18 de septiembre de 2014

Cambios tecnológicos, capacitación y acción sindical

En los últimos 20 años el sector de la construcción ha registrado una serie de cambios importantes tanto en la manera de organizar el trabajo como en el uso de nuevas tecnologías. Estos cambios están configurando un nuevo rostro a la actividad de la construcción.

Las nuevas tecnologías se aplican al uso de materiales, donde podemos ver cambios significativos, como por ejemplo los prefabricados como el drywall y similares. También han afectado a los procedimientos donde nuevas maquinarias vienen a reducir los tiempos de construcción como el número de trabajadores necesarios para una obra.

El proceso de renovación tecnológica es parte del desarrollo del capital. Lo hemos visto en otras industrias y actividades económicas. El capitalismo busca reducir el tiempo de producción, abaratar la mano de obra y elevar la productividad de todo el proceso.

En el caso de la construcción, las nuevas tecnologías permiten procesos de construcción más rápidos, mayor empleo de trabajo calificado, mayor peso de la fuerza de trabajo intelectual frente a la fuerza física, y por ende mayor heterogeneidad del sujeto laboral. Un efecto inmediato de estos cambio ha sido por ejemplo el reconocimiento de los “operarios de alta calificación” en nuestro sector, asimismo la presencia cada vez mayor de trabajadoras mujeres realizando tareas cada vez más complejas.

Estos cambios como sabemos bien, no implican necesaria ni automáticamente una mejora para los trabajadores. Carlos Tovar siguiendo a su tocayo Marx, ha explicado bien que todo desarrollo tecnológico incrementa la productividad y podría permitir una reducción de las horas de trabajo, sin embargo la historia del capitalismo muestra que no ha ocurrido esto salvo cuando los trabajadores se han organizado y luchado por ello.

Uno de los principales retos que estos cambios representan para los trabajadores tiene que ver con la capacitación técnica. Para decirlo claramente: en los próximos años, el mercado laboral de la construcción va a requerir trabajadores cada vez más calificados. Ya sea en un escenario de crecimiento económico que mantiene el boom de la construcción como en el más probable contexto de una desaceleración, los trabajadores que dispongan de acreditaciones técnicas tendrán mayores oportunidades de acceder a un puesto de empleo.

El problema de esta situación es que en el país, no existe una política articulada de formación técnica. En este espacio hay una diversa oferta de formación técnica para la construcción desde el sector privado, cuya calidad es discutible. En el sector público tenemos a SENCICO cuya lógica ha sido muchas veces competir con la oferta privada antes que desarrollar una política nacional de formación técnica para la construcción.

El gremio de los empresarios tampoco tiene una posición clara en este aspecto. No existe un diagnóstico sobre los requerimientos de trabajo especializado que demanda el sector de la construcción. Como es habitual, hay mucha improvisación. En las grandes obras, se califica a los trabajadores según las necesidades del momento, cuando alguna especialidad no se encuentra en el mercado local pues se contrata trabajadores de otro país. Se resuelve así un problema con salidas inmediatistas.

El Estado a lo largo de la última década ha tratado con poco éxito de establecer un sistema de certificación de las competencias laborales, peor aún las disputas entre los Ministerios de Educación y de Trabajo han hecho que sea un proceso lento y confuso.

Para la organización sindical esta situación es de mucha preocupación. Se trata de construir entre Estado, trabajadores y empresarios de la construcción una política de formación técnica que responda a las necesidades del mercado nacional y permita disponer de trabajadores y trabajadoras calificados en la industria de la construcción. Esta política debe dar un nuevo impulso a SENCICO, actualizando su matriz curricular, ampliando su radio de intervención, orientando los canales de formación a los sectores más necesitados y articulándose a la vez, al sistema de educación superior. Se debe fiscalizar además la oferta privada para garantizar niveles de calidad adecuados.


En este proceso, la FTCCP es un actor clave e indispensable. Como lo demuestra la experiencia de otros países como España o Argentina, el establecimiento de un sistema exitoso de formación técnica debe contar con la participación de las organizaciones sindicales. De esta manera se garantiza que el proceso de formación atienda tanto a las necesidades del mercado como a las aspiraciones de los trabajadores.