28 de mayo de 2007

Problemas del sindicalismo (segunda parte)


Hace unas semanas se realizó la primera Asamblea Nacional de Delegados de la actual dirección nacional de la CGTP. Inicialmente los cálculos más optimistas esperaban alrededor de 200 delegados de todo el país. Finalmente llegaron 313 delegados. Un sorprendente 15% de participación femenina (la tasa de participación de las mujeres se viene elevando desde el congreso estatutario y todo parece indicar que pronto alcanzará el esperado 30%). Para nadie es un secreto que el movimiento sindical se encuentra desde hace algunos años en un revival importante.

Es un hecho. El número de trabajadores sindicalizados crece.

Como señalamos en un post anterior este crecimiento viene aparejado de algunos problemas. A la luz de lo visto en la Asamblea Nacional de Delegados podemos señalar que efectivamente, el divisionismo y/o paralelismo es hoy por hoy, el principal problema interno que enfrenta el sindicalismo en nuestro país.

Podríamos pensar en algunos hechos históricos. En los años 30s, en los 50s, en los 70s. cada vez que el movimiento sindical ha registrado un crecimiento, al mismo tiempo se ha dividido, fraccionado, sectarizado. ¿porque razón cada periodo de crecimiento sindical ha venido junto con un proceso de división y fraccionamiento?

Una de nuestras hipótesis es que a lo largo de la historia sindical peruana, el concepto de "autonomía sindical" ha sido muy débil si es que no ha estado ausente. Entendemos por "autonomía sindical" la capacidad de las organizaciones gremiales para articular un discurso y una práctica acorde a sus propios intereses por encima de otros intereses. De esta manera se define un espacio o campo "sindical" que es propio y ajeno a otros intereses y prácticas. Entonces, la idea es que en nuestro caso, no se ha logrado definir eses espacio. probablemente aquí podríamos pensar que la debilidad de la ciudadanía en nuestro país tiene una fuerte relación.

En sentido práctico, el resultado es que lo sindical esta atravesado por otras lógicas, valores y lineas de acción. Más precisamente, por las conductas y lógicas político-partidarias. En general, como todos sabemos, en todos los movimientos sindicales los partidos políticos tienen una estrecha relación. Históricamente, los comunistas y la izquierda en general ha sido la animadora principal para la organización de los trabajadores. El Labour Party y las Trade Unions inglesas son un extremo de esto. Los alemanes, españoles, italianos, en general toda Europa ha pasado por este proceso.

En el caso peruano, podemos repetir la versión conocida: anarquistas primero, marxistas después, apristas y luego la izquierda en los 70s. Cada tránsito ha sido motivo de debates, discusiones, rupturas, peleas y fracciones. No es una historia lineal ni mecánica.

Nosotros, herederos de las generaciones de los 70s, somos el resultado de la relación sindicato-partido construida en esa década: bajo un discurso clasista y revolucionario, con profundo contenido democratizador, se articulaba un mecanismo de clientelaje entre cuadros politizados y masas trabajadoras. El sindicato cedía su soberanía frente a los intereses políticos partidarios. La "hegemonía" política se utilizaba para cerrar espacios a otros discursos e identidades partidarias. Cada sindicato representaba a un partido o grupo político determinado.

Todo esto es lógico y normal en cierto sentido. Mientras los grupos de izquierda estaban interesados en obtener un respaldo social podían eficazmente articular una lucha social en defensa de los intereses laborales. La desconfianza del leninismo en la lucha exclusivamente sindical y su urgencia por una acción revolucionaria, definieron que la lógica partidaria era superior a cualquier otra entre los trabajadores. Así, el sindicalismo quedó como una hermanita menor en la acción de los trabajadores. Debía de ser orientada y vigilada por la razón política.

El partido manda, el sindicato obedece, era la consigna a veces implícita, a veces clara y vibrante en los años 70s. Los años 90s significaron la clausura de una renovación del sindicalismo, por los estragos de la guerra interna, la ofensiva del neoliberalismo, la flexibilización laboral y la dictadura fujimorista. El principal líder sindical Pedro Huilca fue asesinado meses después del golpe del 5 de abril. Como él, otros dirigentes de la CGTP fueron asesinados por sendero o las fuerzas militares y policiales; muchos fueron perseguidos y toda lucha sindical fue estigmatizada como subversiva.

En resumen, mientras en otros lugares el sindicalismo fue ganando autonomía de las lógicas partidarias, aquí padecimos una suerte de "congelamiento" en medio de una dura ofensiva. Esta situación nos ha impedido procesar de manera más fluida el necesario cambio y afirmación de la autonomía sindical. Es cierto que se han dado pasos importantes: la CGTP esta inmersa en una reestructuración organizativa muy radical, que se ha propuesto cambiar el sindicalismo peruano desde sus bases. Se ha regulado las cuotas de género, juventud, y se han establecido instancias orgánicas de trabajo sindical modernas dejando por lo menos en el papel, el viejo caudillismo sindical. Se ha diseñado nuevas formas de afiliación y organización.

Uno podría mirar con optimismo estos cambios, y al conocerlos en detalle, parecen ser la respuesta adecuada para los nuevos tiempos. Sin embargo, su avance es lento y mayormente siguen siendo temas en el papel, antes que realidades concretas.

¿Que es lo que falta?

Existe la voluntad de cambio, existe el marco normativo, pero faltan cuadros. Cuadros y activistas sindicales plenamente comprometidos con este proceso de cambio. Es como en un ejército, que dispone de un superávit de generales pero con escasez de soldados.

Una mirada rápida a la última Asamblea nos muestra un ala izquierda muy radical, maximalista y extrainstitucional, formada por cuadros partidarios y sindicales. Al otro extremo tenemos la "corriente institucional" más orientada a los espacios de diálogo, al proceso de reestructuración, a la búsqueda de resultados concretos. Aquí también tenemos cuadros partidarios y sindicales. Entre estos dos extremos, una inmensa mayoría de dirigentes y activistas despolitizados, sin membresía partidaria. Aquí aparecen algunos nuevos liderazgos jóvenes, pero aún no destacan del todo. Generalmente este sector, en los últimos años ha sido el soporte de la corriente institucional, pero de un tiempo a esta parte, presta más oídos al ala radical del sindicalismo.

Las diferencias no son en buena cuenta de método o fines, sino disputas partidarias. En algunos casos, simples rencillas y rencores personales. En la actualidad gremios importantes aparecen divididos y fraccionados: salud, empleados públicos, magisterio, mineros, municipales, poder judicial, etc. como hemos señalado, las divisiones se explican por diferencias político partidarias.

Si la autonomía de lo sindical fuera más fuerte que las identidades partidarias (que son bastante débiles ciertamente), los militantes de Patria Roja, el PC y el PS podrían anteponer los intereses sindicales y de clase, a los jueguitos de micropoder y hegemonías a los que están (estamos) acostumbrados. Mirar las cifras de afiliación sindical basta para entender que estos pleitos no responden a lógicas sindicales ni a intereses de clase.

Ciertamente, podríamos explicar este fenómeno a partir de la debilidad de una cultura de la tolerancia en los sindicatos, la casi inexistencia de mecanismos institucionales para garantizar los derechos de las minorías, la debilidad del individuo y la supervivencia de caudillismos; pero, en el fondo, el problema -y lo planteo como hipótesis- es que ningún actor político en el movimiento sindical esta interesado en construir un sindicalismo heterogéneo y plural. Es como si sesgáramos lo del "sindicalismo clasista" de Mariátegui despojándolo de su contenido de "frente único".

Aquellos que desarrollan una práctica tolerante e inclusiva reciben zancadillas y madrugones. Claro, algunas identidades partidarias son más cerradas que otras. Algunos son más sectarios, pero sinceramente, todos somos sectarios.

El sindicalismo esta creciendo, pero lamentablemente lo hace dividido y fragmentado. Y este es nuestro principal problema interno.