9 de diciembre de 2015

Cinco puntos luego del descalabro de Unidad Democrática

Descalabro: Deterioro, pérdida, daño o perjuicio muy grave producido por un contratiempo.

Hay que empezar por lo obvio. Las acciones desarrolladas por una parte de la izquierda (Únete por otra democracia, es decir el PCP, Patria Roja, Fuerza Social y Ciudadanos por el Cambio) desde su ruptura con el Frente Amplio han significado un conjunto de errores que terminan en un clamoroso descalabro.

Casi siempre en la izquierda hablamos de evaluaciones que nunca llegan o que terminan siendo entendidas como diatribas que buscan demoler a una o varias personas en específico. No vamos a ir por allí. Nos interesa discutir seriamente los problemas y dificultades de nuestras izquierdas. Afortunadamente no somos los únicos. Por ejemplo, un buen aporte es el post del compa Lucho Garate 

Sin ánimo de polemizar con el conocido compañero de Patria Roja, sino de complementar, me permito colocar algunas ideas, que podemos sacar en claro de las diferentes acciones de nuestras izquierdas y sus respectivos desvelos.

Por lo menos él sabia que se quedó congelado...

1.- El país cambio y no nos dimos cuenta

La candidatura de Verónica Mendoza (a la que apoyo con entusiasmo) permanece en 2% desde hace buen tiempo, demasiado tiempo realmente. Como señala con bastante razón, Alvaro Campana, se trata de una campaña electoral austera, sin muchos recursos económicos, humanos y que busca presencia en un espacio controlado por la derecha mediática. 

Pero aún así, algo no está bien en la manera de entender y desarrollar la campaña de Verónica Mendoza. Paramio hablaba de la disonancia cognitiva que ocurría con algunos colectivos sociales que enfrentaban cambios estructurales y quedaban descolocados. En este trance no era inusual caer en el radicalismo de la tradición. Me queda claro, que una buena parte de nuestra izquierda, aún no desprende las consecuencias de los cambios sociales y culturales operados desde los 90s en adelante. Más aún cuando provienes de medios universitarios donde la ideología es pan de cada día. Hablar desde allí a una sociedad desideologizada, arribista, conservadora e inmediatista puede ser muy confuso.   

2.- Una izquierda sin base social

Lo hemos dicho ya varias veces. Las izquierdas en el Perú han dejado de hablar "desde un sujeto social" y elaboran su discurso desde la "agenda importada" del progresismo internacional. En general, es una buena agenda. Se trata de reivindicaciones sobre libertades y derechos fundamentales, claves, imprescindibles y necesarios. Pero cuyos sujetos no están claramente dibujados en el mapa  social del país. Por ejemplo, la crítica al extractivismo ¿desde que sujeto social se construye? ¿quién lo defiende más allá del sentido común?

En esa línea: ¿cuáles son las demandas políticas de los trabajadores organizados? ¿de los trabajadores rurales? ¿de los autoempleados? ¿de los empleados públicos? ¿de los pequeño comerciantes? ¿quien habla políticamente por ellos? Hemos pasado de partidos de trabajadores a partidos de emprendedores sin darnos cuenta que son cosas radicalmente diferentes. Una mirada desde y hacia las clases sociales no le vendría mal a nuestras izquierdas. 

3.- No tenemos operadores

Casi dos décadas de colectivos y la falta de renovación en los partidos ha hecho que nos quedemos sin operadores políticos que articulen lo social con lo político más allá del ámbito local/amical/familiar. La política es sumar intereses en contra de otros intereses. Ya pues, nuestras izquierdas no logran identificar intereses más allá de los inmediatos. No logramos entender los intereses de nuestros aliados y mucho menos logramos articularlos. 

Sólo dos preguntas: ¿Cómo conversan los intereses de las comunidades campesinas con los del proletariado minero? ¿Los trabajadores formales con los informales?  

4.- Unos miran al largo plazo y otros al día siguiente

En los 70s las diferencias en las izquierdas se expresaban como la oposición entre reformistas y revolucionarios. Ahora, casi las mismas personas, los extremos aluden a aquellos que apuestan por el proyecto de largo plazo y los que están apurados por las elecciones del 2016. Cada opción supone una línea política con diferentes prioridades y contenidos.

Al igual que en los 70s nos encontramos con un falso dilema. Pensar que las elecciones del 2016 no son definitivas y que estamos trabajando para el largo plazo resulta tan errado como asumir que la batalla final se da el 2016. 

¿Porque no construir un proyecto político de las izquierdas, que empiece asumiendo con seriedad las próximas elecciones generales? Un proyecto de largo plazo sin exclusiones. No se trata solamente de una básica racionalidad política, sino también de la responsabilidad que tenemos con la gente que va a estar más jodida si gana Alan García o Keiko Fujimori. 

5.- No hay autoridad política sin responsabilidad política. 

Toda dirección política que conduce a un traspiés debe ser evaluada. Hace unos meses, un sector de la izquierda se separó del Frente Amplio por una serie de discutibles razones. Luego de unos meses, se nos dice que vamos a regresar al mismo Frente Amplio. Si hubiéramos permanecido juntos todo este tiempo  ¿qué sería diferente?

Un elemento fundamental para la renovación imprescindible que requieren nuestras izquierdas es establecer los mecanismos de accountability que todo colectivo, partido o alianza política debe asumir. Es necesario contar con más liderazgos de jóvenes y mujeres, pero no basta. Necesitamos que todos los que dirigen sean responsables políticamente. Y si nos equivocamos, debemos rendir cuentas. 

A manera de conclusión: la unidad si importa

En la otra tienda, muchos compañeros y compañeras han señalado que la unidad de las izquierdas es un tema que no los desvela. Que su proyecto esta mejor solo. Que lo viejo ya fue. Sin embargo, los más despiertos viendo los porcentajes que no suben a pesar de las buenas intenciones, de todo el amor y ternura puestas, empiezan a preocuparse y a valorar lo que las viejas maquinarias de los viejos partidos de la vieja izquierda puede significar. Y es que, más allá de simpatías y tirrias, la unidad si importa.