23 de agosto de 2012

Sacco y Vanzetti, cuando la democracia persigue ideas


Un día como hoy, 23 de agosto en 1927 fueron asesinados Nicolla Sacco y Bartolomeo Vanzetti, dos inmigrantes italianos en EEUU, de filiación anarquista. Su juicio, la sentencia a la pena de muerte y su culpabilidad hasta el día de hoy son materia de un debate. Las pruebas más confiables permiten indicar que eran inocentes de los cargos de robo y asesinato por los que la justicia estadounidense los acuso. 

Hay mucho material escrito sobre el proceso. esta nota sólo pretende ser por un lado un homenaje a la memoria de dos compañeros trabajadores y anarquistas, que enfrentaron con dignidad, toda la maquinaria de la derecha intolerante y violenta en EEUU.

Por otro lado, un par de preguntas están presentes ahora, cuando miramos el pasado y lo que ocurre en nuestra sociedad. ¿Cómo así una democracia persigue y asesina a dos personas inocentes? ¿Y como hace para dar a ese crimen el ropaje de la "legalidad"? 

La sociedad estadounidense en las primeras décadas del siglo pasado enfrentaba importantes cambios sociales. Industrialización creciente que requería masas asalariadas, crecimiento urbano, oleadas migratorias constantes, entre otros cambios. De forma paralela, las masas de trabajadores en la ciudad iban politizando su acción colectiva. La revolución en Rusia en 1917 produjo una oleada de radicalismo de izquierdas en todo el mundo. Los anarquistas eran en este contexto el sector más izquierdista. 

Y efectivamente, Sacco y Vanzetti eran anarquistas. Al parecer, estaban cercanos a un líder anarquista de entonces que pregonaba una acción violenta. Pero no hay ninguna prueba consistente que los vincule con alguna acción concreta directa o indirecta que pueda considerarse un delito. 

Tenemos entonces un régimen formalmente democrático, grandes desigualdades sociales, económicas y culturales; junto a discursos violentistas en los sectores más excluidos. ¿Suena conocido, no?

La prensa de derechas demonizaba a los anarquistas, presentando imágenes maniqueas y vinculándolos a todo mal, a todo delito. El anarquismo era visto como una práctica que violentaba todo el "orden natural" de las cosas. No importaban los hechos sino las imágenes colectivas que la prensa de derechas presentaba. El mensaje era simple: ser anarquista era un delito. 

En ese contexto, las diferencias se convierten en una razón para la condena. Los asalariados pobres, los que hablan mal el idioma nacional, los que tienen costumbres diferentes son vistos como "enemigos". 
De allí, a que un juez decida "dar una lección" sólo había un paso. 

Lo que nos enseña el caso de Sacco y Vanzetti a sociedades como la nuestra, es precisamente la debilidad de los regímenes democráticos para defenderse de los discursos de intolerancia y exclusión que buscan articular la violencia institucional contra sus adversarios. 

Y esa situación en nuestro país, es siempre una considerable posibilidad. 

La prensa de derechas viene construyendo un ambiente de miedo, temor, desconfianza y rechazo a todo lo que no sea su propio monólogo. El día de hoy, el diario Correo saca una nota "acusando" a Enrique Fernández Maldonado de haberse reunido con MOVADEF. El hecho real es que Enrique asistió a un acto público, hace un par de años atrás, cuando estudiaba en la Universidad de Buenos Aires, donde efectivamente los neosenderistas presentaban sus puntos de vista. Una reunión legal, pública, abierta. 

¿Desde cuándo es un delito en una democracia reunirse públicamente y escuchar una posición política, por más delirante y absurda que sea? 

Y en ese peligro estamos. Una exposición de arte en Miraflores genera polémica y censuras porque algunas de las piezas e instalaciones aluden a la guerra interna. Ahora se trata de los neosenderistas. Y algunos se callan. Lo que no vemos es que este es un camino que admite pocos matices. La derecha busca consolidar un país que condene la diferencia, la disidencia, la crítica radical. Luego serán los que están contra las mineras, luego toda la izquierda, los sindicalistas, los que hacen marchas o huelgas...

La democracia peruana oscila siempre al borde de un pogromo. ¿Quienes serán los Sacco y Vanzetti de nuestra indiferencia?