24 de enero de 2012

La matanza de Atocha y nosotros


"Si el eco de su voz se debilita, pereceremos..."

Hace 35 años, un grupo de jóvenes abogados y un estudiante de Derecho se encontraban en un local de asesoría sindical pasadas las diez de la noche. La ciudad es Madrid y eran los últimos días de la dictadura franquista. Trabajaban asesorando sindicatos por un sueldo muy modesto, sin horario, sin pausa. Eran jóvenes y podrían haber optado por otros vías, más reposadas y lucrativas.

¿Qué hace que un grupo de jóvenes profesionales deje a un lado la búsqueda del éxito personal, de la seguridad económica y opte por dedicar más de 12 horas al día a reuniones sindicales, defensa de trabajadores y formación de sindicatos?.

Eran comunistas. Afiliados al PCE. Eran comunistas y entendían que la militancia no es un camino para trepar en la vida o para llenar curriculums. La militancia política y el compromiso sindical unidos.  La militancia como trabajo real, concreto y sostenido. El compromiso sindical como ejercicio práctico de coherencia, entre lo que se piensa y lo que se hace.

Ahora que en diversos espacios y desde diferentes voces se recuerda -por fin- la necesidad de tener una izquierda como tal, es bueno pensar en aquellos que en otros lares, construyeron una izquierda real, eficaz, militante. Y lo hicieron sin pensar en prebendas, en ministerios, en proyectos, en curriculums o becas. De eso se trata el compromiso político. de hacer algo por el simple hecho de que es lo correcto. Sin buscar un premio.

Y esa entereza, esos principios eran tan evidentes, tan consistentes que el enemigo decide asesinarlos. El fascismo entiende que un grupo de jóvenes abogados comunistas no pueden ser comprados, ni atemorizados.El 24 de enero de 1977 cerca de la medianoche un comando fascista ingresa a ese despacho de abogados laboralistas en Atocha 55 y asesina a cinco sindicalistas.


Enrique Valdevira Ibáñez
Luis Javier Benavides Orgaz
Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco
Serafín Holgado de Antonio
Ángel Rodríguez Leal.

Murieron organizando y defendiendo a los trabajadores, murieron a manos del fascismo, murieron ejerciendo su militancia, murieron por todos nosotros.

También fueron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz, casada con Sauquillo.

El año pasado estuve en el monumento y la calle Atocha. Tomé las fotos que aquí adjunto. Pocas veces el corazón se me ha estrujado tanto como al ver esa calle, esa casa, las placas y el monumento. Imaginaba la casa con los sindicalistas entrando, los abogados conversando. El cansancio, el trabajo, las bromas, las esperanzas. Como la gente que conozco en Lima, que también se queda hasta las tantas atendiendo a sindicalistas, buscando entre las leyes algún resquicio para defender lo justo. Y de pronto, imaginar que se los llevan, que te los quitan, que son asesinados. 

En el entierro, el 26 de enero, acudieron más de 100 mil personas. 



Hace unos días, un sindicalista de verdad, me dijo: "Hacemos lo que hacemos, por que alguien tiene que hacerlo. Lo hacemos sin más, por que es lo correcto. Mañana con seguridad, vendrán otros y se pelearan por premios y honores. Y nosotros nos iremos a un lado. Y eso, si lo piensas, también esta bien.

De ese material estaban hechos los mártires de Atocha. 


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