26 de julio de 2007

Con pesimismo....

Desde hace tres meses se desarrolla un periodo de protestas sociales alrededor de diversos temas puntuales y concretos. Los reclamos de trabajadores mineros, de asalariados en las services, las luchas regionales contra la eliminación de exoneraciones o la rebaja de aranceles y los maestros estatales. El actor social más importante en el actual ciclo de protestas ha sido el magisterio nacional. Sin embargo, como sabemos, los profesores estatales se encuentran lamentablemente divididos en dos grupos. Esta situación los debilita de manera importante frente al gobierno que generalmente utiliza estas diferencias para su beneficio.

La huelga magisterial como era de esperarse tenia como objetivo defender un conjunto de reivindicaciones gremiales, entre ellos la estabilidad laboral y contra la privatización de la educación. En este proceso, los grupos en disputa lograron niveles de unidad en la acción muy importantes.

Para la opinión pública, es necesario recordarlo, el Sutep venia debilitado luego de las evaluaciones desarrolladas por el gobierno. En este contexto, la estrategia del gobierno ha sido presentar sus acciones como parte de un proceso de reforma de la educación pública. En este sentido, ayudado por los medios de información logra convencer a la ciudadanía que la necesaria reforma educativa puede reducirse a un tema de evaluaciones de profesores.

Lamentablemente, la estrategia comunicativa del SUTEP no ha logrado derrotar estas imágenes en la población. Aparece el gremio magisterial como carente de una real propuesta educativa y defensor intransigente de la mediocridad en el magisterio. Esto ha contribuido a que a pesar de la contundencia de las movilizaciones en Lima y provincias, la simpatía de la ciudadanía por la lucha de los profesores sea demasiado tibia.

El gobierno por su parte, ha demostrado mucha fuerza en el enfrentamiento de las protestas sociales. La promulgación inconsulta de la Ley de Carrera Magisterial ha significado un duro golpe para el SUTEP y los sindicalistas, más aún cuando se realizó el mismo día que la Jornada Nacional de Lucha convocada pro la CGTP y apoyada por muchos gremios así como organizaciones sociales y partidarias. Hace muchos años que no se detenían dirigentes sindicales por el simple hecho de realizar protestas gremiales.











Algunos quieren pensar que estamos en los 70s pero no es así



En este contexto, la CGTP ha demostrado su sentido de la oportunidad al convocar a dicha Jornada que en cuanto a capacidad de convocatoria tuvo resultados mayores a los esperados.

En la actualidad esta declinando el ciclo de protestas iniciado hace unos meses atrás. Es el momento de hacer algunos balances y sacar las lecciones adecuadas:

a.- Si bien hay reclamos y protestas de diferente dimensión, no existe un eje articulador aún. Los reclamos en las regiones aluden a reivindicaciones concretas y precisas sobre aranceles, exoneraciones y precios del combustible o el pan. En ese sentido, no necesariamente expresan un rechazo político al modelo económico.

b.- Muchas de las protestas y su radicalidad se explican por la ausencia de intermediaciones políticas e institucionales. Es decir, la falta de canales formales para procesar los reclamos por un lado y la debilidad de la izquierda para convertir dichas necesidades en intereses políticos permiten que las protestas terminen apareciendo como expresión de multitudes desorganizadas. Por eso resultan ajenas y extrañas para los sectores movilizados, las denuncias del presidente y sus voceros señalando las protestas como obra de comunistas y subversivos. El gobierno sabe que dar una carga ideológica a una protesta económica o social es una manera de confundirla y desmovilizarla.

c.- La CGTP ha demostrado capacidad de representación social de los asalariados urbanos y una amplia legitimidad como vocero de la protesta social. Sin embargo, la capacidad real para conducir dicho proceso es aún muy débil por la precariedad de la propia central en cuanto a disposición de cuadros, recursos materiales y estructura de comunicaciones.

d.- Como toda “ola de protestas”, la presente ha desarrollado un ciclo de gestación, crecimiento, y declive. El punto más alto de la protesta fue la Jornada Nacional de Lucha del 11 de Julio. Para la CGTP es importante señalar que la Jornada permitió -en el caso de Lima-, demostrar la renovación sindical en curso, con la presencia de sindicatos jóvenes y sindicalistas jóvenes.

e.- La estrategia del Gobierno para enfrentar este ciclo de protestas ha sido la de una férrea resistencia y soberbia provocación. El Gobierno era consciente de la pluralidad de necesidad y reclamos en las protestas y las dificultades de articular todas ellas alrededor de un único eje político social. Ahora el APRA sabe que su alianza con los sectores empresariales y neoliberales no puede sostenerse en un escenario de libertades democráticas.

f.- Por lo cual, el gobierno avanza hacia un modelo de autoritarismo que pretende evitar la confluencia de protestas sociales, mediante el miedo, y la satanización de los líderes sociales y políticos.

g.- La alianza entre empresarios, fuerzas armadas, medios de comunicación y el gobierno, que tiene como objetivo mantener la política económica neoliberal, goza aún de un considerable poder. Si bien las encuestas empiezan a registrar un descenso en los índices de aprobación gubernamental, no debemos asumir apresuradamente como estos indicadores como la expresión de una madurez política. El problema sigue siendo la ausencia de un actor político que canalice el descontento social.

h.- La articulación de una oposición real al gobierno, que busque derrotar su política neoliberal es una tarea para los partidos políticos de izquierda. La debilidad o desidia de los mismos no puede resolverse mediante la salida simplista de pedirle a la CGTP que les haga la tarea.

i.- La presencia de grupos radicales y minoritarios dentro de los sectores populares es parte el proceso de desarrollo de la conciencia de clase. Sin embargo, su discurso radical generalmente tiende al voluntarismo y aventurerismo, lo cual contradice la práctica sindical de clase.

En este sentido, sostener que nos encontramos en una situación adecuada para desarrollar un “paro nacional” de manera exitosa es aún prematuro. La huelga magisterial, debemos ser sinceros en reconocer, no ha alcanzado sus objetivos. La división en el magisterio no se ha resuelto y contrariamente, Huaynalaya y sus seguidores han salido fortalecidos de este proceso.

Las luchas regionales responden a otra lógica y no cuestionan el modelo económico. Los sindicalistas en capacidad de paralizar sus labores y afectar significativamente la producción nacional, aún son minoría. En este sentido, no existen aún las condiciones para un paro nacional exitoso.