21 de diciembre de 2010

Amarillos

Hace un tiempo, fui con el viejo Juan, antiguo dirigente de la CGTP a una asamblea sindical. En ella un joven dirigente alentaba a sus afiliados para pensar juntos cómo defender el pliego de reclamos presentado.

Luego de la asamblea fuimos a cenar con el joven secretario general, un menú en una de las fondas de la Av. Argentina. En la cena, el dirigente andaba apesadumbrado a pesar que la asamblea había salido bien. El viejo le pregunto que le pasaba.
-Hay gente que esta hablando mal de mi- dijo el joven.
-¿Y que dicen?
- Me critican que sea secretario general, dicen que estoy por ambicioso, que quiero figurar...
-Y son los que no están afiliados al sindicato ¿no?- pregunto el viejo
-Así es- respondió.

-Mira, a ver, -dijo el viejo y subió las mangas de su camisa mientras miraba el plato de lentejas que tenia a su lado. Siempre van a haber criticas tanto al sindicato como a ti mientras seas dirigente,. Siempre. No hay ningún dirigente que no sea criticado. Si quieres aplausos y vivas, métete a la política. Un dirigente sindical con suerte y esfuerzo tiene seguidores, pero aplausos, pocos.
Ahora bien, tienes que entender que una cosa son las críticas y otra las calumnias y diatribas. Las criticas, tienen que ver con las cosas que haces, con tus acciones, si lo que haces esta bien o esta mal, si funciona o no funciona. Y bueno, como se trata de cosas reales, pues se puede discutir, aclarar, rebatir o si tienen razón, se aceptan las críticas, pues.

Luego, siguió el viejo -Pero cuando la gente cuestiona tus intenciones, tus deseos, tus motivaciones, entonces, ¿que vas a discutir? ¿acaso se meten en tu cabeza? ¿leen tus pensamientos? ¿cómo saben ellos lo que sueñas, aspiras o quieres? Allí no hay nada que discutir, porque no te van a creer. Si alguien piensa que te has metido de dirigente sindical para figurar, es porque no sabe nada de sindicalismo y porque no quiere que tu aparezcas. La envidia es algo muy serio compañero.
También tiene que ver de dónde vienen esos comentarios. Una cosa es criticar por ignorancia, por desconocimiento, por falta de datos. Eso lo podemos entender, a los ignorantes se les educa Otra cosa es lo que hablan aquellos trabajadores que sabiendo, siguen fuera del sindicato, no se afilian y desde afuera te joden.

-Si, ellos son los que hablan mal, no quieren afiliarse dicen que porque estoy yo- dijo el joven dirigente.

-Entonces pues, compita, eso son amarillos, simplemente. Un amarillo es aquel trabajador que sabe lo que es el sindicato, pero aún sabiendo decide no afiliarse. Inventa cualquier pretexto para no hacerlo. Que el secretario general les cae mal, que su mujer no quiere, que no tiene tiempo, que no esta de acuerdo con el estatuto, que no le gusta el nombre del sindicato, en fin, cualquier pretexto es bueno.  Pero no se trata del miedo natural que tiene un trabajador frente a la afiliación por temor al despido ilegal. No, ya no es miedo, es simplemente cobardía. La cobardía es otra cosa. Es una cobardía estructural que los amarillos la llevan en el alma, en las entrañas, en todo su ser. Esa cobardía los hace escuchar a los patrones, repetir sus mentiras, inventar cosas de los dirigentes, ven malas intenciones en todo lo que hace el sindicato y en lo que tu haces.

Los amarillos incluso se querrán hacer pasar por defensores de los trabajadores y dirán que hablan así precisamente por su preocupación por los trabajadores. Ja ja ja!! -se rió el viejo- aquel que teniendo un sindicato cerca, no se afilia porque le tiene cólera al dirigente es un pobre y triste amarillo. Y créeme compita, lo que piensan, dicen, murmuran los amarillos no tiene la más mínima importancia.

-Me jode que hablen a mis espaldas, no me lo dicen a mi si no a los demás.
-Precisamente, ¿ves? Así funciona la cobardía. No hay un sólo dirigente sindical en todo el mundo que no haya sido criticado de lo mismo por algún amarillo, y siempre es a espaldas de uno.

-¿Porqué tanta cólera compañero? le dije al viejo, pues pocas veces lo veía tan molesto.
-Mira, que nos calumnien, odien y persigan los empresarios, la patronal, lo entiendo. Son nuestros enemigos y eso es lo que esperas de tu enemigo. Ellos no van a cambiar y nosotros tampoco. Nada nos une a la patronal y estamos en guerra.... pero los amarillos... ellos son trabajadores como nosotros, son asalariados, son parte de la clase y aún así, están contra la clase, contra el sindicato. Son renegados de la clase. La cobardía no es miedo, la cobardía es una manera de asumir la vida, es la ética del que lanza una piedra y esconde la mano, del que habla por la espalda, del que insulta de manera anónima, del que ataca en mancha y huye en singular, del que es prepotente cuando esta el patrón y se calla cuando no esta. En fin, muchacho, no estés triste, sigue haciendo tu trabajo, se un buen dirigente,..
-¿Dejaran de hablar mal?
-No, no te puedo prometer eso. Tal vez siempre hablen mal. Pero si haces bien tu trabajo, te puedo prometer que nadie, nadie los va a escuchar.

El joven más animado empezó a meter el tenedor en el plato de lentejas. Así era el viejo Juan, sindicalista implacable con patrones y amarillos.