14 de junio de 2010

Las izquierdas en la coyuntura


No es tiempo para entusiasmos exagerados. No se trata de ser pesimista sino de mirar lo que ocurre con espíritu desapasionado para poder sopesar las diferentes fuerzas, opciones y peligros en escena. La última movilización realizada en Lima, el pasado 08 de Junio conmemorando los lamentables sucesos ocurridos en Bagua el año pasado, es una muestra de las serias limitaciones que tienen las fuerzas de izquierda para recuperar el escenario político.

La marcha tuvo una convocatoria muy limitada, que supero ligeramente las mil personas. Más allá del entusiasmo, de los jóvenes, de pancartas y colores, lo concreto es que poca gente se movilizó, y no se logró superar el cerco informativo. Significativamente, no participaron de manera explícita los tres partidos de la izquierda (Patria Roja, PS y PCP) agrupados en la CPS. Tampoco estuvo la CGTP ni sus principales bases como Sutep o Construcción Civil. Las ausencias también tienen sus razones. Entendemos que es parte de las dificultades que tienen las izquierdas en el país para comunicarse entre sí.

Las izquierdas siguen siendo una propuesta minoritaria en el país, incapaces de interesar y convocar a los ciudadanos en general. Lo que ocurre, no es algo tampoco nuevo en la historia política del país. Se trata básicamente de nuestra tradicional incapacidad para sumar propuestas de manera orgánica. En cierto sentido, la última marcha es la más concreta expresión de la convocatoria que disponen los colectivos izquierdistas, las asociaciones indígenas y los nuevos partidos como Tierra y Libertad. Mucho entusiasmo pero poca acogida.

Las izquierdas en el país comprenden tres grandes grupos. Muy cerca al centro están lo que se llama "caviares". En claro, "caviar" es más un membrete general para identificar a demócratas con diverso grado de sensibilidad social. Básicamente son individualidades bien dispuestas en algunos medios y parcelas de poder. Las dificultades comunicativas y de organización que muestra la candidatura de Susana Villarán son un buen ejemplo de los límites de dicha propuesta.

Luego tenemos a los tres partidos tradicionales de la izquierda. Orgánicamente debilitados, con dificultades para la renovación generacional y de discurso, disponen de alguna estructura (PR y PCP) que les permite contar con un apoyo de masas bajo determinadas circunstancias y de manera irregular, pero aún así son más que cualquier otro grupo en la izquierda. El PS se encuentra en una -ya repetida- centrífuga donde valiosos cuadros son lanzados (autolanzados) a ambos extremos del espectro político.

Lo nuevo se encuentra a la izquierda de la izquierda. Allí tenemos colectivos de jóvenes universitarios y barriales, que alrededor de figuras como el Che y Arguedas, empiezan a articular un discurso más radical, más contestatario, aunque no sé si marxista. Una suerte de izquierda plebeya aparece en escena. Los trostkistas son un punto intermedio entre los partidos y estos colectivos. Ese mismo punto es el que busca representar Tierra y Libertad, hasta ahora entiendo que con éxito, lo cual explicaría el actual desbarajuste en las filas trostkistas.

El problema con la izquierda plebeya es el espíritu de secta que la atraviesa. El colectivo es una forma de organización de grupos pequeños, con democracia horizontal, orientado a la acción militante. No es una estructura que pueda organizar un grupo amplio de personas. Un grupo pequeño sin un referente de masas que representar, se orienta al debate ideológico antes que al programático. El colectivo debe reafirmar permanentemente su identidad parcelada para evitar desdibujarse. Banderola, polo y eslogan propio.

El discurso radical que coquetea con la lucha armada no es pues, el problema principal. Es casi inevitable que en una sociedad tan desigual y conflictiva como la nuestra aparezcan discursos extrainstitucionales. En general, podría asumirse que resulta hasta necesario el nuevo radicalismo plebeyo, en la medida que crea las condiciones para una crítica más de fondo a la democracia peruana. el problema radica en la dificultad de sumar intereses desde pequeñas identidades ideologizadas.

Para poder llegar al gobierno y eventualmente al poder, las izquierdas necesitan una estructura organizativa que sea radical, democrática y de masas. No la tenemos ahora, y los sujetos políticos en escena no tienen la intención de formarla. En los colectivos se discuten las tareas de la futura revolución peruana, lo que debe y no debe hacer el gobierno de obreros y campesinos en su primer quinquenio. Pero no se tiene ninguna idea de cómo llegar a dicho gobierno. Aparentemente, el poder caerá del cielo.

Hemos señalado que seguiremos siendo minoría entusiasta mientras no logremos "sumar intereses" de manera orgánica, no coyuntural. Veamos, para lograr esto los caviares no nos interesan ni sirven. El reto es como articular los viejos partidos de izquierda con los nuevos colectivos y grupos del cual TyL es un referente principal. Los desencuentros entre la CPS y TyL son una buena expresión del problema. Tengo la impresión que las diferencias no son tanto ideológicas o programáticas como sociales y generacionales.

Las posibilidades de construir una izquierda unida son cada vez menores. La coyuntura electoral que se viene va a enfrentar a las izquierdas. Disputas entre los que desean agradar a Ollanta y ganar sus favores, disputas entre los que se van con Pizango y Arana, para ver quien va delante y con quién no se hacen alianzas pues contamina.

Una nueva derrota aparece en el futuro. Más allá de renovar la frustración de una generación política que hace tiempo debió jubilarse, se dejan sin respuesta ni apoyo los reclamos de los que necesitan una izquierda fuerte que saque la cara por ellos.