31 de agosto de 2007

¿Estrategia sindical internacional?

En la CGTP se desarrolla de manera intermitente un debate acerca de nuestra estrategia en el escenario sindical internacional. Un lado de este debate alude a la adscripción a una de las centrales sindicales internacionales. Para entendernos, debemos resumir algunos hechos. Veamos, históricamente, los sindicalistas se han organizado en centrales internacionales de carácter amplio y democrático. Desde los híncales intentos a lo largo del siglo XIX que tuvo como hito la primera Internacional donde destacaban marxistas y bakuninistas (anarquistas) hasta la fractura provocada por la revolución rusa en 1917. En esa coyuntura, los criterios políticos pesaron más que los sindicales y crearon una división “artificial” del sindicalismo internacional, separando a “reformistas” de “revolucionarios”. Este punto de quiebre dio origen a la CIOSL (Confederación de Organizaciones Sindicales Libres) muy cercana a posiciones anticomunistas y a la FSM (Federación Sindical Mundial) donde a la inversa los comunistas tenían la hegemonía. A su vez, los socialcristianos consideraron necesario disponer de una central propia y dieron origen a la CMT (Confederación Mundial de Trabajadores). Lamentablemente no por disponer de más centrales internacionales, éramos más fuertes.

En América latina la CIOSL tenía como referente a la ORIT (Oficina Regional Interamericana de Trabajadores). Para nadie es un secreto las relaciones más que sospechosas entre la ORIT y el Departamento de Estado de los EEUU y la propia CIA, en su afán de luchar contra el peligro rojo. El sindicalismo que práctico fue generalmente pro patronal y como decimos “conciliador”. Los peores años de la CTP aprista fueron los más cercanos a la ORIT por ejemplo.

Por otro lado, la CGTP se encuentra afiliada a la FSM, desde su reconstitución a fines de los 60s. En el Perú, las modas foráneas se asumen con mayor devoción y entusiasmo que en donde se originan. Así, una generación de sindicalistas locales se ha formado en la dicotomía entre “socialtraidores” y “revolucionarios”, es decir, malos y buenos respectivamente. Pero como siempre hemos sospechado, estas dualidades ocultan más que ilustran lo que pasa en la realidad.

Pero la guerra fría termino hace años con el resultado que todos conocemos. La división ideológica entre los trabajadores no responde a intereses de ningún Estado actualmente, y el neoliberalismo, es cada vez más una amenaza para la humanidad. Entonces ¿deben los sindicalistas estar divididos por una fractura que ya no se justifica, si es que alguna vez lo hizo?

En las últimas décadas muchas cosas han pasado en la escena sindical internacional. El principal soporte de la ORIT es la AFL-CIO, el sindicato estadounidense en la actualidad ya no es el bloque corporativo y monolítico que era en los años 50s. Al parecer, después de una división hace unos años, los sindicalistas estadounidenses se encuentran en un interesante debate sobre la estrategia sindical que deben llevar y sus relaciones con el partido demócrata. Por otro lado, los trabajadores de origen hispano son ahora la principal minoría en su seno, al parecer cerca de un 40%. Lo cual implica un cambio radical en costumbres, cultura y modos de acción. Más al sur, el ocaso del PRI ha debilitado el sindicalismo corporativo de la otrora poderosa CMT dando paso a corrientes más contestatarias y de clase. En América del Sur, la CUT de Brasil es un buen ejemplo de sindicalismo de clase y democrático.

Es necesario precisar, que cuando decimos “sindicalismo de clase” o clasista, nos referimos a un modelo de acción colectiva que en primer lugar tiene como sujeto al conjunto de la clase trabajadora y no solo a la membresía formal o ideológica. En segundo lugar, es un sindicalismo que defiende y valora la autonomía sindical frente a intereses de Estado, partidarios o de capilla.

Es obvio que entre los trabajadores siempre coexisten corrientes y diferencias. Podemos señalar que en general, hay siempre dos alas muy notorias, una que podemos llamar de izquierda, inspirada en los valores y fines del socialismo; y otra “conservadora” que se imagina así misma como una eficiente administradora de recursos para sus afiliados. En Europa es clara la diferencia entre las Trade Unions inglesas junto con los sólidos sindicatos alemanes, ambos más conservadores que los sindicatos nórdicos o a la CGIL italiana o Comisiones Obreras de España, todas ellas más a la izquierda en sentido general.

Sin embargo, para no caer en fáciles dualismo, debemos precisar que la línea que separa a unos de otros, es muy vaga e inconstante. Cambia de pronto. No es una frontera con aduanas regulares. Implica por un lado, el discurso oficial, las posiciones sobre el contexto internacional, y la práctica frente al neoliberalismo, los gobiernos de turno, la cooperación internacional, las relaciones norte-sur y muchos otros elementos. Es muy probable que los sindicatos del Norte sean conjuntos variopintos que asegurando una orientación general, desarrollen pequeñas líneas de acción diversa según los dirigentes en cada secretaría o departamento. Las parcelas de poder existen en todas partes. Es decir, hay izquierdistas y conservadores en todas partes y a veces los roles se intercambian según la agenda del momento.

Al parecer, la CIOSL y la CMT se dieron cuenta de esto y desarrollaron un proceso de unificación, donde no esta muy claro si la FSM fue invitada o simplemente marginada. En todo caso, hoy día existe una CSI (Confederación Sindical internacional) que es producto de la disolución de la CIOSL y la CMT en dicha nueva instancia. Es decir, en la actualidad, los sindicalistas a nivel internacional tenemos a la CSI y a la FSM.

Debo señalar ademas que la FSM -y a riesgo de acabar en el índice de los socialtraidores-, anda de capa caída. En América reúne significativamente a la CTC (Central de Trabajadores de Cuba) y a la CGTP como confederaciones importantes, y luego un conjunto de centrales pequeñas. Como señalamos, los sindicatos más conocidos como la CUT de Brasil, la CTC de Colombia, la CTA de Argentina, no participan de la FSM y por el contrario, son el ala izquierda de la nueva CSI. Más aún, en unos meses, la otrora nefasta ORIT va a disolverse para establecer con la CLAT (la instancia de los sindicalistas socialcristianos en América latina) una nueva instancia a nivel regional de América. Eso por lo menos, son buenas noticias, ¿no?

Por otro lado, existen un conjunto de razones estructurales para deducir la necesidad de dejar atrás las diferencias entre sindicalistas por razones ideológicas. El mercado capitalista cada vez es más mundial, las burguesías nacionales ceden su lugar a grandes corporaciones apátridas, la deslocalización del trabajo hace difícil decidir donde hacer la marcha y el debilitamiento de los Estado-Nación impide articular una lucha sindical nacional eficaz.

Entonces, el debate para nosotros es ¿qué estrategia debe articular la CGTP en el movimiento sindical internacional? Esto en algún momento implicará repensar nuestra afiliación internacional. O para decirlo claramente ¿debemos seguir afiliados a la FSM?

Para responder a esta pregunta, algunos sindicalistas locales mantienen la dicotomía de la guerra fría como principal argumento. El debate internacional se reduce a la recuperación de la memoria histórica, donde se detallan todas y cada una de las infamias cometidas por la CIOSL, la ORIT y la CLAT. Cada huelga traicionada, cada agente “sembrado”, cada pacto antilaboral es señalado como una razón para no participar del proceso actualmente existente. Al volver “histórico” un debate de estrategia, se pierde la perspectiva de futuro y terminamos encerrados en el pasado.

Efectivamente, la historia no va a absolver a los dirigentes y burócratas sindicales que obedecieron razones externas al sindicalismo y han traicionado los intereses de los trabajadores. Las organizaciones sindicales desde donde desarrollaron esta labor serán olvidadas. En verdad, en unos años, nadie va a recordar con nostalgia a la CIOSL o a la ORIT. Podemos des-historizar el debate y hacer un esfuerzo por presentar argumentos actuales.

La CGTP necesita en buena cuenta, una política sindical a nivel internacional que oriente su acción en el área andina, así como frente a la nueva instancia interamericana. Necesitamos ubicarnos activamente en dicho escenario y articular una estrategia común con todos los sindicalistas que tanto en la CSI como en la FSM, se oponen al neoliberalismo, defienden los derechos laborales y aspiran a construir un mundo democrático, solidario y justo.