30 de septiembre de 2008

Famesa Explosivos SAC: ofensiva patronal


Es una historia de nunca acabar. Cuando piensas que ya algo han aprendido los empresarios. Zas! viene uno y de nuevo la dura realidad: los empresarios peruanos son incapaces de alcanzar la modernidad. Prefieren ser los hacendados de feudos que sólo existen en su imaginación. Pisotean las leyes.

El caso último es lo ocurrido en Famesa Explosivos SAC. ( ¿Se acuerdan de la fábrica cuya explosión se sintió en casi toda Lima hace unos años atrás?'). En dicha empresa más de doscientos trabajadores vienen laborando desde hace años con contratos de un mes. Un mes. Cada fin de mes, los trabajadores renuevan su contrato. ¿Porque? Por que así la empresa destruyó un antiguo sindicato allá por los años 80s. Allí un grupo de valientes, y si pues no es demagogia: valientes trabajadores formaron un sindicato. Se reunieron a escondidas. Lo registraron en el Ministerio. Y al llevar la comunicación a la empresa recibieron un NO. "No te aceptó tu sindicato".

Al día siguiente. Si, al mismo día siguiente de recibir la comunicación del sindicato, la empresa hace una "requisa sorpresa". Y en el casillero del Secretario General Mauro Vargas "encuentran" unos fulminantes/detonadores. Lo que sigue es realmente kafkiano.

Un policía que nunca se identificó, el jefe de seguridad y el gerente de personal detienen al sindicalista y durante dos horas lo encierran en un cuarto, le toman fotos, le impiden hacer llamadas y le dicen: "Mira, con esto te vas ahorita a DINCOTE (Policía antiterrorista) y te encerramos alli de por vida..., claro que para evitarte eso, mejor renuncia a la empresa" La presión fue tanta que firmaron las renuncias, las cuales fueron fechadas un día antes de la comunicación del sindicato. Ja, que hábiles somos -pensó el gerente de recursos humanos.

A pesar de eso, los inicialmente 35 afiliados son ahora más de doscientos. Pero la empresa sigue negándose a reconocer al sindicato. Afortunadamente, el miedo que buscan crear dichos funcionarios no está creciendo. Ahora hay cólera, indignación, rabia y odio. Me dicen que van a hacer un plantón en San Isidro en las oficinas del dueño de la empresa. La CGTP los apoya. Pero cada día que pasa es una preocupación. No es humano ir a trabajar pensando que hoy día te van a hacer la misma trampa, que te van a detener en la puerta para despedirte. Que tendrás que buscar otro empleo.

¿Tan difícil es aceptar un sindicato y sentarse a conversar como iguales? ¿No son estas conductas las que crean violencia y hacen más difícil la coexistencia civilizada? ¿la persona que puso esos explosivos en los casilleros y aquellos que se prestaron para esta farsa, ¿pueden dormir tranquilos en la noche? ¿No hay una conciencia que los despierte y les haga ver el mal que hacen?

Hace mucho tiempo que deje de creer en dios alguno. Pero cada día que pasa me convence que el Mal, así con mayúsculas, sí existe.