20 de septiembre de 2012

Los reales enemigos de la democracia

Probablemente este año termine con aproximadamente cuatro meses de huelga de maestros. ¿Cuántas horas perdidas de clase representan? Es claro que dicha pérdida no se va a recuperar y que los menores perjudicados van a arrastrar las consecuencias de esto en el futuro inmediato. 

A la fecha hay aproximadamente 15 ciudadanos que han perdido la vida al ser reprimidos por las fuerzas policiales cuando realizaban protestas sociales en lo que va del actual gobierno.

En el mismo periodo cerca de 50 dirigentes sindicales han sido despedidos de manera completamente ilegal ante la vista de las autoridades. Los proyectos de ley que podrían resolver esta situación, han sido postergados por el actual gobierno. 

Un dato más. En el mismo periodo de tiempo, el senderismo bajo la denominación de "MOVADEF" ha iniciado un proceso de reordenamiento, agrupación y propaganda política. 

Se podría seguir señalando una serie de hechos y datos para reforzar una idea que me parece pertinente.  Como comunidad política todo parece indicar que no tenemos los mecanismos ni las herramientas institucionales para resolver estos conflictos de una manera que vaya más allá del simple juego del "más fuerte".

Algunos se sorprenden cuando ven la alta conflictividad junto a indicadores de crecimiento económico. Carlos Melendez incluso ensaya una explicación por el lado de la cultura, la discriminación, las ideologías del odio y el ninguneo

¿Y si se tratara de diferentes maneras de expresar una gran puja redistributiva? Algunos problemas son fáciles de entender. La oleada de huelgas en sectores estatales como maestros y salud son obviamente un reclamo por el evidente atraso remunerativo. Una huelga no es de ninguna manera una amenaza para el orden democrático. La libertad sindical es parte fundamental del orden democrático. 

Las respuestas desmedidas desde el Estado, solamente alimentan un mayor grado de rechazo y protesta.   Es decir, las reales y considerables desigualdades económicas en un contexto de crecimiento, impulsan mayores reclamos. El sistema político, no es capaz -ni tampoco esta muy interesado- en resolver estos reclamos en términos de una negociación real. 

Las élites empresariales nativas y trasnacionales parten de la premisa que este no es un escenario de ciudadanos. No reconocen el derecho de los otros a negociar una real redistribución de la economía y el poder. Por eso, el aparato del estado, es decir, el conjunto de altos funcionarios estatales que desde el MEF y los demás ministerios observa la ola de huelgas y conflictos solamente tiene como respuesta la represión policial. No importa cómo la denominen. "Prevención de conflictos" o "mesa de diálogo". Se trata de lo mismo. El que protesta es entendido como un resentido, un violentista, un marginal, un portador de odio. Nunca como un ciudadano que reclama un derecho que considera merecer.  

En esta situación, a nadie debería extrañar el relativo crecimiento del senderismo a través de MOVADEF. La relación entre capitalismo y democracia no es automática ni mecánica. Siempre es tensa y conflictiva. Cuando un régimen político deja de mediar entre los intereses económicos de sus ciudadanos, la racionalidad capitalista queda al libre juego del más fuerte. La democracia pierde contenido y queda convertida en una etiqueta. Y como toda etiqueta es insuficiente para cubrir toda la desnudez de las relaciones económicas. 

Una sociedad que llega a ese punto de inconsistencia va a ver crecer todo tipo de salidas por fuera de la legalidad democrática. El senderismo de MOVADEF es la expresión del fracaso de nuestra sociedad como un proyecto democrático. 

Al inicio de este post aludí a la huelga magisterial y a las clases perdidas. ¿No resulta extraño que esta situación no provoque una inmensa presión ciudadana hacia el gobierno para que discuta con los profesores sus reclamos y problemas? La clase media urbana limeña se limita a reclamar orden. Más policías. Claro, se trata de una huelga en el sector público. Los perjudicados son los niños de los sectores pobres y más pobres. 

Los casi 50 dirigentes sindicales, idem. En una sociedad democrática, un poderoso empresario no puede despedir a un trabajador dirigente sindical mientras autoridades y ciudadanos miran hacia otro lado. 

Y las personas no pueden morir abaleadas por la policía cuando hacen una protesta. Incluso cuando toman una carretera. Nada justifica que el Estado quite la vida a un ciudadano, y menos en una democracia.  

Y estas cosas ocurren, no porque simplemente pasen así. No es normal. No es correcto. El real enemigo de la democracia en el país no son los que protestan contra las mineras, ni los huelguistas ni siquiera los jóvenes equivocados de Movadef. La real amenaza para el orden democrático son aquellos sectores que desde hace varios años están logrando las mayores ganancias, los mejores beneficios, las más altas utilidades, tal como están las cosas ahora. Aquellos que no desean ninguna redistribución ni del poder ni de la economía. Y que están dispuestos a tener un orden completamente capitalista sin el más mínimo contenido democrático.