26 de junio de 2013

Zapata, Torres, Althaus y la izquierda

Han aparecido dos artículos sobre el proceso de unidad que se vive en la izquierda a través del Frente Amplio de Izquierda. Por un lado, Antonio Zapata en La República y por otro Javier Torres desde Diario16. Recomiendo leerlos pues resultan muy estimulantes para los debates que tenemos en la izquierda.

Entiendo que a diferencia de otras voces, como la de Jaime de Althaus, Zapata y Torres escriben si no desde, por lo menos muy cerca a la izquierda. Me permito hacer unos comentarios, que no por discrepantes son menos fraternos.

Llama la atención, en el texto de Zapata que presenta a a la izquierda como impuesta y al capitalismo como lo natural. De esta manera, el socialismo seria lo ajeno y el capitalismo lo propio en el país. Zapata señala que buena parte de las discusiones en la izquierda giraban alrededor de esta idea: ¿cómo conectar el socialismo con las aspiraciones democráticas y capitalistas de las mayorías? No estamos muy seguros que esa sea la manera de entender las luchas de trabajadores y campesinos desde el siglo XX en adelante. Uno podría sostener que importantes movimientos sociales en el país no tenían "aspiraciones capitalistas" y probablemente entendían la democracia de una forma distinta a lo que tenemos hoy con ese nombre.

Zapata señala en el sentido de su razonamiento, que lo que se requiere es entonces, "una izquierda para el período neoliberal, que junto a la gran inversión ha contemplado el auge del capitalismo popular." Ah caramba. ¿No sería mejor suponer que estamos por una izquierda que derrote, que niegue, que supere al neoliberalismo?, ¿Y realmente cree Zapata que el neoliberalismo puede resumirse en gran inversión y auge del capitalismo popular? ¿Y que sería eso del capitalismo popular? ¿la gran cantidad de vendedores autoempleados en las calles?, ¿las Mypes que cada mes aparecen y se disuelven a toda velocidad?... ¿No había en los 80s un señor llamado Hernando de Soto con estas ideas?

Y para terminar, nos señala que el verdadero enemigo de la "izquierda zapatista" (la de Antonio Zapata, no la del subcomandante Marcos, claro está.) es "el Estado corrupto" (Si, De Soto, again.)

Y bueno, de ser así, habría que reescribir buena parte de la historia social del país. Y re imaginar la política actual, pues Zapata ha desaparecido del pasado y del presente al gran capital, las grandes corporaciones y a los intereses empresariales antilaborales. Magistral.

Nos reclama renovación y propone que la inversión no es nuestra enemiga sino la injusticia. Vaya, eso es un buen lema para un afiche, pero poco más. Atempera el mensaje de izquierda y oculta que muchas inversiones han sido hechas en base y se sostienen perpetuando injusticias.

Ciertamente cualquier definición de izquierda por más tibia que sea, debe asumir una redistribución de riqueza. Zapata en este caso, repite con entusiasmo los lemas de la socialdemocracia de la postguerra y del aprismo en los 50s pero nos dice que eso es lo nuevo, la novedad, la renovación. A pesar que esos postulados han sido parte de la crisis de la socialdemocracia actual. Es la ventaja de ser historiador en un país de desmemoriados.

Ahora el compañero Torres.

La columna de Javier Torres va pasando revista a las críticas comunes que se repiten en algunos medios sobre la izquierda.  Ausencia de liderazgos carismáticos, desatención a nuevos actores, falta de un programa alternativo y viable a largo plazo. Cada una de sus observaciones es inmediatamente matizada, lo cual lo salva a futuro de los desmentidos que la realidad pueda ofrecer. Muy astuto pero a la vez muy viejo truco.

Básicamente, lo que reclama es que la izquierda "conecte con la gente" y que se despoje de "formas, modos y lenguajes que la hacen ver como un anacronismo" que es más o menos una posición similar a la que plantea Zapata.

Demórate un poquito

Veamos, algunas cosas. La izquierda no ha estado ajena a lo que pasa con la gente. No se puede pintar la realidad, como si hubiera ocurrido un desinterés expreso, un abandono voluntario. Una izquierda que decide mantenerse al margen, descuidar sus lazos con la sociedad. No es ese el caso, compañeros. La izquierda peruana ha sido sistemáticamente silenciada, amenazada y retirada del espacio político por intereses políticos y económicos muy concretos y reales.

El régimen político peruano, su regulación electoral, los espacios de prensa -si, también esos espacios donde escriben Torres y Zapata- la televisión y radio, los poderes fácticos han construido una izquierda de caricatura. Han silenciado conflictos cuando no han satanizado a buena parte de la izquierda real.

Actualmente, la derecha ha instrumentalizado el Estado a niveles antes inimaginables. El programa neoliberal no tiene ni la simpatía, ni la confianza, ni la aceptación de las grandes mayorías. Se sostiene mediante amplias dosís de desinformación, miedo y represión. No hay que ser un radical para entender esto. ¿Cuántos dirigentes sociales tienen juicios por protestas ciudadanas? ¿Cuántos dirigentes sindicales han sido despedidos desde que estamos en "democracia"?. Ya pues.

En este escenario, a pesar de todo eso y probablemente por eso, hay sectores ciudadanos que aspiran a un cambio real, a una transformación de las estructuras de poder en el país. No se trata simplemente de redistribuir ingresos. Y eso espero que Zapata y Torres pueden aceptarlo. Se trata de construir ciudadanía. Y como la historia nos recuerda, todo proceso social de construcción ciudadana implica un cambio en la estructura de poder político.

¿Es el Perú una sociedad de ciudadanos plenos que aspiran a ser pujantes empresarios del capital y requieren ser defendidos frente a un Estado todopoderoso y corrupto? No. ¿Esta la izquierda tan ausente y lejos de las protestas ciudadanas que necesita sintonizar mejor sus vínculos con los más pobres y excluidos? No.

Por el contrario y a contra corriente de lo que señalan los compañeros Zapata y Torres, el nuevo FAI no es una izquierda anacrónica, retrógrada o encerrada en debates ideológicos. Es una izquierda, con problemas y limitaciones, claro: tal vez paternalista, poco institucional para mi gusto y muy sensible a modas foráneas,. Pero a diferencia de los 80s es una izquierda que discute escuchando, que busca proponer y hacer, que se toma más en serio las formas democráticas y que finalmente algo ha aprendido de sus errores.  

Ciertamente, Torres y Zapata pueden señalar que eso no lo perciben y que finalmente es De Althaus quien entiende mejor que la izquierda, las necesidades e intereses de las amplias mayorías. Quiero pensar que no.  


ACTUALIZACIÓN 03 de Julio 
El compañero Javier Torres publica en su columna de Diario16 una respuesta a nuestro post
Aquí el enlace