17 de abril de 2012

La formación política en el partido comunista

Uno de los principales deberes de un partido comunista es la formación política de sus militantes. Educar es una de las tareas principales del colectivo político y mucho más en una agrupación marxista. A la vez, el deber de un militante comunista es preocuparse por su formación política. El militante comunista debe ser una persona orientada al estudio y al aprendizaje. A la mirada crítica sobre la realidad que lo rodea. 

Un partido educa de muchas y variadas formas. Como marxistas sabemos que la principal fuente de aprendizaje es la práctica. Es la propia vida y el conjunto de relaciones sociales que la componen la primera escuela del militante comunista. Pero no es la única. Un partido educa a través del ejemplo. Es en la construcción práctica de su línea programática que los militantes van descubriendo las verdades ocultas por la alienación del capital. 

Sin embargo, muchas veces, algunos camaradas confunden el adoctrinamiento con la formación política. Son cosas muy diferentes y corresponden a diferentes formas de entender la relación del partido con los militantes. En términos históricos, son las organizaciones religiosas, es decir las diferentes iglesias y confesiones las que se dedican al adoctrinamiento ideológico. “Adoctrinar” es transmitir una doctrina. Las doctrinas no se discuten, no se cuestionan, no se comparan. Las doctrinas simplemente se creen. Para ser un buen adoctrinado hay que tener fé antes que razón. 

Un verdadero partido comunista no adoctrina, sino educa. Adoctrinar no era el ideal de Marx o Engels. Ellos no han fundado una religión laica o una secta de iluminados. El partido comunista es un colectivo de individuos libres que libremente articulan sus acciones en un esfuerzo colectivo, acorde con los intereses de clase del proletariado. 

En ese sentido, el objetivo de la formación política es enseñar a pensar de manera crítica. Es decir, se trata de trasmitir el marxismo como una herramienta para conocer de manera crítica la realidad social y desde allí, transformar dicha realidad. Obviamente esto implica una sólida formación en los clásicos. 

Una buena formación política es ajena a manuales y resúmenes. En el pasado, una de las primeras tareas que desarrolló Lenin cuando era un joven abogado en Rusia fue organizar círculos de obreros para leer y estudiar “El Capital” de Marx en la edición rusa que acababa de traducir un profesor universitario. ¿Por que ahora parece tan difícil hacer algo similar? 

Una buena formación política implica la lectura de los textos clásicos de Marx y Lenin. Leer directamente los libros, sin manuales ni resúmenes ni vídeos. La formación política no es un paseo. Requiere de esfuerzo, dedicación y constancia. 

El partido debe disponer de un plan de lecturas donde se ubiquen obviamente Marx, Engels y Lenin; pero también Rosa Luxemburgo, Gramsci, G. Luckacs, Karl Korsch, Trotski, algo de Mao, Pannekoek. También a los del marxismo occidental como Perry Anderson, E. Hobsbawm, E. P. Thompson, la escuela de Frankfurt, Sartre, algo de Althusser. Y entre los recientes a Olin Wright, Claus Offe, Anwar Shaikh, David Harvey, I. Wallerstein, la Nancy Fraser, Edward Cohen, Ellen Meiksins Wood, al magnifico Goran Therborn, Terry Eagleton y paremos de contar. 

Entre los locales es imposible ser comunista y no haber leído completo como mínimo los 7 ensayos de Mariategui. Y habría que leer todo Mariategui. El libro de Martinez de la Torre sobre historia social es fundamental y los textos de nuestro Jorge del Prado también. Una formación política local no puede darse sin revisar asimismo lo escrito por Haya de la Torre (el antiimperialismo y luego los 30 años...) y Víctor Andrés Belaunde. Más cerca es imprescindible Arguedas y también Flores Galindo, el Rochabrun temprano, Anibal Quijano, Carlos Franco y el libro de Cotler. Hay pues, mucho por leer. Y esto es sólo formación teórica, pues en análisis e interpretación política hay otros autores. 



Sin embargo, de un tiempo a esta parte ha aparecido en toda la izquierda local una suerte de espíritu anti intelectual, que mira con desdén el estudio organizado, la lectura sistemática, el razonamiento denso, la argumentación abstracta, la referencia histórica y la agudeza crítica. 

La flojera convertida en pragmatismo o peor aún la superficialidad disfrazada de ironía nos ha trastocado la cultura política radical. Los militantes no leen y mucho menos estudian. Y toda su cultura política se reduce a ver en Internet algún vídeo y repetir consignas. Y “repetir consignas” no hace militantes, en todo caso crea simplemente militontos

Este terrible problema se hace más grave aún entre la juventud. Los jóvenes -los realmente jóvenes- comunistas no disponen de una cultura marxista que merezca tal nombre. La reflexión se reduce a lo inmediato, los problemas son vistos solamente en escala nacional cuando no local, toda crítica al sistema es tomada como revolucionaria sin aplicar una mirada marxista. Si una experiencia es etiquetada como “revolucionaria” todos la siguen sin cuestionar nada, repitiendo a pie juntillas lo que otro ya ha dicho. El análisis de clase es casi desconocido para muchos camaradas. 

Por que no basta leer. La formación política se realiza en colectivo. Para los comunistas, la reflexión colectiva resulta siempre metodológicamente más importante que el estudio individual. Y este es un trabajo de las células. Las células deben ser espacio de discusión y estudio del marxismo. Este es el punto de encuentro entre la estructura partidaria nacional y la acción política de las células. El partido a través de la escuela política ofrece los programas curriculares y los cuadros formadores para este trabajo. Y las células canalizan esto, aprovechan esto para formarse políticamente. Se trata de crear dentro del partido y entre los camaradas un espíritu de aprendizaje, una cultura del aprender compartido. El partido es una escuela viva. 

Y finalmente, se trata de la praxis. Es en la praxis social donde la cultura del militante comunista se hace crítica, compleja, amplia y densa. Al contrario del anti intelectualismo que nos rodea, los comunistas aspiramos a una cultura profundamente humanista. Recordemos que una de las máximas preferidas por el barbudo de Tréveris era “Nada de lo humano me es ajeno”. Es decir, ninguna experiencia humana puede ser nos indiferente. Música, cine, literatura, teatro, pintura, son todas esferas de la vida social que no pueden ser ajenas al gozo y la mirada del militante comunista. 

Hay camaradas que miran con desdén algunas expresiones artísticas como el jazz o el teatro clásico. Otros, solamente valoran -de manera miope - las expresiones de lo que se ha denominado el folklore, ignorando las demás manifestaciones del arte y la cultura. Todas esas actitudes son ajenas a la cultura marxista y no permiten desarrollar una sólida formación entre los militantes. 

Entonces, en materia educativa, el partido tiene tareas claras y concretas: en primer lugar, crear las condiciones para que los militantes puedan leer directamente y sin intermediarios a los principales autores del marxismo. Y esta debe ser una lectura ordenada, sistemática, rigurosa y crítica. En segundo lugar, el partido debe construir los espacios y mecanismos para que los militantes puedan reflexionar, compartir y discutir de manera colectiva aquello que han leido de manera individual. En este nivel, es imprescindible la articulación entre la escuela política del partido y el trabajo de las células. Finalmente, el partido debe ser un espacio para conocer y apreciar las más amplias y diversas manifestaciones de la cultura humana. Sin censuras, cortapisas, tabues o prenociones. 

De esta manera, los encargados de la labor educativa del partido lograrán su objetivo principal que es precisamente entregar a la organización comunista cuadros políticos con una formación sólida y solvente en el marxismo adecuadamente preparados para la crítica y la lucha social.