21 de marzo de 2007

Cambio y continuidad en el sindicalismo

Tratar de entender la historia social del país desde una mirada que pone el acento en aquellos hechos y actores que Mariátegui no conoció es una invitación provocadora pero ciertamente, responde al más genuino espíritu mariateguista de entender la realidad de manera honesta, rigurosa y optimista.
Hay tres ejes centrales que marcan la historia social del sindicalismo peruano y que en buena cuenta explican tanto la crisis como la solución de la misma. La Guerra Fría; el reformismo militar y el poscomunismo actual.

No queremos hacer un recuento histórico de lo ocurrido desde la temprana muerte del Amauta hasta nuestros días, sino simplemente destacar algunos hitos que cruzan tanto la historia contemporánea, como la organización y constitución del sindicalismo en nuestro país. Pondremos acento en el contexto general de cada periodo; el desarrollo del sindicalismo peruano en dicho periodo y la constitución de diferentes “generaciones” de sindicalistas. Aquí entendemos “generación” en su sentido más amplio, como grupo de personas que comparten en un lapso de tiempo el mismo horizonte cultural y social.

A.- La Guerra Fría:

La guerra fría podemos entenderla como un periodo de violencia más o menos dosificada y controlada entre dos superpotencias. Mariátegui no vivió el proceso por el cual la revolución rusa de Lenin, terminaría convirtiéndose en el bloque soviético de Stalin.

La guerra fría si bien representó una dura competencia entre dos modelos de industrialización, significo también el desarrollo de políticas económicas keynesianas, la consolidación del Estado Benefactor mediante el diálogo social. Estas instituciones modernas, significaron para la sociedad y el movimiento de los trabajadores un cambio sustancial, que el Amauta difícilmente hubiera previsto.

En nuestro país, la ilegalidad de la CGTP en 1932 por la dictadura de Sánchez Cerro definió una política estatal de leve tolerancia a la acción sindical. Las clases dominantes en general han sido históricamente contrarias a todo esfuerzo de organización popular y más aún con los sindicatos. El estado peruano acepto con reticencias los sindicatos de empresas pero mantuvo sus reparos frente a niveles de organización mayor.

En este periodo surge de diferentes maneras una práctica sindical nueva en nuestra patria: el sindicalismo amarillo o patronal. La CTP resultado de un serio esfuerzo de unidad sindical terminó convirtiéndose en el agente del sindicalismo patrocinado por los intereses del gobierno estadounidense.

Mientras que el sindicalismo se veía reducido a la defensa en el estrecho ámbito de la empresa particular, no había la posibilidad de contar con instancias que centralicen las luchas sindicales y populares, ni que definieran una estrategia nacional.

Para Mariátegui la organización sindical debía de articularse a partir de grandes federaciones de rama o industria que fortalecen una Confederación “General”. La realidad devino por el contrario en un escenario de muchos sindicatos pequeños y dispersos que luchaban por cuenta propia. Esta dispersión organizativa sería la base luego de identidades de capilla o grupo que tanto daño han hecho al movimiento popular desde entonces.

Por otro lado, los manejos arbitrarios e irresponsables de la cúpula dirigente de la CTP, dejaron una profunda huella en un sector importante de dirigentes intermedios y de base.

Lo que denominamos la “segunda generación sindical” se formo en este contexto. La primera generación es aquella que parte desde los primeros movimientos mutualistas, recibe el influjo de las ideas anarquistas y luego culmina en la fundación de la CGTP en 1929. La “segunda” es aquella que no conoció a Mariátegui sino al sindicalismo amarillo de la CTP. Los sindicalistas de entonces eran básicamente costeños, “criollos” para ser más exactos, la política, les era extraña y si bien el aprismo era una influencia muy fuerte, las eternas contradicciones de Haya de la Torre hicieron que se desconfiara del APRA en el terreno sindical. Este periodo puede, salvo honrosas excepciones, considerarse una “generación perdida”.

B.- El reformismo militar

A fines de los 60s el rostro urbano del país ha cambiado. El país ya no era fundamentalmente agrario y sucesivas oleadas de migrantes construían una nueva Lima de rostro mestizo y cholo. La crisis de la república aristocrática y de su estructura de dominación permitió el desarrollo de los discursos de cambio social. La incapacidad de la burguesía para liderar este proceso de modernización convirtió al Ejército en la institución reformista que la sociedad necesitaba.

El reformismo militar de Velasco y su grupo de coroneles afines, fue un cambio sustancial en el país. La reforma agraria entre otros cambios ha hecho posible que muchas de las tesis mariateguistas de los años 30s debieran ser revisadas seriamente mientras que otras mantenían vigencia inmediata.

Este proceso de democratización hizo posible y necesaria la centralización del movimiento popular. Efectivamente, aparecen sectores sindicales interesados en darle a la desprestigiada CTP una dirección efectivamente clasista. La imposibilidad de tal tarea puso en agenda la construcción de una nueva central. Aquí el movimiento sindical debía de definir el proceso de dicha construcción. Como sabemos, los procesos de centralización sindical pueden desarrollarse ya sea desde arriba hacia abajo (siguiendo un modelo más europeo) o desde abajo hacia arriba (que al final ha sido el modelo latinoamericano). Ambos caminos implican diferencias fundamentales en cuanto a los mecanismos y fuentes del poder y autoridad sindical.

En nuestro caso, el desprestigio de la CTP nos obligó a una estrategia que entendía a la “Confederación” principalmente como una instancia de “coordinación” superior entre pares e iguales. Aquí hay un resultado histórico que objetivamente difiere de lo pensado por Mariátegui inicialmente. Para el Amauta, la CGTP era entendida como el Estado Mayor de la clase obrera. Más aún como un único cuerpo donde las diferencias ideológicas de cada parte se articulan con una férrea disciplina en la acción colectiva.

La constitución del CDUS y luego de la CGTP a fines de los sesentas, nos brindo una coordinadora de sindicatos y federaciones. El temor de caer en los vicios y errores de la anterior CTP y su largo historial de traiciones, nos obligó a establecer un precario equilibrio de fuerzas entre la naciente Confederación y sus bases más consolidadas. La formación de nuevas organizaciones y la negociación colectiva estuvieron siempre en el ámbito de las federaciones y luego de los sindicatos de empresa.

Este hecho va a tener una repercusión directa en la debilidad de la identidad “cgtpista”. Mientras que en otros países, los afiliados se reconocen en primer lugar como parte de la instancia mayor: CGIL, CGT, CCOO, DGB etc., y luego como parte de una federación o sección sindical; aquí, la identidad gremial esta ligada al sindicato de empresa, antes que a la CGTP.

Este proceso fue vivido por la “tercera generación” de sindicalistas. Una primera diferencia con la anterior ha sido su composición más diversa. Los migrantes andinos ingresaron al mundo laboral renovando la cultura obrera en todo este periodo. Algunos apuntes de Mariátegui acerca de los mineros en los años 30 son aquí muy pertinentes para entender este proceso. La clase obrera dejo de ser básicamente criolla para ser “chola” como el resto de la ciudad. El gran merito del discurso sindical clasista en este periodo fue el de articular en un único espacio tanto a criollos como serranos en función de un ideal y una práctica común.

Otra diferencia fundamental con el periodo anterior radica en los altos niveles de ideologización de los sindicalistas en este periodo. En los años 70 surgen diversas y variadas corrientes de la izquierda en nuestro país. Uno de nuestros errores ha sido el poner el acento en aquello que nos diferencia y aleja, antes que en una agenda y tradición común. Somos todos hijos de Mariátegui, pero terminamos peleándonos por la primogenitura.

Más en detalle, en este periodo, se construye una relación muy estrecha entre partido y sindicato. Esta situación es ciertamente general en la historia sindical contemporánea, en todas partes, los límites entre ambas instituciones eran tenues y condicionaron la política sindical a intereses de partido. Para el Amauta, quien no vivió la experiencia estalinista, este problema era impensable.

Para la CGTP el proceso reformista militar fue un periodo de consolidación, disputas y aprendizaje. Uno de sus más importantes logros ha sido construir un discurso clasista que ha logrado impregnar entre amplias masas de trabajadores y trabajadoras. En los años 80s, la CGTP culmino el proceso de centralización iniciado a fines de los 60s llegando a ser la más importante instancia de coordinación y eventualmente de dirección sindical en el país.

C.- El Periodo Poscomunista

Actualmente, vivimos el fin de la guerra fría y la entronización de una única superpotencia militar y política en el mundo. La derrota del bloque soviético y el predominio del neoliberalismo han significado no sólo un duro golpe para el movimiento sindical, sino para toda la humanidad.

El Amauta vio en la revolución rusa el amanecer de una nueva época, el inicio de la construcción del socialismo en el mundo. El propio Marx quiso ver dicho inicio en la Comuna de Paris. Pero los procesos de cambio revolucionario no se miden en años o décadas sino en periodos más largos. Tienen avances y retrocesos. El marxismo nos recuerda siempre que una formación económica no cede el paso a otra hasta que haya agotado todo el potencial de sus fuerzas productivas.

La globalización y el neoliberalismo han redefinido las relaciones entre capital y trabajo dentro del capitalismo. La clase obrera europea ha sufrido drásticos cambios en su lucha por defender el Estado Benefactor. Lamentablemente hay más derrotas que victorias en este proceso.

Para la CGTP, este nuevo contexto representa un reto mayor. Los cambios operados en la estructura del mercado laboral, los procesos de tercerización e intermediación, las privatizaciones, la desregulación estatal, han minado las bases sobre las cuales se desarrolló la CGTP en los años 70s. Su rol como instancia de coordinación y dirección se ha visto seriamente reducido. Obviamente, procesos como la guerra interna han contribuido a esta crisis.

De no asumir la necesidad de importantes cambios en el discurso, la práctica y la organización de la CGTP hubiéramos quedado al margen de los trabajadores y de sus luchas.

Durante el periodo más duro de la ofensiva neoliberal, durante la dictadura fujimorista, importantes sectores y líderes sindicales entendieron la necesidad de un profundo cambio en la CGTP. El discurso sindical se ha hecho menos obrerista y más laboral; las reivindicaciones se han convertido en banderas de todo el movimiento popular y la CGTP es ahora un verdadero espacio plural desarrollando la idea del “frente único” que nos dejara el Amauta.

Actualmente, el proceso de cambio tiene como centro, el adecuar nuestras estructuras organizativas al nuevo rostro del mercado laboral. Queremos ser realmente una Confederación “General” para todos los trabajadores y trabajadoras del país, sin importar si tienen o no estabilidad laboral; cualquiera sea su régimen contractual o si son trabajadores de una service, de una contrata; de una empresa transnacional o del Estado. Queremos tener “cgtpistas” en las grandes fábricas de cientos de operarios pero también en el taller donde laboran tres o cuatro personas. Más aún, aspiramos a construir una fuerte identidad sindical alrededor de la CGTP.

Este cambio consideramos que responde al legado que Mariátegui nos dejara. Si bien el Amauta no vivió el fracaso de la experiencia soviética, al animar la fundación de la CGTP, quiso dejarnos la principal herramienta de lucha de los trabajadores: una organización central y con la autoridad y poder suficiente para ser factor de organización, negociación y dirección de la clase trabajadora del país.

Este es el reto de la “cuarta generación” de sindicalistas en nuestro país. Aún son jóvenes y están sufriendo un duro embate producto de la legislación laboral fujimorista que no ha cambiado. La mayor parte de ellos aún no cuenta con un sindicato, ni tiene experiencia política. Pero cada vez más, están venciendo el temor y la oposición de las empresas y se organizan en defensa de sus derechos. Esta nueva generación son los hijos de los anteriores migrantes, su cultura es más urbana y menos andina. Comparten la desconfianza en la política partidaria pero entienden al sindicato como una herramienta útil para defenderse. Menos ideologizados y más pragmáticos, buscan resultados concretos antes que grandes discursos.

Entre ellos y la CGTP hay una mutua y vital dependencia. Si logramos reunirnos en la gran familia de los trabajadores que es la CGTP, podremos estar seguros que la labor auroral del Amauta, sigue desarrollándose con la energía y convicción que él puso mientras estuvo con nosotros.