¿Qué balances y lecciones tenemos en el sindicalismo que sean útiles durante la gestión de Christian Sánchez?

Al conocerse la designación del Dr. Christian Sánchez como Ministro de Trabajo en el nuevo Gabinete post renuncia de PPK y con Martín Vizcarra como nuevo Presidente; el amigo Daniel Siguas me pregunta en Facebook lo siguiente: 

Es la tercera vez que laboralistas "progres" llegan al MTPE desde los '90. La primera vez fue con el profesor Neves durante el gobierno de Toledo, y luego, en la gestión de Rudecindo Vega durante la primera etapa del gobierno humalista. Estas dos gestiones estuvieron marcadas por la confrontación con el Ministerio de Economía y Finanzas, la actitud hostil del empresariado y el entusiasmo de las organizaciones sindicales. ¿Qué balances y lecciones pueden sacarse, que sean útiles para afrontar el nuevo escenario que promete abrirse con la gestión de Christian Sánchez?


Como ya los voceros de la derecha han anunciado a los cuatro vientos, el Dr. Christian Sánchez es un Ministro de Trabajo "rojo" según una periodista. Más precisamente señaló "rojo como un rocoto", utilizando la obligada figura culinaria que todo peruano debe hacer cuando habla de cualquier tema. Aldo Mariategui, ese correveidile de los empresarios, ya le dedicó una andanada de insultos y Jaime de Althaus ha señalado que con Sánchez, no habrá "la reforma laboral que el país requiere", lo que debe entenderse como la reforma que quieren los empresarios. 


Bueno, para nadie es un secreto que el Dr. Christian Sánchez es un profesional solvente y capaz. Un iuslaboralista muy agudo y que en su desempeño gubernamental ha demostrado criterio y autonomía. Y sí, por eso, un buen número de veces sus opiniones y acciones han estado del lado de los trabajadores. Vaya pecado!

Pero bueno, la pregunta de Daniel no es nada sencilla y ensayé una primera respuesta y luego una lectora muy zahorí me sugirió explayarme en el blog y como mi divisa es seguir todas las buenas ideas, pues aquí estamos para detallar una respuesta que por lo complicada, voy a presentar en varios trancos. Empecemos. 

Primer tranco
Lo primero es tener claro que se trata de personalidades progresistas y más precisamente, se trata de abogados laboralistas solventes y con una mirada pro-trabajador. Esta característica que causa escándalo y rechazo en los círculos de la derecha empresarial peruana, es en verdad, una condición de lo más normal en el iuslaboralismo, es decir, en el derecho laboral. Como se sabe, esta rama del derecho no puede equipararse al derecho comercial, tributario o comercial. En un contrato comercial se presupone que las dos partes del contrato son iguales. Tienen los mismos derechos y deberes, el mismo acceso a la información e incluso, su posición es intercambiable: el que es vendedor también puede ser comprador. 

Bueno, en el derecho laboral, no es así. En el derecho laboral los dos lados del mostrador no son iguales porque hay una diferencia de poder y porque los roles (de empresario y trabajador) no son intercambiables y más aún, el trabajador no tiene la libertad de dejar de vender su fuerza de trabajo, pues de hacerlo, se muere de hambre. En esa relación desigual, un grupo de profesionales reconoce esa desigualdad y escoge defender al lado débil de la relación, es decir, a los trabajadores. 

Por estas razones, ser abogado pro trabajador no es comparable a un arquitecto progre o a un contador de izquierdas. No es una identidad que bien puede ir en paralelo o de espaldas, a tu desempeño profesional. Supone algo más estructural. Es una manera de entender el derecho laboral y las relaciones laborales. Una manera de posicionarte en la práctica profesional. 

Segundo tranco
El problema planteado es ¿cómo ser parte de un Gabinete Ministerial que para todo efecto práctico, es de derechas?. Aquí no podemos ser ingenuos. Desde los años 90, efectivamente, TODOS los gobiernos y ergo, todos los gabinetes de ministros han sido de derechas. La línea general que han defendido es la del modelo neoliberal, que supone un rol predominante del mercado, la subordinación del estado, el predominio de lo privado sobre lo público, la desregulación laboral como norma y el individualismo metodológico como credo.  

Por lo tanto, ser un ministro "progre" en un gabinete de derechas es ya una limitación seria y real. No eres mayoría. No puedes hablar demasiado. Ahora, ser un ministro pro-trabajador en el MTPE es una segunda limitación y probablemente más intensa. Pues en el país tenemos a la CONFIEP, a la Cámara de Comercio de Lima y a los bufetes de abogados pro empresarios que desde el primer día van a presionar duro y parejo para reducir el margen de acción del nuevo ministro.

Y esa presión es real. Desde comunicados en la prensa, declaraciones de los capitanes de la empresa privada en televisión, columnas de opinión de los analistas empresariales hasta congresistas inquisidores, comisiones investigadoras, denuncias públicas, trolls de redes, llamadas telefónicas de Palacio y claro, la presión en las reuniones del Gabinete donde la correlación de fuerzas es de ellos, es decir, de la billetera grande. Y eso significa, menos presupuesto entre otras cosas.

Tercer tranco
Por eso, el ministro "progre" muchas veces debe actuar como los comandos que operan "tras las líneas enemigas". No va a librar grandes batallas, pero puede ser una piedra en el zapato enemigo. Puede dar información y muchas veces, lo importante es simplemente sobrevivir, para pelear mañana. 

Entonces, creo que uno no puede ir con muy altas expectativas. 

Por ejemplo, el Dr. Javier Neves a pesar de poner todo su empeño no logró sacar la Ley General de Trabajo pero si logró restablecer el Registro Sindical de los empleados públicos y las listas de reposición de los despedidos por la dictadura. Y eso no es poca cosa. Además logró levantar casi la totalidad de las observaciones a la legislación laboral hechas por la OIT durante la dictadura. Entre ellas reducir el número de trabajadores para formar sindicato que fujimori lo subió a 50 y se logró bajar a 20 trabajadores. 

Y también, la gestión del Dr. Neves (y sus dos viceministros Alfredo Villavicencio y Julio Gamero), resultó clave para que la FTCCP (construcción civil) recupere la negociación colectiva por rama. El Ministerio de Trabajo persuade a los empresarios de CAPECO para que se sienten a negociar con la FTCCP. Lo que fue un verdadero triunfo para el movimiento sindical. 

También se logran victorias deteniendo procesos contra los trabajadores. El economista Julio Gamero recordaba que junto con Villavicencio lograron detener una propuesta de los Ministerios de Economía y Producción que planteaba reducir nominalmente las remuneraciones de los trabajadores textiles como estrategia para mejorar la competitividad frente a las importaciones chinas. Algo digno de destacar, sin duda. 

Con la gestión de Rudecindo Vega, se logró constituir SUNAFIL que en teoría es una muy buena idea para fiscalizar de manera autónoma. Recuerden que antes de SUNAFIL, el problema era la completa falta de autoridad de los inspectores laborales, los cuales eran prácticamente echados de las empresas cuando se acercaban a realizar su labor. Algo se ha avanzado. 

También se logró redactar y promulgar la Ley de Salud y Seguridad en el Trabajo, en un esfuerzo de trabajo coordinado con los mejores expertos en la materia, entre ellos la Dra. Estela Ospina y la asesoría jurídica de la CGTP representada por la Dra. Gisella Figueroa. Es importante señalar que (en su versión original) era la norma más avanzada en materia laboral desde las leyes del gobierno de Velasco y fue redactada principalmente por profesionales mujeres. Como ven, no es poco considerando las limitaciones señaladas al inicio. Con Vega se logró un aumento del salario Mínimo que no pasó por el vía crucis del Consejo Nacional de Trabajo. Y podría señalar otros logros generales. 

Cuarto y ultimo tranco
El otro cambio -y que me parece igual de importante si no más- es que en la gestión cotidiana del Ministerio de Trabajo, tener una autoridad "progre", puede ser una garantía para resolver conflictos, negociaciones colectivas, abusos patronales de una manera justa y eficaz. 

El Ministerio de Trabajo es una de las instancias estatales con un contacto directo y permanente de los ciudadanos. Miles de trabajadores acuden diariamente a sus oficinas en lima y todo el territorio nacional. La legislación laboral es confusa, dispersa y desordenada. Las posibilidades de avasallar a los más débiles son infinitas. Un expediente que se demora puede significar decenas de trabajadores en la calle o un sindicato destruido. Un inspector que no siente el respaldo de su Ministro, difícilmente va a imponer el respeto de la ley a un empresario matón. 

En la gestión diaria de las relaciones laborales, o como decíamos antes, "en la lucha de clases misma.."; los empresarios tienen harta ventaja. Tienen las leyes, tienen abogados prepotentes, tienen capataces intimidadores, etc. 

Y allí, un funcionario imparcial, institucional, que aplique no sólo la ley en su versión literal y mecánica, sino el espíritu de la norma, puede hacer toda la diferencia. Que haya un ministro que sepa lo que significa una huelga para las familias de los trabajadores; un ministro que no reduzca las relaciones laborales a un indicador de productividad, puede significar la diferencia entre ser un país de ciudadanos o ser una chacra latifundista. 

En ambas gestiones, en la del Dr. Neves, como en la del Dr. Vega pude constatar en el mismo movimiento laboral la diferencia con otras gestiones. Los trabajadores percibían la diferencia. Era mucho más sencillo formar y defender a los sindicatos. Y los empresarios también y de allí sus caras largas. 

A pesar de las limitaciones señaladas, de la fragilidad de las coyunturas, de lo volátil que es todo en éste país, era inevitable tener algo de esperanza. Ver a los trabajadores y trabajadoras confiando en las instituciones del Estado, en la democracia y las leyes. Viendo que si podían funcionar, que eran útiles y que todos debían respetar. 

Es decir, por un tiempo breve, vivir en un país donde empresarios y trabajadores son iguales.

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