20 de septiembre de 2013

El Paro Nacional es un acto de solidaridad y lucha

Hace cuatro años que Rosa (25) trabaja en diferentes grifos de la capital. Ahora está en uno de la Av. Venezuela en la frontera entre Lima y Callao. Tiene un contrato que va renovando cada tres meses. Allí dice que debe cumplir turnos de ocho horas por un salario que es poco más del mínimo legal. Sin embargo, trabaja cerca de diez horas, pues debe cuadrar las cuentas y dejar todo en regla para el siguiente turno. Si llega tarde a su turno puede perder el jornal del día y aún así trabajar, pero a la vez, las horas extras no se las reconocen. Tampoco tiene seguro de caja, por lo que si alguien le da un billete falso o se equivoca en un vuelto, se le descuenta de su remuneración. No conoce vacaciones ni descanso médico. Ha estado atendiendo con fiebre más de una vez.   

Hace unos meses pasaron unos inspectores del Ministerio de Trabajo. El gerente del grifo la obligó a esconderse en los baños junto con otras chicas pero fue por poco tiempo, pues el inspector no estuvo ni diez minutos en el grifo. 

Así transcurren los días de trabajo de Rosa. Es evidente que ella no puede por ahora, ser parte activa del Paro Nacional. Pero es probablemente una de las personas que necesita con mayor urgencia que el Paro Nacional sea un éxito. 

Luis (31) trabaja en construcción civil. Es delegado de un comité de obra. En la última asamblea del sindicato se aprobó acatar el Paro Nacional convocado por la CGTP para el 26 de este mes. Desde entonces ha estado reuniéndose con los otros delegados. Esta noche deberá hacer unas pintas en la Carretera Central. Al día siguiente va a repartir volantes para el Paro en tres obras de construcción. Luis tiene una familia y gracias a la negociación colectiva que realiza la FTCCP sus ingresos han venido mejorando cada año. Es operario y con un esfuerzo será maestro de obra en unos años.  El 26 su obra va a parar y él irá desde temprano a la Plaza Dos de Mayo para participar en la movilización. 

De eso se trata el Paro Nacional. Es una medida de protesta y solidaridad, frente a las duras condiciones de trabajo de cientos de miles de ciudadanos peruanos y peruanas que no tienen sindicato, que no pueden negociar sus remuneraciones ni gozar de los derechos laborales. 

Los trabajadores sindicalizados, los ciudadanos conscientes, las personas solidarias van a movilizarse, reunirse y participar activamente del Paro Nacional. Lo harán por ellos, por sus familias y por todos aquellos que no pueden parar, porque serían despedidos, porque viven día a día. 

Hace más de 20 años que una dictadura cambio el marco normativo de las relaciones entre empresarios y trabajadores. Fujimori aplicó las reformas neoliberales que en el plano laboral significan flexibilización, precarización y desregulación. En las dos últimas décadas las remuneraciones han perdido sostenidamente su capacidad adquisitiva mientras las utilidades de las grandes empresas se han visto multiplicadas. 

Los trabajadores asalariados han perdido derechos duramente conquistados, se han destruido sindicatos y despedir dirigentes sindicales es una práctica común para empresarios. A pesar de lo que señalan los voceros neoliberales sobre competitividad y globalización, lo real es que en materia laboral, el Perú se encuentra en la parte más oscura del siglo XIX.

El Paro Nacional es una respuesta a esta situación. Es un acto de lucha, de gente concreta, real, en favor de muchas otras personas, que necesitan la solidaridad de todos los peruanos y peruanas para poder romper el cerco de abuso, explotación e indiferencia que han construido los poderosos del país.

En la actualidad, la democracia peruana ha sido tomada por la derecha empresarial. Tenemos un régimen discriminador, autoritario y completamente antidemocrático. Los grandes intereses económicos mantienen la misma política económica desde hace veinte años. 

El gobierno de Ollanta, es ahora y nadie puede negarlo, un simple continuador de las políticas neoliberales. Toda su rebeldía de candidato se ha esfumado. Ollanta ha traicionado las esperanzas de los más pobres y explotados. Ha preferido una tímida política asistencialista antes que liderar los cambios estructurales que el país reclama. Ollanta es un simple instrumento en manos de la derecha empresarial. 

La figura que dirige toda la política económica es el Ministro Castilla. Los empresarios lo han puesto allí, al mando de todo el gobierno. Es el garante del neoliberalismo, su principal guardían y el obstáculo más grande de los intereses populares. Por eso el Paro tiene como bandera central la salida del ministro Castilla. Su renuncia sería la señal de un cambio en la correlación de fuerzas. 

Mientras no logremos debilitar el predominio empresarial en la economía y la política, los trabajadores como Rosa seguirán siendo objeto de abusos y maltratos. El Paro Nacional es un buen momento para empezar a cambiar las cosas.