10 de abril de 2009

Fujimorismo y escenario político

En los últimos días, luego de la condena a Fujimori, se viene discutiendo el nuevo escenario político que se configura a partir de dicho evento. Algunas ideas van quedando claras en esta discusión.

La condena a Fujimori, más allá de sus virtudes jurídicas, representa un duro golpe a la derecha empresarial, mediática y política. Debilita a su más radical exponente que es el fujimorismo. A pesar que sus medios de prensa tienden a sobredimensionar el arraigo popular del fujimorismo, ya sea mediante encuestas -cada vez más claramente manipuladas, como la de CPI- o de exagerar la cantidad de participantes en sus concentraciones.

El fujimorismo esta cada vez más derrotado. Keiko, a partir de la condena, se ve obligada a condicionar su agenda política a la liberación de su padre. Sospecho que el efecto de la condena tendrá entre los simpatizantes fujimoristas el mismo que la captura de Abimael tuvo entre los senderistas: una polarización de pequeños núcleos y la posterior desbandada en masa. Sus amanazas de "tomar las calles" sólo quedan como un improntus muy alejado de cualquier posibilidad real.

Los más preocupados deben ser los empresarios que de pronto se quedan sin uno de sus mejores operadores. El antiguo triángulo entre empresarios, fujimorismo y clases populares se basaba en relaciones estrictamente clientelares. En un contexto de crisis y derrotas políticas resulta más difícil mantener las lealtades compradas en el pasado.

Y claro, también Alan, cuya alianza con el fujimorismo ahora se verá sometida a nuevas tensiones. Como sabemos, la alianza entre apristas y fujimoristas, es un tema de debate desde hace mucho tiempo. Negada por los partícipes y sus analistas, pero vista desde sus resultados, no deja de ser válida por el final del juicio. Para García un escenario donde Fujimori es exculpado hubiera resultado mucho más inmanejable a nivel interno y externo. El ejecutivo se abstiene de intervenir en el poder judicial en esta etapa cuando los reflectores están ávidos, pues aguarda una mejor oportunidad. En la lógica de García, si los fujimoristas ya han esperado tanto tiempo, pueden soportar unos meses más.

Algunos señalan la condena como un éxito de las personalidades de la izquierda "reformista" o como despectivamente la denominan algunos "caviar". Por el contrario, me parece que la parte de la sociedad peruana activamente interesada en que se haga justicia en el caso de Fujimori es mucho más que un sector de la izquierda. La CGTP ha sido entre otras una de las instituciones que ha organizado la presencia de los ciudadanos en las manifestaciones por una sanción debida a los delitos de Fujimori.

El temor de cierta prensa y analistas profujimoristas es precisamente, que otro sector capitalice la condena electoral. Pero es muy complicado. Un grupo de personalidades de izquierda no constituyen un referente político viable. Y la otra izquierda, la de los partidos (PC, Patria Roja y PS) no dispone de los mecanismos orgánicos, de prensa o humanos para aprovechar esta coyuntura.

El próximo periodo verá como el fujimorismo deja de ser una alternativa electoral para reducirse a un grupo de presión mediático por la libertad del reo Fujimori. Mientras Humala, convencido que su cercanía a la izquierda fue la razón de su derrota anterior, se moverá simbólica y programáticamente, todo lo posible hacia el centro. Atrás quedaran las asambleas de los pueblos y las coordinadoras políticas. Puesto que el discurso nacionalista puede ser tanto de izquierdas como de derechas. La izquierda partidaria seguirá tras Humala todo el tiempo posible, para la víspera ser desembarcada de mala manera. Se quedará nuevamente "en la calle", muy lejos del parlamento.

Para la derecha más pragmática, la opción sigue siendo el Apra. Alan García ha demostrado ser completamente capaz de negar aquello que era lo más sano del aprismo, para servir a los intereses del gran capital, sin expresar el más mínimo pudor o vergüenza. Lamentablemente no es el único aprista interesado en continuar con el mismo guión. Meche Cabanillas por ejemplo, puede ser la próxima carta electoral de la derecha en el país.