15 de mayo de 2007

Ponte la camiseta, revisionista


Hace unas décadas atrás, en el mundo de la izquierda local, los debates políticos o ideológicos terminaban mayormente en epitetos muy coloridos. En general hay una tradición que viene desde antes de Marx, que concluía una discusión con la calificación del "otro". La lógica en todo caso no era inmediata.

La idea es que frente a un discurso, se presentaba otro discurso crítico o alternativo. Entonces, el marxista desmenuzaba los argumenos contrarios, explicándolos y poniendo en claro las consecuencias prácticas o teóricas de los postulados extraños. Luego, una vez "desenmascarado" se proseguia a "definir" al "otro".

La imposibilidad de integrar las críticas nos llevaba por un camino hacia la definición y clausura. Bueno, Lenin era muy hábil en esto. No tengo a la mano mi vieja edición de "La revolución proletaria y el renegado Kautsky" que de joven leí con avidez subrayando los epitetos y calificativos de antologia: "sicofante lacayuno" era uno de mis favoritos, asi como "fariseo"; "renegado" entre otros. El más popular era "revisionista".

En los años 70s tuvimos muchos y muy variados modos de definir al "otro". Desde socialimperialista hasta los más locales como moscovitas y pekineses o los de capilla (krikos o perros) . Lamentablemente en los 80s, el esfuerzo por entender siquiera al adversario se dejó de lado. Sólo era necesario "definirlo", es decir, ponerle un adjetivo y clausuar todo debate. Asi las cosas, todo devino en simplemente adjetivar, denunciar y punto.

En San Marcos, con unos amigos hicimos una revista "Herejes y renegados" que por lo menos en espíritu queria divertirse con esta idea de revolucionarios y revisionistas, de buenos y malos que esta implicita en el maniqueísmo que pretende ser pasado por marxista.

Ahora, como es natural en un periodo de crecimiento sindical, por más tenue e inesperado que sea, surgen nuevamente aquellos que se consideran "revolucionarios al 100%" y pueden calificar de "revisionista" o peor aún de "socialdemocráta" cualquier idea que no puedan encajar en el viejo manual de marxismo leninismo.

Ya no se trata de entender la lógica del "otro". La ausencia de una sólida cultura política ha creado un vacío muy grande entre los trabajadores más o menos politizados. El marxismo se asocia con la tradición, creando un contrasentido que resulta increible que pase desapercibido. Lo marxista es lo que se hacia y se pensaba en los 70s, parecen asumir los actuales ortodoxos. Es la nostalgia por el pasado feliz que se fue.

Para otros, lo revolucionario es lo radical per se. Es el que reclama más, el que grita más, el que revienta más. No tiene nada que ver con los resultados. Es como si la política revolucionaria estuviera exenta de presentar logros reales, sólo le basta hacer bulla.

Pero no es asi. No debe ser asi.

Decir que el marxismo es una herramienta de análisis y trasnformación es un cliché, que deberia ser tomado más en serio. Pensar que con leer dos o tres manuales, repetir lo que dice el secretario general de tu partido y desdeñar todo lo demás por desconocido o complicado; no es marxismo. Es catequesis y de las más baratas.

El mecanismo es simple. En el "inmenso" universo que es la izquierda peruana (menos de 1% en las últimas elecciones generales) hay voces y verdades oficiales. Todo aquello que no sea el clásico chicheñó debe ser anatema inmediato. Le ponemos un adjetivo. Decimos que es un socialdemocráta o un revisionista. Probablemente quienes nos lean o escuchen no saben bien lo que es la socialdemocracia, el marxismo o de donde viene el término revisionista. Talvez poco conocen del debate en el SPD a principios de siglo. Pero no importa, la etiqueta asusta y aisla. Mejor no nos juntemos con el revisionista, mejor no le oigamos no vaya a ser que nos contagie su mal, dicen los incautos y oportunistas de turno. Nadie hace un simple ejercicio no sé si de marxismo o simple lógica: preguntarse ¿porqué alguien es revisionista? ¿qué dice para recibir esa definición?

Ojala volvieramos a los tiempos de debates acalorados, apasionados y con fuertes definiciones. Pero esto implica un esfuerzo por escuchar al "otro" por tratar de entenderlo en su propia lógica antes de definirlo.

Mientras tanto, nosotros los "revisionistas" jajaja seguiremos repensando el marxismo, incorporando a los nuevos autores, discutiendo con las otras teorías revolucionarias y no dejando que nada de lo humano nos sea ajeno.