24 de diciembre de 2009

Los tres trabajadores

Hace mucho tiempo, una de las tardes de verano que ayudaba en la CGTP, el viejo Juan estaba hablando con tres jóvenes trabajadores que habían venido a preguntar sobre cómo formar un sindicato. El viejo les explica con paciencia los procedimientos legales pero los tres parecían apurados. Veo que lo escuchan con escepticismo. Luego, uno de ellos pregunta incómodo -¿Pero no es mucho trámite?  nosotros queremos formar rápido el sindicato...para que hacer tanta asamblea, ¿podría hacer que firmen nomas?.

Otro dijo inmediatamente -¿Además para que tanta votación? ¿No podríamos decidir aquí nomas? Los demás tienen mucho miedo.  

En ese momento pensé que el viejo iba a estallar en cólera y gritos destemplados. Todos sabíamos en la CGTP cómo se ponía cuando alguien trataba de saltarse la democracia sindical. Sin embargo mi sorpresa fue grande cuando lo escuché decir. -Ah, claro, podría hacerse...

Abrí mis ojos como dos platos y y no pude evitar un carraspeo incómodo. El viejo ni me miró y siguió hablando. -Ustedes me han hecho acordar el caso muy interesante de otros tres trabajadores hace un tiempo que vinieron aquí y cada uno quería formar un sindicato en su trabajo. El primero era muy joven así como tu y pensaba también como tu, rápidamente junto las firmas hablando no más, sin tanta asamblea, sin tanta reunión y tramito su registro sindical.

-¿Y salió bien? preguntó uno de los jóvenes

-Fue el primero en registrar su sindicato- dijo el viejo viendo como se iluminaba la cara del trabajador que había sugerido lo mismo.

-Pero, luego vino el gerente y les dijo: abandonen el sindicato o despediré y despediré y tu sindicato destruiré...

-¿Y el sindicato? preguntó uno de los tres. -El sindicato desapareció, cayó inmediatamente por que los trabajadores ni siquiera se conocían entre ellos, ni sabían quienes eran sus dirigentes-. El rostro del que había sugerido obviar la asamblea se ensombrecio y quedo callado.  

Luego el viejo Juan siguió hablando -El siguiente trabajador si realizó una asamblea, pero como quería ser elegido dirigente y quería poner a sus amigos en los cargos, pues no hizo una elección y nombro a dedo a los dirigentes, así pudo formar un equipo a su gusto.

-Bueno, ¿es tan malo eso? dijo el segundo joven.

El viejo Juan lo mira con paciencia y continua: -El empresario vino y les dijo salgan todos del sindicato! O si no despediré y despediré y tu sindicato destruiré...

Empecé a sentir que la historia me era familiar, como si ya la hubiera escuchado. Pero los jóvenes trabajadores estaban absortos escuchando al viejo. -¿El segundo sindicato también fue destruido? preguntó uno de ellos. -Resistió un poco más pero al final, el empresario se salió con la suya por que los dirigentes sindicales no tenían el respaldo de sus afiliados.  

-¿Y el tercer trabajador que hizo? pregunto el ultimo joven. El viejo habla pausadamente -Ahhh allí se hizo una asamblea grande con muchos trabajadores y trabajadoras, se discutió mucho, se hicieron preguntas, respuestas y en ella los trabajadores escogieron libremente a sus dirigentes, analizando a cada uno, sopesando cada punto. Claro el registro no salió tan rápido, pero igual salió y el sindicato se formó. Cuando vino el empresario les dijo lo de siempre: salgan de ese sindicato o despediré y despediré y tu sindicato destruiré.

Los tres jóvenes miraban hipnotizados al viejo. A veces Juan hacia eso, crear una expectativa tan grande que terminaba siendo casi insoportable. -¿Que pasó? gritaron al unísono.

-Bueno, el empresario amenazó y amenazó pero el sindicato resistió. Nadie renunció ni fue despedido, todos juntos y firmes presentaron su pliego, lo obligaron a negociar y el sindicato quedó en pie. Concluye el viejo provocando la alegría de todo final feliz.  

Los tres jóvenes se miraron entre si y entendieron que debían hacer una asamblea, dejar que la gente decida libremente y así el sindicato sería fuerte frente a cualquier amenaza. Quedaron en invitar al viejo a su asamblea. Se fueron muy animados y contentos.

Cuando se fueron, no pude evitar una sonrisa cómplice y decirle -Oiga compañero esa historia sí me la sabía, pero con otros personajes. Casi sin hacerme caso, el viejo Juan me dice con seriedad -Es muy antigua, del siglo XVIII. Una herramienta debe usarse mientras siga siendo útil.