18 de julio de 2016

San Marcos ha cambiado y nosotros no lo entendemos


En la izquierda tenemos un problema, bueno varios, pero ahora nos fijamos en uno. Para entenderlo, debemos partir de que la sociedad peruana ha atravesado un proceso de cambios que tienen como hitos a Velasco y Fujimori. Dos dictaduras de diferente signo que abren y cierran un ciclo de transformaciones estructurales. 

Este ciclo de cambios estructurales ha reconfigurado la sociedad peruana, especialmente en la base de la pirámide social. Los sectores populares son los que más han cambiado. 

No se trata simplemente de que hay menos pobres o que la pobreza extrema este reduciéndose sustancialmente. En general esto es cierto, pero lo interesante está en los cambios sociales y culturales de este proceso. Seguimos siendo una sociedad desigual y estructuralmente discriminadora e injusta. Aún hay pobres, pero hay nuevas y diferentes maneras de vivir la pobreza. 

Una parte de esos cambios implica que hay sectores populares completamente ajenos a cualquier visión, sensibilidad, imaginario, mentalidad o identidad (para no hablar de ideología) de izquierda. 

No significa que sean insensibles a las injusticias o que les guste la desigualdad. Simplemente, no les interesan las recetas, los discursos o las soluciones que ha venido dando la izquierda para las injusticias y la desigualdad. 

Lo menciono a la luz de los resultados electorales en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En el imaginario de izquierda, es la universidad "contestataria y progresista" por default y las redes sociales ayudan a mantener esa bienintencionada ilusión. 

Pero San Marcos ha cambiado social y culturalmente desde los años 80s en adelante. Sin duda, frente a una dictadura o un abuso descomunal un porcentaje de sus estudiantes saldrá a las calles a protestar, y eso está bien. Y lo harán detrás de las agrupaciones de izquierda que usualmente se movilizan por estas causas. 

Pero al parecer, cuando se trata de elegir autoridades internas, ya no siguen a dichas personalidades o agrupaciones, y votan por las opciones que les garantizan los resultados más pragmáticos: estabilidad en un puesto o culminar los estudios lo más pronto. Esta puede ser una variante del viejo salto fallido de la representación social a la política en el movimiento sindical.  

Y claro, una izquierda desubicada que encima se divide, esta condenada a ver la política desde Facebook.