22 de diciembre de 2009

Cinco años más de derecha neoliberal

Imaginemos que Ollanta sigue desarrollando una extraña estrategia electoral que consiste en usar la carta nacionalista a secas, ser cauto, centrarse en polémicas y debates sobre la inversión chilena en el Perú, el TLC con dicho país, la carrera armamentista y cosas afines. Ni una palabra sobre política  económica, inversión social, despidos, derechos laborales o libertad sindical. Ni una sola propuesta de reforma estructural en serio.

Algunos analistas tratan de encontrar similitudes entre el nacionalismo de Velasco y el de Ollanta. Se trata de especies diferentes. Lo de Velasco era una propuesta de reformismo con tintes nacionalistas. Lo de Ollanta es simplemente nacionalismo de desfile escolar. La ausencia de un discurso claramente cuestionador del actual desorden político y económico deja la agenda libre para los énfasis de la derecha: competitividad, inversión extranjera, eficiencia económica, flexibilización laboral, minería sin consecuencias.

¿Sigue siendo Ollanta una alternativa electoral?

Las encuestas señalan un escenario que de tanto repetirse parece incuestionable: Ollanta Humala tiene una sólida oportunidad de ubicarse entre los dos primeros puestos, aunque sin alcanzar la mitad más uno para el triunfo en primera vuelta. El problema es básicamente Lima que vota a derechas.

En segunda vuelta, Ollanta pierde con cualquier candidato. No hay ningún candidato que pierda frente a Ollanta. El interés de los humalistas por desdibujar la imagen de "izquierdistas chavistas" de las elecciones anteriores, los ha terminado por desdibujar completamente.

¿Cuál es la estrategia?

La estrategia de Ollanta es clara a estas alturas. Seguirá tratando de sumar en el centro electoral urbano aunque hasta ahora eso no ha funcionado y probablemente no va a funcionar. Seguirá tratando de ganarse a la gelatinosa clase media criolla limeña que lo ve como un outsider irresponsable. En caso de una derrota electoral en segunda vuelta y con un escaso margen diferencial, es muy probable que los nacionalistas señalen un fraude electoral y mantener un escenario post electoral en crisis que les permita una mayor presencia política.

¿Que hace la izquierda mientras tanto?

Seguimos soñando con la llamada telefónica que nos aupe en el carro del nacionalismo local y nos lleve directo al parlamento. La izquierda partidaria quiere un acuerdo institucional con los nacionalistas. Lo que olvidamos es que ni el PNP ni la izquierda son instituciones, en sentido estricto. Mal hariamos en pedirle peras al olmo. La izquierda local destaca de sobremanera por su increible capacidad de no aprender de sus errores. Lejos de construir un proyecto de largo plazo, con carácter institucional, que sirva para más allá de una contienda electoral, vamos creando membretes sin ton ni son. Digamos que hay "izquierda para todos".

A veces parece que la actual generación que conduce la izquierda parte del supuesto que la ciudadanía es poco menos que idiota. En el partido, hemos pasado de "Frente Popular" a "Liberación Popular" y no entiendo bien cuál es la diferencia o si hay alguna diferencia. Patria Roja insiste en hacernos creer que el MNI es un proyecto autónomo. Y el PS, en decirnos que la renuncia de su secretaria general no es nada.

Toda la izquierda capaz de llenar un parque quiere estar con Ollanta. Los ultras -capaces de llenar una banca de un parque- también, pero no lo dicen en voz alta.  Lo que va a ocurrir en el mejor de los casos es que Ollanta va a "invitar" a algunos notables de la izquierda y ofrecerles un número en la lista parlamentaria. Probablemente a solas, a cada uno le diga que la "alianza verdadera" es cada partido respectivamente; y así todos andarán contentos.

Pero, seamos claros, Ollanta no va a hacer una alianza formal ni informal con la izquierda. Su partido irá sólo a las elecciones. Ellos van a manejar la sartén por el mango y confeccionar la lista parlamentaria a su gusto y parecer. No nos quieren. No nos necesitan. No nos van a llamar. 

La izquierda va a seguir dividida mientras cada grupo mantenga la idea que puede ser socio igualitario con Ollanta. Lo sorprendente de esta situación es que líderes con un caudal electoral menor a 1% se comportan como futuros socios de un gobierno popular. El problema de la izquierda es el permanente desencuentro entre una dirección política y los ciudadanos comunes y corrientes. Tanto la derecha como la izquierda disponen de agendas políticas que no recogen los problemas ni representan los intereses del ciudadano promedio. Peor aún, la izquierda no tiene el más mínimo interes en hacer una pedagogía política que acerque la agenda con los intereses sociales. Y esto se aplica tanto a los partidos de izquierda como el PC, PS y Patria Roja como a outsiders progresistas como Marco Arana y Alberto Pizango.  

En el mejor de los escenarios, en el próximo parlamento tendremos tres o cuatro parlamentarios de la izquierda partidaria, dentro de la bancada nacionalista.

¿Y en palacio de gobierno? La derecha nuevamente, ya sea el centro derecha de Toledo o los apristas.

El futuro es sombrío. Los sindicatos deben prepararse para cinco años más de derecha neoliberal.