26 de septiembre de 2012

A propósito del XIV Congreso del Partido Comunista Peruano

Un nuevo Congreso del Partido. Se trata del XIV congreso. En un país como el nuestro, que una organización política y de izquierdas logre alcanzar catorce congresos nacionales tiene un gran merito. Implica no solamente una continuidad institucional sino la superación de persecuciones, golpes militares y persecuciones. También significa superar fracturas, divisiones y caudillismos. Y aquí estamos, y aquí seguimos.

Ingresé al Partido en 1985. Antes de ingresar estuve en lo que ahora sería un "colectivo", pero a diferencia de los actuales, en éste la idea era leer, estudiar y luego cada uno debía decidir en que partido íba a militar. La idea de militancia partidaria era indesligable del compromiso político. Todos mis amigos, conocidos y saludados que eran de izquierda, estaban en un partido.

Cuando ingresé a la Juventud, se me explicó que no se trataba solamente de pertenecer al Partido. Había que trabajar en un frente de masas. A mi la política universitaria nunca me ha entusiasmado y pedí el frente obrero. Luego hice la columna sindical para el periódico del partido, UNIDAD.

Uno podría pensar que en elos 70s, o los 80s, la militancia izquierdista era todo romanticismo y gesta heroica. Bueno, tal vez para algunos camaradas. Lo mío fue pegatinas, hacer volantes, reuniones interminables, conversas de todo tipo, amores juveniles y mucho, realmente mucho renegar -en diferente tono- acerca de lo que hace y no hace la dirección de turno.

Así una de las primeras cosas que aprendí en el Partido fue trabajar junto a gente que no te cae bien. El Club, es como una familia. Tu no escoges quien te toca, pero es tu familia. Las discusiones más agrias las he tenido con camaradas de mi partido antes que con militantes de otros grupos. Pero, a diferencia de estos tiempos, para todos era claro, que discutir era parte de la militancia. Y por más antipático que un camarada te parezca, debíamos trabajar juntos. 

Los lazos de amistad eran casuales y a veces secundarios. Defender a un camarada por que era tu amigo, estaba muy mal visto. Era una desviación política y tenía un nombre: subjetivismo. Ahora, tengo la impresión que los jóvenes se acostumbran a hacer política solamente entre amigos. Que compartir una misma identidad política es parte de lazos amicales mucho más fuertes. Defender a los amigos no importa lo que hagan o digan es parte de un ritual político actual.  

Otra cosa que aprendí en el Partido fue a perder. Bueno, toda la izquierda lo ha aprendido, pero no todos de la misma forma. En el Partido, las decisiones se toman por mayorías y minorías. Pueden haber mil maneras de conformar esas mayorías y minorías, pero al final, quien tiene más votos, gana. Pero el triunfo no era absoluto, era contingente. No se te iba la vida en la derrota. He salido de innumerables reuniones y asambleas viendo perder las ideas o pareceres que compartía, pero desde temprano aprendí, que así como se pierde, se puede ganar. Que en el Partido, incluso los que pierden tienen siempre más de una oportunidad. 

Ahora, la política es un  juego de suma cero y a corto plazo. Los nuevos izquierdistas quieren tener siempre la razón y les es impensable una derrota temporal. Otros al final del ciclo vital, se apuran por cosechar un triunfo ya no importa a que precio. La paciencia es una virtud que la aprendí en mi Partido. 

Y finalmente, el Partido me enseño a discutir. Hay en la literatura política y en la experiencia de algunos izquierdistas una imagen del PC -por su vinculación/dependencia con el viejo PCUS de la otrora Unión Soviética-, monolítica, uniforme, homogénea del PCP. No es mi experiencia. Desde que ingresé hasta ahora, he visto tendencias, grupos, corrientes, matices, pluralidad. El partido me enseño que para ganar una discusión se necesitan argumentos. Para tener argumentos hay que estudiar la realidad. Al inicio de mi vida de militante comunista, una de las personas que más me insistía en que leyera a Marx y a Lenin directamente, con avidez y sin tanto manual era un viejo dirigente sindical. 

He militado entre gente sencilla, asalariados y estudiantes. Hemos discutido y confrontado. Ni los apellidos, ni las billeteras, ni las amistades ni el cálculo a futuro definía una discusión. Entre la responsabilidad de una organización política que influye en la principal confederación sindical del país y la impaciencia por hacer más; entre la razón política y la teoría marxista;  entre la literatura revolucionaria y los indicadores económicos; he aprendido a discutir pensando en las ideas y sus consecuencias.

Si pues, en las consecuencias de lo que pensamos y hacemos. Ingresé al Partido al inicio de la crisis de los partidos y cuando la edad dorada de los 70s había pasado. En los últimos años del poderoso bloque soviético y todo lo que eso significó para nuestro partido. El Partido era grande. No era como el PC Chileno ni como el increíble PC Italiano, pero vamos que era grande y más visto ahora. ¿Pero que significa un partido grande? significa un partido con muchos lazos con el tejido social. Lazos significa vinculación, eventualmente representación. Presencia implica responsabilidad. 

Un partido grande no puede tomar decisiones de un día para otro, no puede embarcarse en huidas hacia adelante, en estrategias improvisadas. Y no se trata de prudencia, se trata de democracia. Toda decisión debe de consultarse de alguna manera con todos y especialmente con la gente a la que tu decisión afecta. En el Partido aprendí que es más importante tomarse un tiempo y consultar con la gente, que quedar bien con un auditorio. Jugar al radicalismo en algunos espacios, cosecha aplausos, pero sólo eso. Con los aplausos de una noche no se construye la nueva sociedad. En el Partido aprendí que la responsabilidad es más importante que la popularidad, especialmente cuando trabajas rodeado de obreros sindicalizados.

Y todo esto es lo que se vive en el Partido. Este XIV Congreso será un punto de encuentro, debate, discusión. Entre camaradas, entre ciudadanos interesados en cambiar democráticamente la sociedad en la que vivimos. No se trata de pintar un cuadro ideal. Cada lección, cada aprendizaje cuesta. Derrotas, malhumor, tristeza, cólera. Impaciencia y desánimo. En un partido no sólo hay gente valiosa, también entran los buscavidas y oportunistas. La medianía a veces es una constante. Todo eso y tal vez más. Pero aún así la militancia orgánica sigue siendo el mecanismo más adecuado para hacer una política de izquierda eficaz.