28 de junio de 2012

Lecciones desde Paraguay

Los hechos ocurridos en Paraguay dejan una serie de lecciones para los movimientos populares y democráticos en el continente y tal vez, más allá. Como recordamos, el presidente Fernando Lugo asume el gobierno mediante decisión popular el 15 de agosto de 2008 cerrando el ciclo de dominio político del Partido Colorado (conservador) que duró 61 años. Fernando Lugo representa uno de los nuevos liderazgos de izquierda en la región sudamericana. Es un ex obispo ligado a la Teología de la Liberación, que condujo una campaña electoral agrupando diversas propuestas de izquierda. 

Paraguay es una sociedad con una economía que depende fundamentalmente de la agroexportación y donde la reforma agraria sigue siendo un tema central en la agenda política. La oligarquía terrateniente es uno de los actores principales a través del Partido Colorado, el cual se opone a todo cambio en el régimen de propiedad de la tierra. La democracia es una experiencia joven en un país de largas dictaduras militares. La izquierda está fragmentada y reducida. La dura represión desde las épocas del viejo dictador Stroessner son en buena parte responsables de esto. 

El gobierno de Lugo representaba un abanico amplio de esperanzas de cambio. Sin embargo, la debilidad institucional de su propuesta, la ausencia de una bancada parlamentaria propia y las dificultades para construir una organización partidaria con capacidad de movilización jugaron en contra de las aspiraciones de cambio. Los sucesos de Curuguaty -el desalojo de una finca ocupada donde murieron once campesinos y seis policías- fue el pretexto que utilizaron los poderes fácticos para iniciar un golpe que pretendiera pasar por constitucional. 

A estas alturas, ya resulta claro que la destrucción de la democracia paraguaya tiene tres responsables. En primer lugar, las transnacionales de la agroexportación y del sector financiero; una de las cuales Monsanto ha tenido diferencias con el presidente depuesto. Luego, la oligarquía terrateniente aliada al capital transnacional que a través de la UGP, venía organizando tomas de caminos (tractorazo) para oponerse a una reforma agraria ordenada y finalmente los partidos políticos de derecha que los representan, el partido colorado y el Partido liberal. Tampoco hay que ser muy zahorí para no ver los intereses del Tio Sam en todo lo ocurrido. 

Como hemos visto en las noticias, en poco más de 24 horas un presidente democráticamente elegido es “enjuiciado políticamente” y destituido. En una rápida serie de hechos donde cada decisión de los actores políticos parece inexplicable, vemos interrumpido el gobierno de Fernando Lugo. ¿Porqué el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) abandona el cogobierno con Lugo y se suma al juicio político promovido por el Partido Colorado, el diario ABC Color y la UGP (gremio de terratenientes y ganaderos)? Al parecer, la decisión de Fernando Lugo de designar como ministro del interior a un representante del Partido Colorado habría sido el motivo de la ruptura del acuerdo político. 

Sin embargo, a la fecha, lo que abundan son las especulaciones. Más aún considerando que el ex-vicepresidente y hoy dictador Federico Franco asume un gobierno interino de trece meses, que definitivamente será complicado. Si bien, el golpe ha encontrado a la izquierda y a los sectores populares en desconcierto, es muy probable que empiece un periodo de resistencia ciudadana con apoyo internacional o por lo menos regional. 

El movimiento sindical es -como en la mayor parte de sudamérica-, disperso y débil. A pesar de esto, desde un inicio de los acontecimientos se han propalado diversos comunicados y pronunciamiento denunciando el golpe y exigiendo el respeto al orden democrático por parte de las centrales nacionales. A nivel regional, la FSM y la CSA también han expresado su rechazo al golpe y la demanda de un retorno al orden democrático. Porque lo que queda claro en todo esto, es que más allá de la estrategia de la derecha, lo ocurrido en Paraguay es una farsa. Se han utilizado mecanismos institucionales de manera arbitraria, violentando el derecho a la debida defensa y llamando “juicio político” al simple trámite de deponer un presidente. 

El reto para las fuerzas progresistas y democráticas es articular una estrategia eficaz de resistencia ciudadana. Los sindicatos muy probablemente deberán de coordinar con los grupos políticos y convocar una Huelga General con fecha y todo, pues los usurpadores no van a salir con solo pronunciamientos. En estos procesos, el tiempo es fundamental. La estrategia de Franco será dejar que la indignación internacional ceda y se desdibuje en los medios de prensa, evadir las presiones de los vecinos del MERCOSUR y confiar que la ciudadanía paraguaya ponga más atención a las próximas elecciones. 

Para la izquierda, lo ocurrido es una dura lección más. Los procesos de cambio social no pueden realizarse sin el apoyo constante y organizado de los trabajadores y demás sectores populares. Un gobierno de izquierdas no puede sostenerse solamente en un liderazgo carismático o de caudillo. Si la política es el arte de organizar intereses en oposición a otros intereses, es deber de los gobiernos progresistas articular las más amplias alianzas, que no sean solamente electorales sino institucionales. Se trata de construir un poder popular alterno a los viejos poderes del capital.