13 de julio de 2009

Leer para entender

Revisando mis feeds he leído algunos artículos que me parecen vitales para entender lo que pasa por aqui. En el medio sindical, la gente no lee sinceramente. Pocos son los compañeros o compañeras, y menos entre los jóvenes ciertamente, que este leyendo algo, ya sea en internet o proletariamente un libro común y silvestre. Y es una lástima que sea así.

Tampoco ayudan esos volantes imposibles con una letra pequeñita que parecen un ladrillito de letras y tinta; diseñados por alguien cuyo horror al vacío, obliga a eludir todo punto aparte o margen estético. Además, ultimamente los que he leido tienen faltas de ortografía, redacción, gramática y -debo decirlo- coherencia lógica. No se trata de hacer escarnio, sino de señalar un problema. Los volantes de un sindicato son elaborados por la dirección, no por un afiliados despistados, por lo que se espera un trabajo más acabado. Pero eso será motivo de otro post.

Ahora quiero recomendar encarecidamente que se lean estos cuatro post. Vamos compañeros, leed y haced leed a otros.



Los intereses particulares de una elite local, criolla, económico/política, combinados con los intereses de las multinacionales, son presentados como los intereses universales de toda la sociedad peruana. La seguridad nacional y el desarrollismo económico, dos pilares de la normativa legal nacional y del discurso de los medios, disimulan el crudo móvil de lucro desprovisto de responsabilidad social, el borrado de fronteras regionales o nacionales, y las limitaciones redistributivas del crecimiento económico neoliberal.


Sobre todo porque, a estas alturas, poco hay en el Perú que diferencie a su esfera política de una variante de caudillismo al estilo decimonónico: la gente no piensa en tendencias políticas ni en ideas, ni en propuestas generales, ni en proyectos nacionales ni en giros históricos: piensa en nombres propios y personalidades; adscribe representatividad no a los colectivos sino a dos o tres individuos, con lo cual, irónicamente, se saca a sí misma del juego democrático (y lo asfixia y elimina).

Terrible darse cuenta que bien podría estar hablando de la izquierda y no quitar ni una coma.


Mirad:

Subyace a estas propuestas la “normalización” del despido como un acto de mera significación económica que resulta socialmente irrelevante, pero es evidente que las cosas no son así. El despido tiene importantes consecuencias sociales y políticas para las personas que se ven privadas de su empleo. Es un acto de fuerza – un acto violento – que rompe el ligamen social de la persona que trabaja y la coloca fuera del circuito del goce de los derechos básicos que son la base de la ciudadanía. La pérdida del trabajo implica una degradación de la condición ciudadana de quien lo sufre, una alteración de ese status en una democracia madura que le coloca en una situación de subalternidad política y social.

Bueno, ya está. Ojala lo disfruten como yo. En verdad, deberíamos pensar en imprimir algunas separatas, para los compas que no tienen internet.