27 de marzo de 2008

¿Porque levantamos el puño en una marcha?


Hace muchos años, fui a una marcha. Era una de las primeras a la que asistía, por aquella época trabajaba en una fábrica en la Carretera Central. La CGTP había convocado la movilización y yo estaba junto con varios amigos. Con el puño en alto gritábamos las consignas. Juan, un viejo sindicalista, generalmente callado y taciturno, se paseaba a lo largo de la marcha. Subía y bajaba con agilidad, poniendo orden y animando a la gente. Al final de la marcha mis amigos y yo, bajamos por el centro de Lima y nos metimos a un barcito por la Plaza San Martín. Unas cervezas animaron la conversación. Al rato, de casualidad, entraron algunos dirigentes, entre ellos estaba el viejo Juan. Se sentaron en otra mesa y pidieron también cervezas. Nuestro grupo se animaba más mientras hacíamos bromas sobre la marcha, los gritos, el puño cerrado y esas cosas.

Algo de esto debió escuchar el viejo Juan que se acercó a nuestra mesa y sin mediar invitación se sentó con nosotros. -¿Saben ustedes porque levantamos el puño en una marcha?

Nos quedamos en silencio, creo que todos teníamos algo para decir, pero nadie abrió la boca. -Bien, miren, todo empezó así- dijo el viejo Juan y nos contó la siguiente historia:

Hace mucho tiempo, pero mucho tiempo atrás, antes de los cristianos, mucho antes, los romanos mandaban en todo el mundo. Para lograr tal domino necesitaban mucho trabajo, trabajo barato y no hay nada más barato que el trabajo esclavo. Así pues habían muchos esclavos. Seres humanos reducidos a la condición de cosas, de mercancías, que se compran y se venden. Trabajando sin derechos, de sol a sol, hombres, mujeres, niños esclavos. Sumidos en una ignorancia total. Siglos de explotación sin fin.…

-Conforme hablaba su voz se hacia dura, como si estuviera viendo allí mismo a los esclavos en su dolor- Algunos claro, escapaban, vivían escondiéndose y temerosos de ser capturados, pues la pena era la muerte para el esclavo huido. Así, las opciones del esclavo eran simples, una vida sin esperanzas o el temor permanente del que logra escapar para esconderse todo el tiempo. Pero un día, un esclavo cansado ya de tantos abusos y maltratos, decide ser libre. Pero se da cuenta que un esclavo huido no es un hombre libre. –el viejo Juan, se inclina sobre la mesa y lentamente nos dice- Aquí esta lo importante, escuchen bien, el esclavo entiende que para resolver su problema individual debe resolver el problema de todos los esclavos. Para que un esclavo sea libre, todos deben serlo. Es decir, debe acabar la esclavitud. Había que organizar una rebelión.

El viejo se anima y moviendo las manos habla -El esclavo se llamaba Espartaco, era un gladiador así que sabia de tácticas y de combates. Pero los demás esclavos no, vivían en la oscura noche del miedo y la ignorancia. ¿Cómo explicarles a sus hermanos de clase, que debían rebelarse todos juntos? Y entonces a Espartaco se le ocurrió un truco por decirlo así. Reunía a un grupo de esclavos y para explicar su idea le decía a uno: dame tu mano, luego, con fuerza le doblaba un dedo. El esclavo gritaba de dolor y miraba a Espartaco con cara de qué te pasa. Pero luego, le decía, cierra el puño con fuerza. Y cuando el puño estaba cerrado, Espartaco no podía doblar ningún dedo.

Ven -gritaba al grupo-, cuando estamos separados, cada uno por su lado, somos débiles, cualquiera puede doblegarnos, pero si nos unimos todos como un puño, seremos fuertes. La unión hace la fuerza para ser libres” Y la gente sencilla, los esclavos, entendían.

Espartaco, compañeros –nos decía el viejo Juan- fue el primero, un esclavo casi ignorante, fue el primero en descubrir que los oprimidos necesitan unirse, organizarse para ser fuertes. Siglos de explotación por fin tenían una esperanza. Y así, cerrando puños en todas partes organizó un enorme ejército de esclavos. Miles de miles, hombres y mujeres que soñaban con ser libres en un mundo sin esclavitud. No tenían banderas, no tenían estandartes. Eran pobres. Pero iban a la pelea marchando con el puño en alto, pues ese era su símbolo. Espartaco les había dicho: “Mientras vean un puño en alto sabrán que hay un hermano que sigue luchando, que sigue peleando por nuestra libertad”.

Al viejo Juan se le nublan los ojos, su voz se quiebra -Desde entonces compañeros, todos los pobres, los explotados, los oprimidos de todo el mundo levantan el puño y salen a sus batallas, a sus peleas, a sus marchas. Nosotros, los trabajadores también lo hacemos para recordar siempre al esclavo que nos enseñó que la unión es nuestra fuerza.

El viejo Juan hablaba así, y bueno, uno escuchaba y aprendía.