29 de octubre de 2007

La estrategia sindical en la defensa legal


Uno de los ejes de la estrategia sindical en los últimos años ha sido la lucha por una nueva normatividad legal en el ámbito laboral que derogue y supere los errores y limitaciones de la reforma fujimorista. Dicha estrategia tiene como objetivo unja nueva Ley General del Trabajo. Desde el fin de la dictadura fujimorista, el movimiento sindical ha luchado por dicha LGT, poniendo especial interés en el proceso realizado desde el Consejo Nacional del Trabajo.

Han pasado casi siete años y los resultados son escasos. Es claro que los empresarios no tienen el más mínimo interesen cambiar la legislación laboral. Es más, desean profundizar la reforma flexibilizadora. El gobierno aprista prometió cambios profundos e inmediatos. En año y medio ha demostrado su firme voluntad por no cambiar nada y asentir a los deseos empresariales.

¿No es tiempo de evaluar la estrategia sindical?

Como señalaba el antiguo dirigente sindical Isidoro Gamarra: “Toda norma jurídica es la expresión de una correlación de fuerzas y para ser derogada requiere de otra correlación de fuerzas.”

Efectivamente, nuestra hipótesis es que en la actualidad el movimiento sindical no tiene la suficiente correlación de fuerzas para lograr una nueva Ley General del Trabajo que sea diferente ala reforma fujimorista. El actual anteproyecto que se pasea entre la Comisión de Trabajo del Congreso y el Consejo Nacional de Trabajo. Alan García ha señalado que no firmara una LGT que no sea pro empleo. Esto traducido del leguaje neoliberal del presidente significa que no va a tolerar cambios en la normatividad legal. Por otro lado, el lobby de los empresarios en el Congreso presiona económica y políticamente paras que las bancadas del APRA, UN junto con los fujimoristas impidan que se discuta el anteproyecto en el Pleno.

Esta situación se suma a las propuestas que desde el Ministerio de Economía y el de la Producción buscan desregular aún más las relaciones laborales. Se busca extender la normatividad de las pequeñas empresas al conjunto de los trabajadores.

En esta situación resulta claro que no es posible imaginar un escenario donde García promulgue una LGT que represente los intereses de los trabajadores y trabajadoras.

El sindicalismo no puede a la fecha derrotar la ofensiva neoliberal de los empresarios. Probablemente durante el gobierno de transición cuando los empresarios se encontraban a la defensiva por su participación en la dictadura fujimorista, era el momento para pasar a una ofensiva sindical. Pero ahora se han recuperado y nuevamente tenemos un gobierno de y para el gran capital.

Seguir apostando por una LGT solamente nos llevará a nuevas frustraciones. Establecer una nueva estrategia implica definir un nuevo objetivo y nuevos métodos. Si el parlamento no es una fuente de reforma legislativa, debemos de establecer los cambios en el otro escenario donde se regulan las relaciones laborales: la negociación colectiva. Como ha señalado, el Dr. Romano en un artículo anterior, es imprescindible alcanzar más y mejores convenios colectivos. Los nuevos convenios deben de recuperar la soberanía en materia de regulación entre el capital y el trabajo. No es un proceso sencillo. La actual legislación prácticamente prescinde de la negociación colectiva y al no señalar plazos la convierte en un proceso interminable. Precisamente eso es lo que debemos combatir.

El tiempo de la concertación educada ha pasado. El actual gobierno es neoliberal y de derechas. No podemos esperar nada de su propia iniciativa. Nos parece que el movimiento sindical requiere de un nuevo radicalismo que ponga como lo central la protesta y no el diálogo gratuito.

La estrategia sindical debe de articularse alrededor de un repotenciamiento de la capacidad de negociación de la clase trabajadora. Esto implica dar prioridad, asesoría, apoyo y solidaridad a los sindicatos donde se desarrollan procesos de negociación ya sean grandes o pequeños con el objetivo de conseguir mejores convenios, tanto por su cobertura, como por su calidad.

Los convenios deben de comprender un año de duración y regular incrementos salariales, pero también los siguientes temas: régimen de contrataciones, eliminación de services, horas extraordinarias, jornadas de 8 horas, libertad sindical efectiva, licencias sindicales, programas de formación laboral extensos e intensivos con acreditación oficial, cláusulas contra la discriminación por género o edad, paternidad compartida, contra el acoso sexual y un largo y ambicioso etc.

A nuestro juicio resulta más factible organizar nuestra lucha alrededor de la negociación colectiva como lo ha demostrado el caso de Casapalca y Topytop, que seguir esperando una LGT que finalmente no va a resolver nada.

Esto implica que la protesta social debe realizarse teniendo como objetivo las empresas que sabotean, impiden, retrasan o socavan los procesos de negociación colectiva. La CGTP puede realizar marchas y movilizaciones tanto al Ministerio de Trabajo, como a las oficinas de las empresas buscando presionar en este sentido. Asimismo, una permanente campaña mediática denunciando a dichas empresas.

Si conseguimos derrotar la ofensiva empresarial desde abajo, estaremos debilitando su resistencia como clase, especialmente en los espacios donde ahora es fuerte como el lobby parlamentario. No tenemos la fuerza para derrotar la ofensiva contra la libertad sindical y la tercerización desde el Estado, pero podemos derrotarlos empresa por empresa, logrando convenios colectivos que aseguren la libertad sindical, eliminen las services y regulen los contratos por servicios no personales.

Los próximos años serán el escenario donde los sindicalistas encontraremos la estrategia adecuada para lograr los resultados concretos, reales y seguros que estamos buscando desde hace tiempo.