22 de agosto de 2008

Un debate permanente: diálogo social y sindicalismo

Nuevamente se va a reunir la Asamblea Nacional de Delegados de la CGTP. Esta es una instancia institucional de nuestra confederal. Como en la cultura sindical peruana la CGTP se ha construido de abajo hacia arriba, conservando el modelo de un sindicato de empresa, predominan las “asambleas” como mecanismos de deliberación. No es la única opción. Pero es la que tenemos en función a nuestra tradición y el contexto de los años 70s cuando se reconfigura la CGTP. En algún momento me gustaría escribir cómo nos afectan estos modelos “asambleistas” en nuestro trabajo.

La presente IV Asamblea tiene en su agenda el balance del paro nacional, la presencia de la CGTP en el Acuerdo Nacional y la preparación de la denominada “Asamblea Nacional de los Pueblos”. Son temas importantes y van a definir parte de la lucha política y social en la coyuntura cercana. Ahora me interesa anotar algunas cosas acerca de la relación entre el sindicalismo y el diálogo social.

Este tema tiene una amplia, muy amplia bibliografía, mucha de la cual esta presente en Internet.

Para nadie es un secreto el debate que tenemos en el movimiento sindical acerca de este tema. El ala más a la izquierda de los sindicalistas (específicamente los compañeros trotskistas y me dicen que algunos albaneses, que aún mantiene una presencia bajo la sombra del recordado Enver Hoxha ¿lo recuerdan?) han venido sosteniendo el retiro de la CGTP de “todos los espacios de diálogo social” tanto por razones “de principio” como por considerar que no se ha obtenido nada de dichos espacios.

Como toda ala –más precisamente alita- izquierda que se respete quiere todo. Retiro del Acuerdo Nacional, Consejo Nacional del Trabajo, del Consejo de la Educación, de las Mesas de Lucha contra la Pobreza, etc. Es decir, la CGTP y sus bases no deben participar en ninguna instancia de diálogo. Personalmente, esto me parece un error completo.

Sin embargo, el debate no se trata simplemente de salir o no salir de dichos espacios. Reducirlo a esto, es perder la perspectiva. Para otro sector, no menos importante, lo central es discutir el rol del diálogo social en las estrategias de lucha sindical. Tengo la impresión que para una buena parte de la vieja generación de sindicalistas, la idea de una cultura de diálogo es inexistente. Crecer bajo el debate ideológico de la guerra fría y de las extensas y apasionadas discusiones dentro de la izquierda y su permanente búsqueda del santo grial, parecen hacer impermeable el razonamiento de algunos viejos dirigentes. Se entiende. Predomina una visión casi maniquea, que privilegia la hegemonía al consenso. Los compañeros trotskistas razonan así: Si mi posición es la correcta, ¿para que vamos a dialogar con los burgueses?

Esto no pasaría del tradicional proceso de entropía que sufren los cuerpos con el paso del tiempo. Lo que complica el panorama es cuando los discursos ultraizquierdistas se articulan a los sectores jóvenes del sindicalismo. Los jóvenes despolitizados, enfrentados a una de las más agresivas ofensivas de la patronal, ven al sindicalismo como una alternativa pragmática, que debe brindar resultados reales, concretos. Razonan asi: Si el acuerdo Nacional no puede defenderme del despido o darme un aumento: ¿Para que sirve?

En lo cual obviamente tienen toda la razón. Los sindicatos no viven de promesas ni canciones, sino de lo que se obtiene…. en la negociación colectiva. Entonces, entre una cultura intolerante de la vieja escuela y el urgente pragmatismo juvenil, los discursos rupturistas de los trotskos cosechan aplausos.

Algunos de los que trabajamos en el movimiento sindical, probalemente nos hemos equivocado en explicar nuestra manera de entender esta situación.

Lo que resulta claro para todos es que enfrentamos una agresiva, feroz, abusiva y prepotente campaña anti sindical en todas las empresas, en todos los sectores, en todo el país. Los empresarios no quieren sindicatos, pero más aún: no quieren negociar colectivamente.

Dos personas pueden conversar horas, días, semanas, años y no llegar a ningún resultado práctico. Pero el hecho de dialogar implica que ambas se reconocen como interlocutores iguales o válidos como se suele decir. Eso es importante para nosotros como sindicato. Más en una sociedad intolerante como la nuestra.

El dialogo social no implica necesariamente lograr acuerdos. Retirarnos del acuerdo porque no sirve, es no entender el rol del dialogo social en una sociedad democrática. Se olvida que la CGTP llega al acuerdo por los niveles de legitimidad democrática que logra al articular la lucha contra la dictadura. Los empresarios, asociados a la mafia fujimorista preferían que la CGTP siga aislada y al margen de la escena oficial.

Y bueno, ahora, la CGTP se va a retirar del acuerdo nacional, sigo pensando que es un error. Los ultras han logrado su primera victoria, es justo reconocerlo. Presionaron, agitaron, gritaron. Muchos trabajadores sindicalistas jóvenes creerán que esta medida los va a beneficiar, que así estamos más cerca de nuestros objetivos. Me parece que los segundos en celebrar el retiro de la CGTP del acuerdo nacional serán los empresarios de la CONFIEP. Los primeros, claro, han sido los trotskistas.

Jugar a un radicalismo estéril y de plazuela nunca ha llevado a buen término al sindicalismo. Confundir los roles políticos y sociales tampoco, hipotecar la autonomía sindical a una estrategia política electoral menos. Insistimos, sólo una estrategia de presión activa en las calles y diálogo con toda la sociedad civil y el estado; basado en la recuperación real de la negociación colectiva puede obtener los resultados reales y concretos que los nuevos trabajadores sindicalizados y no, requieren, aspiran y necesitan.