7 de junio de 2009

Bagua: la responsabilidad de todas las muertes es únicamente del gobierno

Cuando la sociedad es enfrentada a situaciones como lo ocurrido en Bagua, es posible desarrollar diferentes lecturas. Políticas, éticas, técnicas. Algunas más amorales, otras más pragmáticas. Por un lado esta la necesidad de disponer de información más o menos veraz. Es el rol de los periodistas. Luego, de interpretar dicha información y descubrir un esquema, un patrón, una explicación. Es el rol de los analistas.

Lo ocurrido en Bagua y las primeras interpretaciones hechas, -especialmente por las fuentes cercanas al gobierno- establecen paralelos con los años de violencia senderista. Y de allí, cierta prensa de centro izquierda y centro derecha se encuentran para responsabilizar por igual a los dos actores del conflicto. Una explicación salomónica que ve tanto en el gobierno como en la representación amazónica a los responsables de las muertes y la violencia. El gobierno es autoritario y los amazónicos radicales. Ergo: todos tienen la culpa.

Pero no es asi. No podemos medir como iguales al Estado y a los ciudadanos. Lo que hemos visto, es que la autoridad estatal ha dictado normas inconstitucionales para luego permanecer indiferente más de 50 dias frente al reclamo ciudadano. Finalmente, ha pretendido acallarlo de manera violenta. El estado peruano violentando a ciudadanos que ejercian la defensa constitucional de sus derechos.

Visto así, este hecho se parece más al golpe del 5 de abril. Un gobierno violentando su propio orden constitucional en contra de los ciudadanos. Curiosamente, en ese momento muchos analistas entendieron el golpe autoritario como "responsabilidad de todos".

Pero volvamos a lo ocurrido en Bagua. Cuando la derecha reclama orden se limita a pensar en represión. Y tanto lo repite que ahora es casi sentido común pensar asi. Y creemos que el rol per se del Estado es reprimir. Es disparar primero para evitar la muerte de tantos policias. No. El rol de un verdadero Estado democrático es impedir la posibilidad misma que un ciudadano se vea en el trance de discernir si debe o no atacar a un policía.

Es decir, se trata de gobernar atendiendo los reclamos antes que estos se conviertan en paros de 50 dias. Gobernar es precisamente escuchar. Si el gobierno aprista hiciera bien su labor, no habrían ocurrido las muertes en Bagua. El rol principal de un ciudadano en democracia es protestar -que es una forma de participar en la política-, pues del disenso es que se construye la política democrática. Y el nivel, intensidad y violencia de la protesta es inversamente proporcional a la atención que le preste el gobierno de turno.

Se acusa de intolerantes y radicales a la representación amazónica. Evidentemente lo hacen quienes son permanentemente escuchados y atendidos por Palacio. Pero ¿qué de irracional tiene radicalizar una protesta cuando no es atendida? Cuando tocas una puerta y no te abren ¿qué haces? ¿Golpeas más despacio?. No. Las demandas amazónicas son para su representación social, válidas, legítimas y más aún son esenciales para su forma de vida y cultura. Defenderlas de manera radical es lo más sensato que pueden hacer. Más aún cuando no son escuchados.

Por estas razones, la responsabilidad de todas las muertes es únicamente del gobierno. No de Pizango, ni de Aidesep ni del resto de la representación amazónica. Solamente del gobierno aprista. Claro, no faltará quien diga que la única alternativa es el diálogo y nunca la violencia. En verdad, no son caminos separados. El diálogo se da antes, durante y después de la violencia. Pero nuevamente, la responsabilidad del diálogo es del gobernante. Un ciudadano que protesta es un ciudadano que quiere ser escuchado. Desalojar una carretera no es poner orden, es una manera de decir: "No me interesa por qué estas aquí, sólo debes irte."

Pero aquí en Lima -de un tiempo a esta parte- estamos acostumbrados a no hacer bulla, a no hacer olas, a hablar bajito para que nadie se despierte. Por ejemplo, algunas veces, un sindicato nuevo ve cómo le despiden a un par de dirigentes. Es ilegal, es inconstitucional, es indignante. Pero los que quedan me dicen "mejor no hagamos nada, asi tal vez la empresa deje de golpearnos". Alucinante. En algún momento los limeños perdimos coraje y nos han convencido que poner la otra mejilla es una estrategia exitosa de defensa.

Y la derecha empresarial y la clase política, acostumbrada a una generación de trabajadores atemorizados y ahuevados en Lima, cree que todos los peruanos son así. Pero no. Por eso le va tan mal en provincias. Porque esta lógica de "te pego y te callas" sólo funciona aquí.

Algunos analistas se sienten cómodos desde una posición equidistante, midiendo milimétricamente responsabilidades para no parecer parciales. Tarea inútil, cuando no hipócrita. Cuando un Estado agrede a sus ciudadanos, no hay neutralidad posible. Ser neutral es inmoral.