencia de clase”. Obviamente no se trata de procesos automáticos ni mecánicos. El uso de los condicionales no es gratuito ni una forma de redacción. Se trata de una voluntad por hacer las cosas de determinada manera. En este caso, de construir una relación complementaria entre el partido y el sindicato. Y dicha voluntad resulta viable en determinadas condiciones. 

Entiendo por ejemplo que esa era la intención de Mariategui en Perú, fundador del partido comunista y de la Confederación General de Trabajadores del Perú. Nada más alejado de Mariategui que un modelo de correas de trasmisión. Basta leer primer estatuto de la CGTP para entender dicha complementariedad. Por eso, la propuesta de Isidor navega entre definiciones de intereses y sujetos colectivos, por que su razonamiento no puede explicar cómo en el espacio geográfico donde más conquistas ha logrado el sujeto colectivo asalariado, resulta a la vez, difícil y complicada la acción sindical conjunta.

Con el compa Pepe López Bulla

Comparto lo que señala acerca de la importancia de las normas como expresión de autonomía. pero es necesario recordar que muchas veces, las normas no se han establecido para abrir espacios de autonomía sino para cerrar ventanas a quienes piensan diferente. Y si ya están adentro, para abrirles la puerta... de salida. Esto es así, porque el sindicato es también un espacio de poder ( a veces de micropoder).

En la experiencia sindical por estos lares, donde predomina la negociación a nivel de empresa, resulta más sencillo el sistema de chequeo y control de nuestras micro negociaciones colectivas. En general, no hay convenio colectivo firmado si una asamblea no lo ha aprobado. A nivel de rama de producción, entiendo que el sistema de control opera más en la conformación de la comisión negociadora, que trata de ser muy amplia y representativa. Algunas veces, una asamblea de delegados procesa un convenio antes de su firma. 

Lo otro, la separación de responsabilidades sindicales y políticas es un tema muy interesante. Para que los lectores estén al tanto: el Estatuto de Comisiones Obreras señala que es incompatible detentar un cargo sindical y un cargo político. Es decir, no se puede ser parlamentario y dirigente sindical, por ejemplo. Entiendo que la razón es la diferencia de las representaciones. Una es política  y la otra es social.

Me gustaría preguntarle al compa López Bulla si esta medida no fue pensada más bien para interrumpir la permanencia de los dirigentes más políticos en el sindicalismo. 

La lógica es que un dirigente sindical aspire a dar el salto a la política. No al revés. Entonces, en caso de ser elegido dispondría de recursos mayores y diferentes al resto de dirigentes sindicales, colocándolo en una posición de extrema ventaja en caso que pase por su cabecita la idea de quedarse más tiempo en la silla sindical. ¿Fue para evitar esto que promovieron dicha medida?

Un abrazo a ambos compañeros,