8 de noviembre de 2008

Famesa Explosivos SAC no respeta los derechos laborales

La CGTP está apoyando al Sindicato de Trabajadores de Famesa Explosivos. Hace más de dos meses que más de un centenar de trabajadores trata de organizar un sindicato. La verdad, es que pocas veces he visto tanto empeño en querer impedir el ejercicio de un derecho constitucional. En las reuniones de "extraproceso", -eufemismo para denominar a unas reuniones en el Ministerio de Trabajo que muy pocas veces sirven para algo- los representantes de la empresa se han mostrado confiados y seguros. La confianza que da el poder del dinero.

Este caso tiene miles de anécdotas. Una que recuerdo ocurrió en la segunda o tercera reunión de "extraproceso". El Ministerio cita a los dirigentes sindicales y a los representantes de la empresa a las 3.00 pm en las oficinas del Ministerio. Los representantes de la empresa llegan puntuales y tranquilos. Los sindicalistas no aparecen. Converso con los dos trabajadores despedidos allí presentes y me confirman que la noche anterior todos habían quedado en venir a esta reunión. El abogado de la empresa a las 3.15 minutos señala que ante el desinterés de los dirigentes sindicales, el Ministerio debe ya cerrar este trámite y a otra cosa mariposa. Entregan además dos pases de salida firmados por los trabajadores.

Nos damos cuenta que es un truco. Un dirigente de la CGTP le dice al conciliador del ministerio que los trabajadores han sido impedidos de salir del centro laboral por las mismas personas que están allí. Uno de los funcionarios de la empresa -el más antipático ciertamente- aparentemente llama por su celular para luego decir con voz casi infantil: "Me informan que los trabajadores han salido hace más de dos horas" El que hace de abogado dice inmediatamente: "Seguro se han ido a tomar". Protestamos, piteamos, nos quejamos. Al final logramos que el ministerio cite a otra reunión para la siguiente semana, esta vez una hora más tarde.

A la semana siguiente, el panorama se aclara. Uno de los dirigentes explica lo que había ocurrido. El funcionario de la voz infantil días antes los hizo firmar los pases de salida. Se les dijo que así podrían salir sin problemas el día de la reunión. Sin embargo, llegado el día se les impidió la salida. Estuvieron trabajando hasta las siete de la noche haciendo unas horas extras "obligatorias". Para la reunión siguiente el dirigente tuvo que faltar al trabajo para poder estar en el ministerio. Dos veces ya no se la hacían. Por esa falta lo han suspendido tres días.

El funcionario del ministerio escucha la versión del trabajador y su rostro es impasible. Había sido tomado por tonto, pero no hizo nada. ¿Costumbre? ¿La insensibilidad inevitable del que todos los días ve como se aplastan a los débiles? Por su parte, los funcionarios de la empresa mientras escuchaban las declaraciones del dirigente sonreían confiados.

El sindicato tuvo hace unas semanas más de 130 afiliados. Ahora son 26. Todos han renunciado después de hablar con un funcionario que hace de gerente de recursos humanos. Así me lo han dicho muchos de ellos. Dicho gerente los amenaza, les muestra la puerta de salida, les redacta cartas de renuncia al sindicato. A algunos les ofrece dinero. Claro, dicho funcionario niega que esta amenazando a los trabajadores o que ha redactado las cartas de renuncia al sindicato que gusta coleccionar. Más de cien personas dicen una cosa y una sola persona dice lo contrario. ¿A quien creerle? El Ministerio hasta ahora, se toma las cosas con una paciencia infinita. Todas las quejas deben pasar por ese laberinto kafkiano que son las visitas inspectivas. Engorrosas, lentas e inútiles. A la autoridad ministerial sólo le importan las formas, el respeto riguroso de los procedimientos. El espíritu de la ley es una abstracción inalcanzable. Preocuparse por que se respeten de manera eficaz los derechos, más allá de promesas, media verdades o mentiras de saco y corbata, es pedirles demasiado.

Ciertamente, la verdad no es una cuestión de números o mayorias. Pero tampoco hay que ser zahorí para darse cuenta que más de cien personas no se afilian a un sindicato el lunes para renunciar el día jueves, sólo porque sí.

En medio de una agría discusión con uno de los abogados de esa empresa, le dije que la CGTP no iba a descansar hasta tener en Famesa un sindicato grande, fuerte y negociando un buen pliego de reclamos. Me respondió con desdén que esa era mi utopía. Al parecer para la empresa Famesa Explosivos SAC, los derechos constitucionales son eso, utopías.

Depende de nosotros, que no siga siendo así.