La izquierda canibal


La foto ilustra una feria de comida en un distrito limeño. Todos hemos visto una de estas ferias. Sabemos cómo funcionan. Un espacio común donde diferentes tiendas ofrecen sus productos al público. Cada puesto en teoría está en competencia con vecino. Entonces, cada puesto tiene un objetivo que es convencer al público de comprar sus productos. Pero, al mismo tiempo, es de común interés que más personas visiten la feria. Si no hay público, todos pierden. 

Entonces, una estrategia fallida sería que cada comerciante busque denigrar al vecino. Si un vendedor se dedica a denostar al del costado señalando sus defectos, la mala calidad de sus productos o sus inconsistencias; lo que va a ocurrir es que el público dejará de ir a dicha feria. Todos pierden. Esto es algo básico. Un grupo de comerciantes puede tener intereses comunes y diferenciados a la vez. No todo es competencia dura y salvaje. 

Ahora pensemos en cómo van desarrollándose las campañas de los dos grupos de izquierda principales: Juntos por el Perú (donde ahora se suma Nuevo Perú) y el Frente Amplio de Marco Arana. ¿Funciona como una animada feria popular o se parece más bien a una partida del viejo cachascan?

Lamentablemente, lo que tenemos son puyazos en las redes sociales, maleteo en televisión (por ejemplo éste penoso encuentro). Es cierto que en la cultura política de las izquierdas, hay una tradición de disputa y debate en tanto se busca la adhesión de un mismo sector social. Pero aquí lo que tenemos, más que una competencia por atraer a los sectores populares, es la descalificación del otro. No se trata de una discusión programática, ni ideológica. Muchas veces tiene un tono de individualismo moralistón (por demás ridículo en una cultura de izquierda) o simple soberbia intelectual disfrazada de sectarismo. 

Cada grupo de izquierda pretende construir su identidad a partir de la negación del resto de los grupos de izquierda. No tenemos una izquierda que afirme sino una que se ha acostumbrado a reemplazar la crítica argumentada por el epíteto fácil. Es como pasar del Manifiesto al Twitter.

Ciertamente, esta tendencia es notoria en los dos grupos que participan en las elecciones, pero no es ajena a la "otra izquierda" de los colectivos más radicales, que encuentra un placer infinito en "desenmascarar" al progresismo liberal como si estuviéramos en algún café de Petrogrado en febrero de 1917.

Pero eso, en todo caso solamente desgasta las juveniles energías de esa izquierda militante. La responsabilidad más grande yace en las dos agrupaciones que compiten en las próximas elecciones congresales. Por ejemplo, en el programa de televisión que he aludido, se discutieron durante varios minutos las credenciales "trostkistas" de uno de los candidatos. El argumento descalificador que utilizó el compañero del otro grupo fue repetir un viejo chiste que incluso en Facebook ya resulta infantil. La defensa fue igualmente absurda: tener más tiempo en la cárcel como certificado de compromiso. Penoso. 

Hasta aquí, mi catarsis frente a los sinsentidos de las izquierdas locales. Ahora quiero explicar mi punto de vista. Es bien simple: Las elecciones congresales que tenemos en enero, no son elecciones presidenciales. Y ´por lo tanto, responden a objetivos diferenciados. Es obvio.

Pero no parece obvio para los candidatos pues están actuando bajo dos premisas falsas. La primera consiste en creer que resulta más importante ganar las elecciones que derrotar a la derecha en su conjunto. 

Tanto JP como FA creen que pueden ser "la única oposición" a la derecha en el país. El único referente que puede representar a los sectores populares y dar un golpe terminal a la derecha empresarial, a la derecha fujimorista, a la derecha vizcarrista, a la derecha conservadora, a la derecha  aprista, a la derecha liberal. Asumiendo además, que varias de esas facciones de derecha operan como mafias en la práctica. 

Y no es así. En las actuales circunstancias ninguno de esos dos grupos puede representar todas las fuerzas sociales necesarias para un cambio de la correlación de fuerzas de dicha magnitud. No ellos y no ahora. La representación política de los sectores populares es ahora muy amplia, diversa e incluso a veces, inasible. Y doña Correlación de Fuerzas sigue siendo adversa a las izquierdas.

Por eso, el objetivo inmediato es derrotar a TODA la derecha políticamente representada. Y eso supone, que en enero tengamos un Congreso con una mayoría clara de izquierdas (así en plural y diverso). De nada sirve que la suma de los grupos de derecha sea mayoritario. De allí se desprende, que las fuerzas de izquierda, para estas elecciones, (para estas elecciones, léase bien) deberían actuar bajo la premisa de sumar fuerzas en contra de las fuerzas de la derecha.

Es decir, los intereses comunes antes que los particulares. Es decir, reconstruir el "espacio de izquierdas" en un electorado que no conoce, ni tiene los instrumentos para entender las pequeñas disputas personales y emocionales de nuestros líderes izquierdistas. 

Debemos funcionar como los comerciantes de la feria que describo al inicio. Hay que afirmar un  discurso "contra la derecha", no contra la izquierda, así sea rosada o roja intensa. Cada grupo tendrá su adversario principal, ya sea la derecha empresarial o la derecha conservadora, ya sea la mafia aprofujimorista o la derecha liberal. Debilitar a cualquier de ellas es útil ahora. Debilitar a JPP o a FA, no ayuda a los intereses generales del campo izquierda. 

Una segunda premisa errónea en las candidaturas que se van pronunciando, es creer que hay un gran espacio "de izquierda" que está en disputa. Es decir, que hay masas organizadas y militantes, que están en fila esperando simplemente una voz de mando, una bajada de línea, un llamado a la marcha, para que aparezcan cantando como en Novecento. Por lo tanto, hay que simplemente establecer que somos la dirección realmente de izquierda, desenmascarando a los falsos profetas y listo. 

Y no es así. No hay un "pueblo revolucionario" esperando a su verdadero Lenin. Esta distorsión pasa por pensar que la burbuja de facebook es real. Y no lo es. La pugna por demostrar que "el otro" no es "de izquierda" no suma votos en tu lado. Es canibalismo político y cuando una colectividad empieza a consumir a sus propios integrantes, termina mal, siempre. Como lo sabe cualquiera que ha visto una película de zombies. 

Por eso, me pregunto si no sería posible, un pacto sencillo que podríamos resumir en: "no jodernos entre nosotros, sino a la derecha". Si van juntos a una entrevista, no se ataquen entre sí, sino articulen los golpes contra la derecha. Que el electorado indeciso vea que puede votar por cualquiera de los dos, pero no por alguien de derecha. 

Es necesario construir un campo político de izquierda, con propuestas claras, concretas, serias, radicales, que desarmen toda la infraestructura política, económica e ideológica del neoliberalismo. Y tener un Congreso con mayoría de izquierda, sería un paso firme en la dirección correcta. Por eso, invito a cada candidato y candidata a asumir públicamente, esta propuesta sencilla. 

Es cierto que supone un "nosotros" que va más allá de tu grupo. Ojalá que puedas ver que efectivamente ése espacio existe. Si vas por la vida pensando que solamente tu grupo (ya sea de miles o decenas) es el "nosotros"; tal vez no estés haciendo política sino religión. 

Igual, no es mucho tiempo, sólo hasta las elecciones de enero y después si quieren, sigan comiéndose entre sí. 

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