29 de diciembre de 2010

Sin dios, sin patrón, sin amo. Sindicalismo y laicismo en el Perú

Me es cada vez más dificil entender a muchos compañeros y compañeras sindicalistas en sus afanes evangelizadores. La navidad en diciembre o la procesión del Señor de los Milagros en octubre convierte a muchos sindicalistas en casi apóstoles en peregrinación. ¿El movimiento sindical no es laico? Debería serlo, pero no lo es tanto como quisiéramos aquellos que no compartimos ninguna fe religiosa y tendemos a asumir la responsabilidad de nuestros aciertos y errores.

La religiosidad en el Perú ha sido tanto un instrumento de dominación como una estrategia de sincretismo y sobrevivencia. A diferencia de otras sociedades, en la peruana, el pensamiento contestatario, de izquierdas no ha sido anticlerical. No hemos tenido un discurso anticlerical y mucho menos un ateísmo militante. Sobre la base de una lectura que subraya la misericordia, la humildad, la filantropía, se ha construido una suerte de religiosidad de izquierdas basada en la idea del bien común.

Buena parte de los izquierdistas de clase media llegaron al marxismo de la mano de curas, monjas y religiosos bien intencionados. Hay una fuerte imagen maniquea que divide a la "mala religiosidad" (contemplativa, carismática, mística) de otra "religiosidad buena"  (comunitaria, orientada a las obras, generosa). Así, la izquierda se volvió tolerante con los "cristianos de izquierda" en tanto eran un contingente importante de activistas y lideres de opinión. Creer en un ser superior dejó de estar reñido con la racionalidad marxista. Un problema filosófico se resolvió políticamente.

En el mundo sindical, en el caso particular del Perú, Mariátegui era una persona con una sensibilidad muy grande a la experiencia religiosa, siendo ateo no era anticlerical. La ausencia de un discurso anticlerical y la extensión de la religiosidad en los sectores populares nos ha terminado por llevar a un terreno donde las fronteras de lo privado invaden la autonomía de lo público.

En verdad, el sindicalismo debería ser completamente laico, es decir, autónomo, independiente y ajeno a toda expresión de creencia religiosa. Por que es un espacio de frente único, donde se encuentran trabajadores y trabajadoras de diferentes credos religiosos o sin ningún credo. Yo soy ateo, por ejemplo, no creo en ningún dios ni en religión alguna, pero debo ver en los espacios sindicales arbolitos de navidad, belenes, figuras de angelitos y papa noeles, recibir emails deseándome bendiciones divinas junto a imágenes estilizadas de santos, vírgenes y jesuscristos de diferente fenotipo.

Hubo una época que los trabajadores levantaron el lema "sin dios, sin patrón, sin amo" como una manera de afirmar su autonomía, su identidad y su rechazo a toda forma de dominación. Los anarquistas y comunistas de antaño reivindicaban la confianza en la razón, la ciencia y la libertad humana para construir una convivencia social armoniosa. En estos tiempos de crisis ideológicas e incertidumbre económica, las religiones y supersticiones regresan con fuerza.

Es tiempo de reivindicar el carácter laico de lo público. Lo laico es aquello que separa con claridad la esfera confesional de lo público y político. Así, el sindicalismo debería ser completamente laico, sin ninguna alusión a favor o en contra de las opciones religiosas de sus afiliados. El sindicato que participa o propaga las festividades de una religión, por más que sea mayoritaria en una sociedad determinada, comete una agresión con los afiliados de otras religiones y con los afiliados que somos ateos. Así de simple.

Y los comunistas deberíamos, respetando las opciones personales de cada quien, hacer una propaganda más activa sobre el ateísmo y la sinrazón de las religiones, dentro del movimiento sindical y la sociedad peruana.

Para empezar algo de información: