21 de octubre de 2010

Poder judicial ordena reposición efectiva de dirigente sindical Luis Martín del Rio Reátegui

Hace una semana recibimos otra buena noticia. El largo proceso judicial que venia desarrollándose por el despido injustificado y completamente antisindical del c. Luis Martín del Rio Reátegui ha tenido un avance importante, pues mediante Casación Laboral N° 4939-2009, de fecha 11 de Octubre de 2010 la Corte Suprema ha ordenado de manera inapelable la reposición del mencionado dirigente.

Esta es una alegría para todos los sindicalistas y especialmente para los que conocemos a Luis Martín, luchador incansable -pues son siete años de idas y venidas entre salas de justicia- del movimiento sindical. Para los que no recuerda, Luis Martín fue despedido el 2 de setiembre del 2003 cuando era secretario general del SUTREL bajo la acusación de “injuria grave” contra la administración y los directivos de Luz del Sur S.A.A.

En todo este tiempo, el compañero ha perdido la vista en el ojo izquierdo por causa de un accidente en el trabajo que no fue reportado por la empresa a su debido momento, según nos informan. Pero ni esto logro doblegar su ánimo y empeño. Su reposición es un triunfo de la constancia del compañero Luis Martín y de la solidaridad nacional e internacional que a lo largo de esos años se ha manifestado.

Por otro lado, si bien esta historia parece acercarse a un final justo y feliz, no podemos dejar de preguntarnos ¿cuántos otros casos deben de existir que se han caído ante el paso del tiempo y el peso de las necesidades? El secretario general de FAMESA, el secretario general de Servicios, cobranzas e Inversiones del Scotiabank, el secretario general de CMV Taxi Remisse, el secretario general de Iza Motor, el secretario general de Mercado de Frutas, los dirigentes de Acinsa, Teknoquímica, Zincsa, Invita, despedidos, obligados a firmar renuncias bajo amenazas, dejados de lado por no renovación de contratos. Varios iniciaron procesos judiciales, pero los costos y el tiempo con sus presiones y obligaciones los hicieron desistir. Más aún cuando muchos de ellos eran sindicalistas nuevos, de sindicatos que se acababan de constituir, primeras juntas directivas.

Una justicia que demora siete años para certificar algo que es evidente, ya casi no es justicia.