21 de noviembre de 2010

Las izquierdas desunidas

Ya es una costumbre que el tema de la unidad de la izquierda se retome a las puertas de una nueva elección presidencial y parlamentaria.

Y nuevamente, la posibilidad que todas las fuerzas de izquierda -en sentido amplio- logren articular una sola propuesta resulta en fracaso.

¿Qué pasa que no logramos aprender de nuestros errores?

Uno podría ensayar largos discursos para explicar, lamentar y renegar de este nuevo fracaso de la izquierda. Prefiero señalar sólo tres elementos, de los muchos que puede haber.

a.- Hay una vieja generación incapaz de salir de escena

Es un tema tabú. No se menciona por que parece ser de mal gusto y pierdes puntos en las organizaciones partidarias. Pero lo  real es que los actuales líderes de la izquierda son los mismos desde los años 80s. Han sobrevivido a la caída del Muero de Berlín y a todas las derrotas electorales de las izquierdas y no han hecho ni un balance, ni un mea culpa. Todos deberían de jubilarse, por algo ya son mayores de 60 años.

Siguen en escena, porque en la política peruana nadie -salvo los coherentes y honestos- ceden su lugar luego de llevarnos de derrota en derrota. Ciertamente, es un mérito que sigan siendo de izquierda, más aún cuando muchos de dicha generación abandonaron sus ideales ya sea con el fujimorismo, el toledismo o el alanismo. Pero la consecuencia no es un salvoconducto.

Esta generación desesperadamente quiere una cuota de poder y vive encapsulada con 1983 cuando IU gana las elecciones municipales y la guerra fría significaba algo.

¿Por qué es tan importante que sean precisamente ellos los parlamentarios? 

b.- La izquierda ha perdido su articulación con los sujetos sociales

La sociedad ha cambiado en los últimos 30 años y esta vieja generación de izquierdistas no logra aceptar dichos cambios. La izquierda partidaria ha perdido su articulación con los sujetos sociales y ha trastocado la militancia en diversas formas de clientelismo. La nueva izquierda incapaz incluso de algún modelo clientelar, se conforma con caudillismos de baja intensidad. Entre caudillos y clientelas, la sociedad trascurre por un lado y las izquierdas por otro.

Pero eso no significa que la sociedad no tenga reivindicaciones radicales. El conflicto social permanece y se hace más grave, A veces alrededor de ejes clasistas, a veces con otras articulaciones. Pero sin una organización política, el conflicto no pasa de ser estallido social que se apaga cuando es reprimido.  

¿No podemos pensar en una organización política de izquierda que este realmente articulada a gente de carne y hueso?

c.- Los jóvenes prefieren articularse a un modelo/proyecto que crear el propio

Ahora hay jóvenes. Y de izquierda. Ya es algo y es bueno. Pero nuestros jóvenes no son aún una generación, una propuesta, un ideal. Predomina el espíritu de secta, el grupo pequeño, la verdad revelada y la consiguiente desconfianza en el otro.

Los jóvenes cada vez más rápido aprenden las viejas manías, asumen las etiquetas de los mayores y se compran pleitos ajenos, antes que plantear los propios. Más interesados en integrarse en un establishment de izquierda que en cuestionar y criticar lo existente. La militancia es al caudillo y no al partido. La misma idea de partido ha cambiado.

¿Por que lo jóvenes están tan apurados por ganar unas elecciones generales y no tanto -nada, en verdad- en ayudarme a formar sindicatos? 

El fracaso de estas izquierdas, que incluso para el más despistado, ya debe ser claro en este momento, podría no ser más que un hecho anecdótico y superficial. Pero no lo es.

Los trabajadores y trabajadoras, los pobres del campo y la ciudad, los empleados de FASA que ganan 137 soles mensuales, las enfermeras de la Clínica Montefiori que no reciben un aumento desde hace diez años y siguen con el salario mínimo, los trabajadores de Claro despedidos, los también despedidos de Star Print, los jóvenes del espárrago en Ica que reciben menos de 15 soles por día luego de doce horas de trabajo, todos ellos y ellas y muchos más, necesitan una izquierda que este unida, que sea fuerte y radical, que ponga la cara por ellos en sus marchas, plantones y huelgas, en sus trámites interminables en juzgados y ministerios, en todas partes.

Cada día sin ella es una derrota más, un golpe más, un abuso más. Necesitamos una izquierda, una sola. Es nuestra responsabilidad frente a todos los que sufren y son maltratados.