9 de junio de 2008

El Paro Nacional y nuestras tareas

El movimiento sindical ha programado un Paro Nacional para el 9 de julio próximo. Esta medida ya se veía venir desde meses atrás. Así que no debe ser una sorpresa para nadie y menos para el gobierno. La CGTP ha discutido esta medida hasta en dos Asambleas Nacionales de Delegados, que es la instancia máxima después del Congreso y en la que participan dirigentes de todo el país. Los sindicalistas tenemos una lista de reclamos que lleva bastante tiempo postergada por el actual gobierno: aumento de sueldos y salarios, promulgación de la ley general del trabajo (esperando desde hace 8 años); respeto efectivo a la libertad sindical y promoción de la negociación colectiva; adecuada ley para los trabajadores del sector público; entre otras demandas puntuales y sectoriales.

Tanto el gobierno de Toledo, como el de García no han atendido estos reclamos. En el caso del gobierno aprista más aún pues buena parte de estas reivindicaciones fueron parte de su oferta electoral. Actualmente, ni los empresarios ni el gobierno dan muestras de avanzar en estos temas y por el contrario se busca seguir en la perspectiva de flexibilizar más y más el mercado laboral.

Claro, uno puede señalar que la flexibilización es imprescindible dentro de la estrategia de apertura comercial del gobierno, pero incluso aceptando parcialmente este argumento, el punto es el de la redistribución. Aquí, el gobierno y los empresarios defienden un modelo que concentra el crecimiento económico y no redistribuye. Ahora bien, para nosotros los sindicalistas, el principal mecanismo de redistribución es la negociación colectiva. Actualmente la cobertura de la misma es muy pequeña entre los asalariados, cuyo precio de su trabajo lo determina con total discrecionalidad el empleador. Es irracional e injusto.

Una sociedad democrática no tiene por que ser pacífica ni tranquila. Una sociedad realmente democrática es un conjunto de conflictos en proceso de discusión y resolución. Ahora que se viene el Paro, ya empiezan aquellos que reclaman paz, tranquilidad y confunden el Paro con la violencia terrorista. Falta de cultura política.

El Paro es un ejercicio democrático en la medida que es una expresión de rechazo a una política gubernamental y la exigencia de atención a problemas concretos.

El Paro se esta convocando junto con la CUT, la otra central sindical y con la Coordinadora Político Social, que es el actual frente de las izquierdas. Esta suma, que algunos sindicalistas no comprenden del todo, es parte de un proceso de más largo aliento para disponer de un referente, de una alternativa política. Más allá de los intereses personales o particulares, lo cierto es que como sindicalistas necesitamos que exista una bancada parlamentaria de izquierda. La ausencia de partidos de izquierda en el Congreso de la República es un problema serio para el trabajo sindical. Por eso, ahora aparecemos “ayudando” a las alicaídas izquierdas a recomponerse, esperando que cuando lo hagan, ellas nos ayuden a nosotros desde el parlamento. Soñar con ser gobierno el 2011, es bueno pues, parte de la pasión e ingenuidad de algunos compañeros y compañeras. La política necesita sueños, el sindicalismo resultados.

Por estas razones la jornada del 9 de Julio tiene una importancia crucial, aunque suene a cliché esto último. Frente a un gobierno de derecha y pro empresarial, la estrategia del dialogo sin presión ha fracasado. La crisis permanente que vive el Consejo Nacional de Trabajo es muestra de ello. Lo mismo ocurre en el Acuerdo Nacional. Resulta patético defender estas instancias cuya finalidad y sentido se ha perdido hace tiempo. Pero, su clara inoperancia no tiene nada que ver con una cuestión de principios. Los compañeros trotskistas vienen repitiendo con la obstinación que los caracteriza que la CGTP debe retirarse de estos espacios de dialogo por ser “burgueses”. Y lo señalan en cada asamblea ya sea sindical, social, política, barrial, cultural, etc. De tanto repetir lo mismo, están convenciendo a más compañeros y compañeras. Pero dicha propuesta es un error. Los espacios de diálogo social en una democracia moderna no tienen un carácter de clase per se. Son las normas y reglas de funcionamiento lo que permite afirmar si una instancia es o no democrática, eficaz y pertinente. Obviamente también es importante la legitimidad de su convocatoria y el peso político de las fuerzas en ella representadas.

En este sentido, retirarnos de los espacios de dialogo así nomás, es un sinsentido. Lo necesario y esto debería estar en la plataforma del Paro Nacional, es reencauzar, refundar, reconstruir dichos espacios de dialogo, dándoles una legitimidad tal que impida al gobierno de turno desentenderse de los acuerdos logrados en dichas instancias.

En una democracia se tiene el derecho a protestar pero sobretodo el derecho a recibir de parte del gobierno, una respuesta –afirmativa o negativa - sobre el motivo de nuestra protesta. Lo que el gobierno hace es pasearnos, dilatar, escabullirse y no responder.

Por esta razón decíamos que el Paro es crucial. Si no logramos paralizar la producción lo suficiente y movilizar a la ciudadanía lo suficiente, el gobierno podrá aislar y hostilizar a los opositores sindicales y políticos sin mayor problema. Los empresarios podrán seguir despidiendo más y más.

El Paro Nacional Cívico Popular es un ejercicio de ciudadanía. Es nuestro derecho a decir NO y a organizar todos los intereses necesarios para que este NO sea lo suficientemente fuerte y claro ante los ojos del gobierno, los empresarios y la opinión pública.