5 de febrero de 2014

Colaborador o trabajador: una disyuntiva nada inocente

Desde hace unos años, en diversas empresas se ha empezado a utilizar el término "colaborador" para referirse al trabajador o empleado. En la opinión pública queda muy bien referirse a los trabajadores como "colaboradores". Se trata de un término amigable, que pretende reconocer el papel importante del trabajador en la empresa. Muchos sindicatos se incomodan por el término. Veamos pues si deben los sindicatos oponerse a ser llamados "colaboradores".

Teorías de la administración

Desde los años 70s, la administración de empresas ha desarrollado diversos discursos y "teorías" para explicar los cambios en la organización de los procesos productivos. La base de estos cambios opera en el paso del modelo fordista a algo llamado post-fordismo.

Se denomina "fordismo" a una manera específica de organizar la producción que tiene como base la planta-fábrica de la empresa automotriz Ford. Es decir, fábricas de muchos obreros, organizados en líneas de producción, con actividades mecanizadas y una tendencia a automatizarlo todo.

El fordismo es el modelo de la gran producción en la gran fábrica. En Perú es difícil hablar de fordismo en sentido estricto por el tamaño de nuestras unidades de producción y la ausencia de una real industrialización.

Desde los 70s y con claridad en los 80s, este modelo imperante en EEUU y Europa empieza a presentar problemas y dificultades. Desde las economías asiáticas y el norte de Italia aparece un nuevo modelo para organizar el proceso productivo capitalista. Se trata del post-fordismo o "especialización flexible". Ya no se trata de una producción masiva y homogénea, sino de identificar segmentos de consumidores y atender sus demandas de manera más personalizada. Esto es posible por el impacto de las nuevas tecnologías de información y procesamiento que revolucionan las áreas de diseño en la producción industrial.

Supone también procesos de "flexibilidad laboral", es decir, modelos contractuales que facilitan la rotación en el empleo, es decir, el despido del trabajador. El trabajador para mantener su empleo ya no puede especializarse en una sola actividad, debe ser "polivalente", es decir, hacer muchas más cosas por el mismo salario.

El impacto en las relaciones laborales es muy fuerte. El trabajador pierde poder dentro de la empresa al ser separado en equipos y establecerse diferencias entre los trabajadores. El sindicato es debilitado por los contratos temporales. Las nuevas tecnologías suponen un trabajador con mayores conocimientos y un rol más activo en la producción.

Este cambio en la organización de la producción capitalista es la base para los discursos que ven al trabajador como un "colaborador".    

Las relaciones laborales

Para entendernos, debemos partir de lo siguiente: las relaciones entre empleador y empleado no son relaciones entre iguales. El patrón y el trabajador no son iguales. Es una relación entre desiguales. Por un lado, el empresario dispone de capital, dinero, máquinas, y por lo tanto de poder económico. El trabajador en cambio, carece de poder económico. Esta obligado en la sociedad capitalista a vender su fuerza de trabajo, es decir, a trabajar para otro. 

El derecho laboral entiende esta desigualdad y asume su función como la de proteger a la parte más débil de la relación laboral, es decir, a los trabajadores. 

Para los empresarios siempre ha sido importante disfrazar, ocultar, disimular, esta desigualdad. Ellos quieren hacernos creer que vender nuestra fuerza de trabajo es una opción libre y voluntaria.  Que entre patrón y trabajador hay una relación de iguales. ¿Un patrón y un trabajador son iguales? No. 

Estrategias empresariales

Como las unidades de producción ahora son más pequeñas, los equipos de trabajo disponen de menos personas, los horarios se hacen más flexibles -porque se trabaja más-, los procesos de producción implican una supervisión más completa, entonces, es necesario para los intereses de los capitalistas, mantener la "paz laboral". 

Los administradores encargados de las relaciones entre la patronal y los trabajadores han construido una serie de relatos y discursos para contarnos un cuento. Antes en las empresas existía el "relacionista industrial". Es decir, precisamente, la persona encargada de las relaciones entre los trabajadores y la empresa.  Luego la denominaron "recursos humanos" y ahora "capital humano". 

La "nueva administración" (New Management) sobre la base de los cambios ocurridos con el Postfordismo ha desarrollado una nueva "cultura empresarial".  Ahora, las empresas quieren que los trabajadores se "involucren", que participen, que los trabajadores sientan que la empresa es su "familia". Se trata de desarrollar una idea de "comunidad" entre los empresarios, funcionarios y los trabajadores. Son los discursos de calidad total, círculos de calidad, Kaysen, demora cero, mejora contínua, etc. 

Son solamente etiquetas para disfrazar lo fundamental: que patrones y trabajadores son clases sociales diferentes. 

Entre los años 50s y 70s, la paz laboral se mantuvo mediante grandes acuerdos entre sindicatos y empresas, sobre la base de empleo permanente y aumentos económicos. Ahora, desde la crisis del petróleo en los 70s y la caída del estado benefactor, esto resulta más difícil. Los empresarios recurren entonces a incentivos y estímulos simbólicos. 

El empresario ya no te da un aumento, ahora publica tu nombre en un cuadro de honor. El empresario ya no negocia con el sindicato, ahora organiza un paseo para todos los "colaboradores". Un trabajador plantea sus reclamos, un colaborador presenta sugerencias. 

El cambio del lenguaje es un elemento importante para definir una realidad diferente. Por estas razones, es que los trabajadores no podemos ni debemos olvidar nuestra condición precisamente de "trabajadores". Los obreros, empleados, asalariados o proletarios somos una clase social distinta, diferente y opuesta a los empresarios, empleadores, patrones o burgueses. 

Ser colaborador es ser parte de un grupo de manera voluntaria, un grupo dónde compartes objetivos e intereses, donde estas entre iguales. ¿Eso ocurre en tu centro de trabajo? ¿El gerente general y tú son iguales? ¿ganan lo mismo? y más importante aún ¿trabajan lo mismo?. Si aún te quedan dudas, piensa en esto: ¿Puedes considerarte colaborador de aquel que te puede despedir de tu empleo? 

Un sindicato de clase no puede aceptar que a los trabajadores se les denomine "colaboradores". Esto se puede resolver incorporando una clausula en los convenios colectivos donde se señale:

Modelo de clausula para convenio colectivo:

La empresa y el sindicato acuerdan que en toda comunicación oficial, ya sea impresa, verbal o virtual, la denominación de las personas asalariadas que laboran en la empresa y que no tengan cargos de confianza, será de "trabajador" o "trabajadora" según sea el caso. No se utilizará otra denominación. 

A incorporarlo en los próximos pliegos y a defenderlo. Que no te laven la cabeza.