20 de septiembre de 2013

El sindicalismo, los derechos LGTB y la unión civil


Desde hace más de 500 años la Iglesia Católica se ha autoproclamado la guía moral de la sociedad peruana. En ese lapso de tiempo, como institución ha legitimado abusos, maltratos, persecuciones y crímenes contra la población originaria y demás ciudadanos del país. 

Nunca ha hecho una expresión pública de autocrítica por tal conducta. Es más aún se mantiene el Concordato con el Vaticano que convierte a un buen número de obispos y curas en personal rentado con los impuestos de todos los peruanos. Ciertamente, algunos católicos, siempre en minoría, han realizado una labor en favor de los más pobres y explotados. Por este compromiso han sido hostilizados y a veces perseguidos tanto por los poderes fácticos como por las propias autoridades de la Iglesia Católica. 

En las últimas semanas, dichas autoridades de la Iglesia Católica se han expresado activamente en contra de la iniciativa legislativa sobre la unión civil de personas del mismo sexo. Queda claro que la jerarquía católica es el principal soporte de una alianza conservadora en contra del derecho a la felicidad de cientos de miles de peruanos y peruanas que son gays y lesbianas. En este tema, como sindicalistas, no debemos ceder frente a la desinformación, el machismo y el tradicionalismo conservador. 

La premisa del sindicalismo es simple y clara: todos los peruanos y peruanas deben tener los mismos derechos. Del mismo modo que es imposible construir una sociedad democrática sin sindicatos, es contradictorio pensar en libertad e igualdad mientras marginamos a la comunidad LGTBI. 

La Iglesia junto a otro que también persiguió gays y lesbianas: Hitler
El movimiento sindical se ha construido en una lucha constante contra los poderes conservadores. En los inicios del mismo, muchos representantes del capital señalaban que "era natural la diferencia entre pobres y ricos", que organizar un sindicato era "una ofensa a dios". O mejor, aún: "la sociedad no está preparada para que los trabajadores se organicen de manera autónoma". Por eso, los actuales argumentos contra los derechos de la comunidad LGTBI nos resultan tan familiares.

El conservadurismo es una fuerza aún considerable en la cultura política peruana. Se encuentra tanto en la derecha empresarial como en alguna izquierda histriónica y de pocas lecturas. Aparece en televisión, disfrazado de programa cómico, de periodista deportivo, de comentarista económico y de publicidad engañosa. Su aliado siempre es el poder fáctico, unidos en la santa cruzada por mantener al Perú sin cambios ni revueltas. Es heredero directo del catolicismo institucional, el de los curas que se ponían del lado de hacendados, gamonales y patrones. 

Y siendo aún una fuerza, el tiempo corre en su contra. Lentamente, la sociedad peruana va cambiando. El racismo, la intolerancia y el machismo empujados por subterráneos procesos económicos van quebrando su "orden natural". En algunos espacios los avances son notorios, mientras que por ejemplo, en el centro de trabajo, el poder conservador tiene su principal feudo.   

Temeroso del mismo, el Gobierno de Ollanta ha mostrado una vez más su rostro pacato y confuso. El anunciado gobierno de la Gran Transformación ha terminado en este tema, detrás de las faldas del Arzobispo Cipriani. 

El movimiento sindical debe solidarizarse y apoyar la lucha constante de la comunidad LGTBI. Una de nuestras tareas es informar, dialogar y discutir en el seno de las clases trabajadoras, los derechos y reivindicaciones del movimiento LGTBI. Es claro, que muchos trabajadores y trabajadoras comparten una mirada conservadora de estos temas. La homofobia es parte de una cultura popular con la que el sindicalismo no puede conciliar. Afortunadamente, las compañeras sindicalistas de la CGTP vienen dando una lucha muy importante denunciando y discutiendo toda forma de machismo. 

Una plataforma sindical integral debe reivindicar los derechos de la comunidad LGTBI. Más temprano que tarde, tanto el centro de trabajo como el sindicato deben ser espacios de tolerancia e igualdad, para los compañeros y compañeras sindicalistas que sean gays, lesbianas, transexuales o bisexuales.  

Una plataforma sindical debe incorporar la lucha por el matrimonio igualitario, al ser la alternativa adecuada, justa y realmente democrática. Porque todos los peruanos y peruanas debemos ser ciudadanos con los mismos derechos y responsabilidades. 

Por eso, es de lamentar que el proyecto de ley del congresista Bruce pueda quedar encarpetado hasta el próximo año. No resulta extraño, que el propio congresista, asustado del revuelo y la oposición conservadora acepte dicha postergación. Queda claro, que las posiciones conservadoras en la sociedad peruana, especialmente la Iglesia Católica vienen logrando una parcial victoria. 

Pero tenemos la certeza, que en este tema, como en muchos otros, será la causa de la libertad, la igualdad y la solidaridad quien resultará finalmente triunfante.