9 de mayo de 2007

Algunos problemas del sindicalismo peruano


El sindicalismo es un movimiento y a la vez una institución social. Este doble carácter le da una riqueza mayor al trabajo sindical pero a la vez implica mayores problemas en su conformación y desarrollo. En las presentes líneas queremos señalar algunas ideas generales sobre el sindicalismo que son expuestas para el debate fraterno y constructivo.

En la sociedad peruana como en muchos otros lugares, el sindicalismo se encuentra en crisis. Un conjunto de problemas y amenazas golpean desde hace más de una década a los trabajadores organizados. No vamos aquí a detenernos en los problemas “externos” al movimiento sindical, como es la ofensiva neoliberal, la desregulación legal, la flexibilización laboral y otros procesos de la globalización; sino deseamos detenernos en las dificultades internas y propias, de las cuales somos los propios sindicalistas, los responsables.

En la actualidad tres problemas amenazan al sindicalismo peruano desde el interior de la clase trabajadora. Vamos a señalarlos según su importancia:

a.- la amenaza del sindicalismo corporativo
b.- la amenaza del paralelismo sindical
c.- la amenaza del sindicalismo conservador o reaccionario

En el presente articulo solamente vamos a tocar la primera amenaza, dejando la discusión de las otras dos para una próxima entrega en este mismo espacio.

a.- La amenaza del “sindicalismo corporativo”:

Como sabemos, la CGTP desde sus inicios –bajo la dirección de Mariátegui- desarrolla lo que denominamos el sindicalismo de clase o clasista. Se entiende por dicha práctica una manera de asumir el sindicalismo donde se privilegia la organización y defensa del conjunto de la clase asalariada, en la perspectiva de un cambio social.

Entendemos por clase, al grupo de personas que por el lugar objetivo que ocupan en el proceso productivo comparten un conjunto de intereses subjetivos sobre la producción y el orden social en su totalidad. En este sentido, todos los asalariados y asalariadas pertenecemos a una misma clase social.

Por eso, somos clasistas o de clase, cuando organizamos y defendemos a TODA la clase.

En general, el sindicalismo de clase implica una gran dosis de solidaridad al interior de la clase, porque presupone que los sindicatos más fuertes van a apoyar y sostener a los sindicatos más débiles. Esta solidaridad, funciona en beneficio del conjunto de la clase porque permite mayores niveles de movilización, organización y poder social para los sindicatos.

Sin embargo, en los periodos de crecimiento económico se forman en la estructura capitalista, sectores privilegiados, ya sea por el valor de sus exportaciones o por algún nicho estratégico de mercado interno. En el Perú, tenemos principalmente a la minería como un sector punta en la economía nacional.

Esta situación va a significar una mayor diferenciación en los estratos de asalariados, creando lo que Engels denominaba “aristocracias obreras”, es decir, sectores de trabajadores remunerados por encima del promedio, que gozan de un conjunto de beneficios y ventajas que los separan de los trabajadores comunes. Para Marx y Engels uno de los principales peligros de las aristocracias obreras era que la diferenciación económica implicará también un divorcio en los intereses comunes y la pérdida de solidaridad clasista.

Es decir, los sindicatos que pertenecen a las empresas más rentables y económicamente más importantes, se aíslan del conjunto del movimiento sindical optando por articularse entre ellos para asegurar sus privilegios. Esto es lo que se denomina “sindicalismo corporativo”. Es decir, cuando un sindicato o grupo de sindicatos se orienta a la conquista y defensa de derechos y beneficios SOLAMENTE para sus asociados, excluyendo o ignorando al resto de trabajadores y sindicatos más débiles.

Muchas veces el sindicalismo corporativo se disfraza con un discurso radical e incendiario, pero como nos enseño Marx, a los sujetos sociales se les define por su actuación (praxis) y no por su discurso. Un discurso radical no siempre es sinónimo de una conducta realmente clasista.

En nuestro país, el “sindicalismo corporativo” es uno de los peligros más importantes que enfrentamos, por la gran brecha que existe entre una minoría de asalariados que registra una remuneración por encima del promedio, goza de relativa estabilidad y cuenta con un sindicato de empresa para su defensa; mientras la inmensa mayoría de trabajadores realiza sus labores entre la precariedad y la exclusión. En este sentido, la afiliación a una Federación y a nuestra Confederación son las plataformas naturales para articular los intereses de clase y ejercer la solidaridad con todos los trabajadores.

Aunque no nos guste, la amenaza que los sindicatos más fuertes se agrupen entre ellos y abandonen la solidaridad de clase es un tema que debemos discutir. La Confederación y las Federaciones de Rama deben buscar un equilibrio adecuado, que permita una atención profesional y eficaz tanto para los sindicatos más fuertes como para los más débiles. De tal manera que nadie se sienta excluido o relegado y que todos los sindicatos de empresa, puedan compartir los mismos intereses y esperanzas.

Continuará